Relatos de terror de tumbas más visitadas del Cementerio Norte

Viernes, 19 de Mayo de 2017 11:21

Los mitos más sombríos entre los pasillos del Cementerio del Norte



El Cementerio del Norte es uno de los más importantes y tradicionales de Tucumán. Más allá del valor arquitectónico de sus monumentos, es conocido por albergar no solo los restos de personajes prominentes de la provincia, sino también por sus "tumbas milagreras", aquellas donde sucedieron cosas inexplicables.

Son fácilmente identificables por las diversas ofrendas que se dejan sobre ellas: las tradicionales flores y velas se entremezclan con imágenes de santos (muchas veces sin cabeza), prendas de distinto tipo, crucifijos, medallas, pulseras y adornos varios, etc., además de ofrecimientos ligados a los favores que se supone estos difuntos otorgan. Son signos de la devoción popular, que no siempre va de la mano con la creencia católica de la que deriva y a la que se empeña en enriquecer.

Conocé las historias de las tres tumbas más visitadas del lugar:

Pedrito Hallao:

El 29 de junio de 1948 el sereno del Cementerio Norte de la ciudad de San Miguel de Tucumán encontró un recién nacido tirado en el suelo que agonizaba a causa del frío y de las innumerables picaduras de hormigas.


Durante la noche el hombre había creído escuchar gemidos pero pensó que se trataba de algún "ánima" que rondaba entre las tumbas. Fue bautizado en la capilla del Cementerio con el nombre de Pedro (el 29 es el día de San Pedro y San Pablo) y de apellido Hallao por hallado (encontrado) y, al morir, fue enterrado en el lugar.

Algunos afirmaban que Pedrito vestía ropa cara, lo que demostraría que la madre era una persona rica. Poco a poco los vecinos fueron visitando su tumba y dejando ofrendas. Las autoridades del cementerio le levantaron un monumento.



















La Brasilera

Esta leyenda tiene su origen en Tucumán y no se conoce el verdadero nombre del personaje. Habría dos versiones de su historia. La primera dice que llegada de Brasil se afinca en las proximidades del cementerio ganándose el pan con el oficio de rezadora. Era muy popular entre la gente. El día que murió su madre y le tocó rezar sobre su tumba, la pena habría sido tan grande que cayó desvanecida sobre las velas encendidas y murió quemada.

La segunda versión, la vincula con el rito de mutilar santos, la describe como una mujer viciosa y amiga de las brujerías que se habría dedicado al curanderismo y la magia negra. Los bailes eran su locura y también la bebida y en una parranda ardió por castigo del cielo, ya que se cree que los ebrios crónicos son castigados con la combustión espontánea. Los santos serían mutilados por no cumplir con los pedidos de sus creyentes.

Su tumba está en el Cementerio Norte de Tucumán y sobre ella, en forma desordenada hay flores artificiales, un pesebre, ropa, etc. Algo característico es que le llevan imágenes de santos venerados por la Iglesia y Cristos o cruces mutilados o atados.

Andrés Bazán Frías

Andrés "El Manco" Bazán Frías pasó de ser leyenda a devoción: todavía hoy, a más de 70 años de su trágica muerte, recibe ofrendas en su tumba del Cementerio del Norte, en Tucumán.

Fugado de la cárcel, fue perseguido por una partida policial y asesinado de un balazo en el cuello, cuando intentaba saltar el muro de un cementerio: en ese preciso lugar donde murió, junto al paredón, se constituyó un verdadero sitio de culto, a pesar de que sus restos descansan en otro lugar.

Una crónica periodística se refiere a la mitificación de Bazán Frías:"Dicen que el alma de una víctima (el agente José Figueroa, a quien Bazán Frías mató tras cometer un robo) lo detuvo cuando intentaba brincar sobre las tumbas, impidiéndole saltar (...)(para escapar de la justicia)"

"Pero la superstición iba a endiosarlo de una manera increíble (...) En los bolsillos de "El Manco" se hallaron un crucifijo, medalla y escapulario, varias llaves ganzúas, 50 centavos y la orden del día con su orden de captura.

Eso fue más que suficiente para consagrar la mitificación que vino después y que aún trae a centenares de personas hasta su mausoleo, recargado de ofrendas (...) Poco a poco, su biografía fue cambiando: para la gente sencilla, "El Manco" fue un pobre hombre vuelto malo por la policía brava de esa época. Nadie recuerda ya sus fechorías ni sus crímenes. Hasta su prontuario ha desaparecido de la jefatura. Un buen día ardió, junto con los de otros no menos célebres delincuentes (..) El tiempo y el fuego parecen haber purificado el ‘ánima’ de Andrés Bazán Frías. Es uno de los ídolos más impactantes del Tucumán misterioso".



Fuente: http://veamosunademiedo.blogspot.com.ar/2013/03/tumbas-milagreras-del-cementerio-del.html