Un millón de casos de Covid-19 en Argentina: estiman que hay seis veces más infectados

Lunes, 19 de Octubre de 2020 13:56

Atención de pacientes de coronavirus en el sanatorio Güemes, en la ciudad de Buenos Aires. Foto: Luciano Thieberger



Hay dos formas de empezar esta nota: "Argentina acumuló un millón de confirmados de coronavirus" o "Argentina acumuló su primer millón de confirmados de coronavirus". Por un lado, nada indica que la pandemia esté por terminar, en especial cuando las muertes -al cierre de esta nota, más de 26.000- no aflojan. A la vez, si algo se puede pasar en limpio tras 7 meses de cuarentena es que el millón que motiva estas líneas (cifra que se alcanzará oficialmente tras el parte de este lunes) es simbólico. Representa unos 6 millones de infectados reales de coronavirus.

Las preguntas de esta radiografía de la pandemia son incómodas. Qué se hizo, por qué no alcanzó y por qué no se admite de una vez que, dejando de lado las muertes adicionales que hubiera dejado un colapso sanitario (sin dudas evitado, y con mucho esfuerzo), a la larga, sin una vacuna salvadora, por más que se haya ensanchado y amesetado la curva de contagios, el saldo será similar al obtenido con la epidemia "clásica" de pico alto.

Parece que, o primó esa dificultad -casi genética- para revertir con sabiduría y previsión escenarios adversos (hoy, la pandemia) o, en cambio, hubo algún tipo de malentendido. Es decir que mientras las autoridades se autoimponían la urgencia de robustecer el sistema de salud para evitar más muertes (además de las del Covid), por alguna razón nosotros confundimos la intención y elevamos la expectativa: creímos que además se frenarían, en serio, los contagios.

¿O fue contradictorio el mensaje?

Área de cuidados intensivos con un paciente de Covid-19, en el hospital Evita de Lanús. Foto Guillermo Rodríguez Adami
Área de cuidados intensivos con un paciente de Covid-19, en el hospital Evita de Lanús. Foto Guillermo Rodríguez Adami


Lo anterior fue conversado con infectólogos, epidemiólogos y matemáticos que siguen la pandemia con obsesión. El diagnóstico fue unánime: 1) El objetivo máximo fue evitar el desborde del sistema de salud. 2) Eso fue muy importante y se logró. 3) Otras estrategias como el plan DetectAr fueron y son insuficientes, o demasiado desparejas entre jurisdicciones. Y, 4) a pesar de algunos inentendibles traspiés en el conteo de los tests, básicamente se testea muy poco en comparación a otros países, aunque no hay consenso sobre si es falta de recursos o qué.

Con 52.372 tests por millón de habitantes, el sitio Worldometers nos ubica 121° sobre 216 países, vergonzosamente debajo de Chile (48°), Perú (73°), Colombia (94°), Brasil (96°), Uruguay (100°) y Venezuela (102°).

Operativo DetectAr, en busca de casos de coronavirus, en el barrio porteño de Palermo. Foto: Luciano Thieberger
Operativo DetectAr, en busca de casos de coronavirus, en el barrio porteño de Palermo. Foto: Luciano Thieberger


Como resumió Esteban Ortiz Ospina, investigador asociado de la Universidad de Oxford, Inglaterra, y una de las cabezas de Our World in Data (OWID), “la brecha entre infecciones estimadas y casos confirmados de Argentina es en gran medida resultado del testeo insuficiente".


Uno a seis

Entre médicos y opinadores de todos los signos políticos suele haber consenso en que “la primera cuarentena estuvo bien y sirvió”. La medida llevó a rallentar los contagios y a que Argentina edificara cierta reputación internacional.

Pero todo se desmoronó con la prolongación del ASPO, sin un freno real de los contagios, que cuando bajan acá, aumentan allá. Así ganaron el “para qué” y el “bueno, basta”, y el resultado fue una caída al puesto 200° en la tasa de infectados, casi 2.200 por cada 100.000 habitantes (ojo, contando el millón de infectados y no los 6 millones reales).

Por cierto, ¿cómo se calculan esos 6 millones de contagiados? Al menos dos papers nacionales (pendientes de revisión por pares) focalizan en esto.

