El menor autor de un brutal crimen se droga desde los 13 años y vive en la calle, abandonado por su familia

Viernes, 17 de Septiembre de 2021 08:56

ESCENA DEL CRIMEN. Peritos revisan el lugar donde se produjo el asesinato, cometido por un menor de 16 años.



El crimen de un joven ocurrido el fin de semana en villa Mariano Moreno, a manos de un adolescente, desnudó una dura historia de abandono familiar y por parte de un Estado ausente, incapaz de asistir a quienes aún en la niñez, rodeados de pobreza y sin la contención de un grupo familiar, caen en el abismo de las drogas.

Franco Manuel Aballar, de 21 años, murió en el acto el lunes a la madrugada tras recibir un disparo de tumbera en el pecho cuando salía de una fiesta en compañía de su novia, Micaela Menseguez.

La pareja fue interceptada por Luis “El Mono” Soria y un adolescente de 16 años, que fue quien efectuó el disparo con el arma de fabricación casera que le entregó su cómplice.

Todos estos datos, obtenidos en base al testimonio de la joven, fueron expuestos en la audiencia por la auxiliar fiscal Luz Becerra, quien bajo las órdenes del fiscal Ignacio López Bustos, acusó al chico de 16 años de homicidio agravado y al “Mono” de partícipe necesario.

Allí también se ventilaron detalles de la vida del menor. M, como se lo identificó, comenzó a tener problemas con las drogas a los 13 años, edad a la que comenzó un duro peregrinaje por diversas instituciones en las que nada pudieron hacer para revertir el cuadro.

Cuando tenía 15 años, su madre acudió al fuero civil por ayuda, logrando que fuera internado en el hospital Obarrio, desde donde tras una mejoría fue derivado al hogar Belgrano, de donde se fugó como después.

De vuelta en la calle, encontró refugio en la casa de una tal “Mocha” una vecina que según el expediente, fue señalada por sus conocidos como la encargada de un local de venta de droga al menudeo en Las Talitas.

M. alternaba entre esa casa y la de su familia, donde era permanentemente rechazado por su madre, quien solía acudir a la Policía para que lo obliguen a retirarse del lugar argumentando que, por su adicción a las drogas, le resultaba imposible controlarlo.

En esas condiciones, el menor logró desarrollar mecanismos de supervivencia, pero nunca pudo salir de sus adicciones, que se agravaron hasta derivar en conductas autoagresivas.

Todo este derrotero derivó finalmente en su incursión en la delincuencia, acusado de un crimen por el que el juez de menores Federico Moeykens dictó medidas de coerción y le ordenó a la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia que haga lo necesario para que sea asistido por profesionales.

Del otro lado, los deudos del joven asesinado, que esperaban que el autor material del crimen termine tras las rejas, se preguntaron si cualquier persona puede matar y salir en libertad por el sólo hecho de consumir drogas, pregunta para la que el juez admitió no tener una respuesta.