El sorprendente boom de las bicicletas: ventas en ascenso y bicicleteros con mucho trabajo

Viernes, 04 de Septiembre de 2020 10:21

En invierno se dispararon las ventas y los pedidos y las órdenes de reparación. La mayoría de los bicicleteros no da abasto.



Hoy,  arreglar o comprar una bicicleta implica una acción por encima de cualquier otra y esa acción es esperar.

Esperar 15 días por un turno de reparación.

Esperar un mes para la entrega de una bicicleta recién comprada.

Esperar a que del otro lado de la línea alguien atienda, después de llamar y llamar, con una insistencia más cercana a la locura que a la realización de una consulta.

“Las vías de comunicación están colapsadas. Tuvimos que contratar una empresa para que responda los mensajes que llegan a través de WhatsApp e Instagram. La demanda explotó y es por el corona”, cuenta Martín Villalba, dueño de Bici Urbana.

Para él, la asociación es obvia: el pico de ventas de bicicletas está vinculado al brote de COVID-19.

“Desde que se habilitó el regreso a la actividad, trabajamos pero a puertas cerradas, con entregas programadas. Así y todo no damos abasto”, dice con el teléfono pegado al oído, dentro su local de la calle Sucre al 2300, en Belgrano. A su alrededor, hay bicicletas colgadas, bicicletas apoyadas en el piso, bicicletas para chicos, bicicletas para adultos y estantes llenos de cascos, luces, timbres, candados y asientos. También hay diez personas trabajando. “Además de tercerizar la respuesta en redes sociales -dice- sumé empleados para el armado de bicis”.

La demanda en su local está concentrada en la venta y los canales de compra son tres: página web, redes sociales y líneas telefónicas. 



En tiempos de pandemia, la mayoría de sus clientes son nuevos y jóvenes. Tienen entre 24 y 36 años, según la segmentación que le informa Instagram, donde suma 33.500 seguidores. Y son mujeres y hombres que se vuelcan a la bicicleta porque tienen una necesidad de traslado.

“La gente se está preparando para viajar al trabajo. En los llamados, en los mensajes en las redes, en los comentarios que dejan en Youtube o en los chats de WhatsApp nos repiten esa necesidad. Son personas que no tenían bicicleta y están reemplazando, o van a reemplazar, su anterior medio de transporte -auto, colectivo o subte- por la bici”.

Los recién llegados a la bicicleta son cada vez más y la vidriera para atraerlos, en el caso de Martín Villalba, es únicamente virtual. “El cambio fue abrupto. Pasamos de tener el 90% de las ventas concentradas en nuestro local a hacer todo en forma electrónica. Hicimos un giro rápido y decidimos no abrir para no exponernos al virus, y así evitar, en la medida de lo posible, contagios que corten la cadena de trabajo”, dice y compensa: “Pero no nos hubiéramos podido sostener sin una estructura previa de cobro digital y una comunidad de usuarios en redes”.

Desde el 20 marzo, cuando el presidente Alberto Fernández decretó el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, Martín Villalba genera contenido en videos, sube uno por día.

“Como la gente no puede venir al local a hablar con nosotros, como lo hacía antes, abrí el diálogo a través de las redes”.

En esas transmisiones en vivo describe modelos de bicicletas, explica cómo limpiarlas, habla sobre cubiertas, masas, llaves, rayos, piñones; también, baila y le pide paciencia a quienes todavía esperan por su bicicleta.

El coronavirus disparó la demanda en la Ciudad de Buenos Aires, pero también en el mundo. A su vez, el aumento en la compra de bicicletas y en la necesidad de repararlas llegó en medio de un faltante global de piezas y producción. “China paró dos meses y eso frenó todo. Además no sólo la gente de acá ve en la bici una alternativa segura para moverse, lo mismo pasa en muchas ciudades del exterior”, dice Villalba. Él también lleva meses escuchando “esperá”.

Es miércoles y gran parte del día lo dedicó a conseguir aros (la parte redonda de la rueda). “Uno de mis proveedores me dijo ‘Mirá Tincho, no tengo más, hasta 15 días seguro no tengo y no sé cuándo van a entrar’”, dice, se ríe y agradece que, en términos generales, la crecida lo encontró con stock.