Máscaras improvisadas, en la cuarentena prolongada por la pandemia de coronavirus. Foto Juan Manuel Foglia
Máscaras improvisadas, en la cuarentena prolongada por la pandemia de coronavirus. Foto Juan Manuel Foglia


Uno se difundió en julio y tiene entre sus autores a la reconocida viróloga Andrea Gamarnik y al ministro de Salud porteño, Fernán Quirós. Se titula Encuesta de Seroprevalencia de SARS-CoV-2 a nivel comunitario en habitantes de barrios marginales urbanos de la ciudad de Buenos Aires, Argentina: una investigación participativa y ahonda en la seroprevalencia de las villas porteñas, donde, estiman, la relación confirmados/infectados fue de 1 a 10.

El otro, de septiembre (Estimación del número real de casos de COVID-19 del análisis de muertes), es un trabajo de los químicos e investigadores del Conicet Roberto Etchenique y Rodrigo Quiroga. En base al IFR (sigla en inglés de la tasa de fatalidad por infección) de España, realizaron una “curaduría” para dotar ese cálculo de los adecuados matices locales, y de ahí salió la hipótesis de que por cada Covid confirmado hay entre 6 a 10 infectados reales, según la provincia. En el AMBA oscilaría entre 6 y 8 veces.

El cálculo contempla diferencias por decil etario: más joven es la persona que fallece, más infectados tiene asociados. "La brecha revela no solo el gran porcentaje de asintomáticos sino la predisposición de la gente para acudir al sistema de salud, si sus síntomas son leves", explicaron a Clarín.

La reapertura de Villa Azul, en medio de la pandemia de coronavirus. Foto: Luciano Thieberger
La reapertura de Villa Azul, en medio de la pandemia de coronavirus. Foto: Luciano Thieberger


Como además los dispositivos de búsqueda de infectados son tibios, la positividad de los testeos es muy alta. Si bien en los últimos días bajó de más del 60% al 43% (producto de una oportuna corrección estadística del Ministerio de Salud de la cual Clarín había advertido), la OMS recomienda que no supere el 10%. No faltarán camas, pero en la dinámica pandémica este es otro desborde.


Vectores en danza

Como se evitó el colapso, la cuarentena sigue y la pandemia no afloja, la discusión se corrió estérilmente al absurdo de si la población debería guardarse eternamente o dejarse contagiar.

Mientras, el virus corre a sus anchas por vectores mayormente asintomáticos y con baja tasa de mortalidad: chicos, jóvenes y adultos (de 0 a 60 años) que condensan el 85% de los infectados en el país, salen a las calles, igual que el mosquito aedes cuando transporta dengue...

Escenas de abril, en Morón, cuando adultos mayores se amontonaban sin distanciamiento social frente a los bancos. Foto Juan Manuel Foglia
Escenas de abril, en Morón, cuando adultos mayores se amontonaban sin distanciamiento social frente a los bancos. Foto Juan Manuel Foglia


Jorge Aliaga, físico investigador del Conicet, ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas (UBA) y un intelectual respetado entre quienes “llevan” las cifras del Covid, se mostró preocupado por la reciente vuelta a clases: “Sin medidas certeras de rastreo de contactos estrechos, si se abren las escuelas donde hay transmisión comunitaria, los vectores pasarán a ser los más chicos”.

El mayor riesgo lo corren los adultos mayores y las personas con comorbilidades, el otro 15%. Muchos jamás se quitan el barbijo, pero vendrá el calor... y además, al menos en el AMBA, la sensación del “ya fue”, de no mediar campañas de comunicación adecuadas, terminará dominándolo todo.

Reapertura de los shoppings en la pandemia de Covid-19, bajo un estricto protocolo. Foto Juano Tesone
Reapertura de los shoppings en la pandemia de Covid-19, bajo un estricto protocolo. Foto Juano Tesone


¿Muertes en alza?

Resta dedicar unas líneas a la preocupante metamorfosis del ítem "muertes por coronavirus".

Ortiz Ospina resumió lo que ya vino informando Clarín: “En Argentina, los números de muertos son similares a Colombia, en proporción a la población, e inferiores a los de Chile, Brasil o México. Pero lo preocupante hoy no es el acumulado sino la velocidad de crecimiento de muertes confirmadas en las últimas semanas”.

¿Alguien recuerda a Martín Varsavsky, empresario argentino que desde España provocó con su anticuarentenismo adelantado y la certeza de que solo había aislar a los adultos mayores?

“La verdad es que en la práctica terminó pasando exactamente eso”, evaluó Aliaga, y concluyó: “Si solo se regula el ritmo de los contagios, el pico se ensancha. Pero las infecciones no bajan; solo se distribuyen en un lapso mayor. Evitaste las muertes por un colapso, pero las flexibilizaciones de la cuarentena, sin otra medida adicional, son una ramita al fuego. No tenés un incendio descontrolado, pero la llama sigue encendida". /Clarín