Cadete de Pedidos Ya se refirió a los maltratos que reciben en Tucumán

Miércoles, 09 de Junio de 2021 23:30

Las imágenes en una sanguchería tucumana que se viralizaron duran apenas 23 segundos, pero esconden lo que por primera vez se hace público y nadie se había animado a revelar.



El video dura apenas 23 segundos y esconde un mundo: es mucho más que la pelea entre el encargado de la sanguchería llamada Chacho y un cadete de PedidosYa: “Ya está, don Luis, ya está”, le suplica un propio empleado de la sanguchería al encargado mientras las piñas vuelan, las sillas vacías crujen y los dos contendientes, finalmente, caen.

Pese a la duración del video, las imágenes generan indignación entre los compañeros del cadete caído. Uno de sus compañeros, esta noche, rompió el silencio sobre lo sucedido, pero sobre todo habla de la historia que une a muchos de los 700 cadetes de PedidosYa que trabajan en Tucumán.

“Cuando vi el video de lo que le pasó a mi compañero, lo primero que sentí fue indignación. Mi compañero está bien: al ser parte de un video viral pide que no lo corran. El problema acá es que el dueño de Chacho cree que somos cadetes de él, no de PedidosYa. Y hay más que el video: estamos cansados, vivimos denigrados por muchos bares”.

“En Chacho, por ejemplo, el cadete entra al salón, dice ‘Buenas noches’, y el encargado te responde de mala manera: ‘¿Qué pedidos tenés?’ Vive faltando el respeto. Todo el mundo lo sabe. Cuando le decís: ‘No me falte el respeto’, pasa lo que pasa en el video. Una situación común que se da es que, mientras esperás el pedido de un cliente, en la aplicación entra otro pedido de otro cliente, pero te responde: ‘No, vos llevá ese pedido ahora, después el otro’. Cree que trabajamos para él”.

La situación que denuncia el cadete de PedidosYa, asegura, no es nueva: “En muchos bares nos tratan así, principalmente en las cervecerías o en los buenos restoranes, donde hay gente de buena posición económica. Tenemos prohibido el ingreso al salón donde están las mesas o adonde están los cajeros. Ellos salen afuera, te miran de reojo y te dicen: ‘Ya los vamos a llamar cuando esté el pedido’. O te atienden por la cocina: no podés tener contacto con nadie, como si fuéramos no sé qué cosa”.

“En los únicos locales donde nos tratan bien son en las hamburgueserías como Mostaza, McDonalds y Burger King, en Il Postino y en La Pizzada de la 24 y en la de la Santiago. También en El conejo loco nos dejan pasar al baño, o nos convidan agua cuando hace calor. El resto de los bares, no. Muchos dueños o encargados olvidan que si la mayoría de los bares siguen funcionando es gracias a nosotros, que los dejamos bien parados, que trabajamos cuando nadie lo hacía, cuando empezó la pandemia”.

“Tenemos un trabajo donde, ante un maltrato o una situación incómoda, no te podemos contestar. A través de la app te comentan, te critican, la empresa nos pregunta qué pasó, y un día sufrís una suspensión de 48 horas: la app que utilizamos queda bloqueada y por una demora de un restorán o un enojo de un cliente nos quedábamos sin trabajar. Cuando se terminó la fase 1 y comenzaron las flexibilizaciones, se mermó la demanda: hemos empezado a quedar con muy poco trabajo. Los propios bares pusieron sus cadetes”, explica el joven.

“La Gaceta, hace 3 meses, puso que los cadetes de PedidosYa éramos los mejores pagos: nada más alejado de la realidad. Ganamos un promedio de 80 pesos por viaje: en turnos de tres horas podemos llegar a hacer a lo sumo ocho viajes. Por eso muchas veces nos ven desesperados por llegar. Pero la realidad es que la nafta sube a 100 pesos el litro, los repuestos de la moto suben, pagás 4 mil pesos de monotributo, y si querés crecer el Gobierno no te deja crecer: nos agarra con la Afip”.

Otra situación que se intuye, pero que por primera vez se hace pública es la inseguridad: “Hay zonas que son muy complicadas. Te hacen un pedido en la Paso de los Andes 1030, en la Pueyrredón al 300 y a veces tocás el timbre y no te abren. O hacen pedidos falsos. Te cansás de esperar y les ha pasado a compañeros de que les robaran la moto: ahí, cuando te roban la moto, se ve el compañerismo de los cadetes. Se hace el famoso rescate: cada cadete pone 100 pesos o lo que puede para ayudarnos a recuperar la moto. Para nosotros, la moto es la vida. Acá en Tucumán una moto en contado cuesta, la más barata, 80 mil pesos, pero con tarjeta se va a 200 mil pesos”.

“Muchas personas que lean esta nota dirán por qué no nos manifestamos y la verdad es que es porque no queremos quedarnos sin trabajo, no queremos quedar como quilomberos, o como salvajes. Es un trabajo que te estresa mucho, no sabés si vas a volver a tu casa a ver a tus hijos: muchas veces nos pasa que llegás al local a las 10 de la noche, a las 10.20 tenés que esperar el pedido, ponés retirado, y ahí te sale el tiempo que tenés para entregarle: 10.40. Y si te demorás 10 minutos, el cliente cancela el pedido. Muchas veces el cliente piensa que yo estoy cocinando: ¿qué más quisiera yo que estar en la cocina, que salga el pedido rápido y poder hacer más entregas?” 

De propinas, ni hablar: “El que menos tiene es el que más te da, como siempre: 30 pesos capaz. En los countries es tremendo: te piden las monedas de vuelta. Vas a Las Yungas o a Cielo Azul y les terminás dando vos el billete de diez pesos. Hay bares donde no podés ni tocarles la puerta: vas a Lol, te vas a Pizzería popular, o al mismo Craft de la 25 y los encargados te tratan desde la calle. Pero lo que más duele es cuando la gente te maltrata, que por supuesto no es toda. Esa es la impotencia que sentimos: estamos trabajando, no somos choros, estamos trabajando para brindar lo mejor de nosotros y por eso trabajamos, pero no nos traten mal, piensen que somos personas que lo único que queremos es llevar lo mejor a nuestras casas”. /eltucumano