Los bicicleteros de la Ciudad de Buenos Aires están comunicados a través de un grupo de WhatsApp. Ahí la falta de repuestos y la acumulación de trabajo son conversaciones cotidianas. “Con los faltantes nos ayudamos, intercambiamos o avisamos qué proveedor tiene.

Respecto a cómo enfrentar este pico, ninguno tiene una solución. Algunos están trabajando con turnos, otros con horario partido. Pero al cerrar el local, la carga sigue. Hay que armar presupuestos, contestar mensajes y hacer las reparaciones. Algunos días directamente no prendo el celular porque no llego”, dice Agustín Oeyen, dueño de Bike Doctor, en Fragata Sarmiento 966, en Caballito. En su caso, implementó la estrategia de organizar las reparaciones en turnos. El primero que tiene habilitado es el 15 de septiembre.

A principio de agosto, la demanda fue tanta que abrió su computadora, entró a Facebook y escribió: “Queridos clientes, me veo obligado a suspender la atención al público en el local hasta el día sábado. Los proveedores están con demoras en las entregas de 30 días y otros están cerrados por cuarentena, por lo que no tengo reposición de repuestos y mercadería para tener disponible para la venta. Por otro lado, cada semana vienen la misma cantidad de clientes que antes venían en un mes y se me fue acumulando trabajo, en estos días me voy a abocar a ponerme al día y conseguir repuestos para poder terminar esas reparaciones. La semana que viene retomaré la atención al público con horario reducido y con turnos hasta que se vaya definiendo la situación. Es algo momentáneo y que escapa a mi voluntad, les pido paciencia y disculpas. Muchas gracias”.

 


Para Agustín Oeyen el crecimiento se dio por distintos factores, pero uno preponderante: la limitación del uso del transporte público a trabajadores esenciales. La medida, que persigue disminuir la aglomeración de personas en trenes, colectivos y subtes, dejó a una masa de empleados exceptuados -pero no esenciales- sin medio para desplazarse.

“Desde que se impuso esa exclusividad, se acercaron trabajadores de industrias del barrio. En un momento, por ejemplo, empezaron a llegar operarios de un depósito de la zona. El dueño de la empresa les había dado plata a cada uno para comprar una bicicleta”. Lo mismo ocurrió después con empleados de un laboratorio. Entre sus clientes nuevos también hay esenciales: “Muchos trabajadores de la salud que optan por la bici para evitar el transporte”.

La bicicleta vista como una solución de movilidad se ve en los locales del sector, en las calles y en los números. De acuerdo a una encuesta hecha entre los socios de la Cámara Argentina de Comercio e Industria de Bicicletas (COMMBI), el crecimiento durante este invierno fue del 50%, comparado a la misma temporada de 2019. “En marzo la cuarentena cortó la actividad. Abril fue desastroso. Pero las ventas de junio, julio y agosto compensaron la pérdida anterior”, dice Esteban Freier, presidente de COMMBI.

Hoy los integrantes de la Cámara impulsan tres reclamos. Por un lado, insisten en que desde los gobiernos, tanto a nivel local como nacional, se deje de observar la situación de demanda como un fenómeno excepcional, sino como una situación que se mantendrá en el futuro, con el regreso paulatino de las personas a sus empleos.

En segundo lugar, demandan regulaciones e infraestructura. “En el transporte nacional hay muy poco entendimiento de lo que es la bicicleta y la cultura vial es muy baja, en especial en lo que refiere a este vehículo. Eso debe cambiar para volver a la bicicleta un medio seguro que no le compita al auto”, dice Freier.

Por último, piden mejoras en el abastecimiento de productos. En la actualidad, la mayor parte de los componentes de una bicicleta son importados y la manera para acceder a ellos, según califican, es burocrática y sin certezas de recepción. “La industria tiene capacidad de crecer. Hay muchas empresas y una alta especialización en distintos segmentos, pero ahora requerimos de partes, sin partes no hay bicis”, cie
rra. /Clarín