Un tucumano batió récord de maratón con zapatillas prestadas y sueña con llegar a los Juegos Olímpicos

Martes 27 de Febrero de 2024, 13:31

Pedro Luis Gómez batió su marca personal en Sevilla y apunta a clasificar a París 2024



El mundo del deporte acostumbra a contar con historias fantásticas, que nunca dejan de sorprender. En este caso, el protagonista de la semana fue el tucumano Pedro Luis Gómez, quien viajó a España a participar del maratón de Sevilla e hizo historia a pesar de varias dificultades.

El atleta debió cruzar el continente sin ningún tipo de ayuda económica, tuvo que pedir prestadas unas zapatillas a un amigo y, aún así, rompió su récord personal en la disciplina. Recorrió los 42.195 metros en 2h10m39 (logrando bajar 2m49) y, de esa manera, permanece cuarto en el ranking nacional histórico de la distancia.

“En Argentina, salvo el caso del fútbol, el resto de los deportes son amateurs, por lo que hay que costear los gastos a cuenta propia. Personalmente, no me puedo avocar cien por ciento a la maratón porque tengo que hacer otros trabajos para ganarme la vida”, introdujo el atleta en una entrevista realizada en el programa de televisión con LA GACETA Play en su regreso al país.

En el ámbito del atletismo, la compra de calzado especial para la disciplina es un gasto recurrente. Según Gómez, unas zapatillas ideales para competir cuestan alrededor de 300 dólares y deben ser renovadas tras ciertos kilómetros de uso.

“Arrancó como una broma, pero terminó siendo una situación real. Yo ya había gastado el dinero para el viaje y costear todo lo que tenía que hacer allá, por lo que no me daba para comprar las zapatillas, así que un amigo me pudo ayudar”, narró el tucumano. Luego, explicó: “cada segundo cuenta; y para lograr esa performance uno tiene que ir con lo mejor. Si bien yo tengo un calzado similar, la idea era ir con algo de menos uso para que pueda cumplir la función que uno necesita”.

A pesar de que las zapatillas le quedaban un talle más grande, Gómez hizo una carrera histórica y logró seguir sumando puntos para la clasificación a los JJ.OO. En ese sentido, con el objetivo de revalidar el campeonato del año pasado, viajará a la maratón de La Pampa para acercarse un poco más a París. “La idea es salir a buscar el título y hacer una buena marca para sumar puntos en el ranking mundial”, concluyó el atleta tucumano.

Otros casos en el mundo

El día que Jimmy Connors ganó un Grand Slam con una raqueta prestada

Los amantes más veteranos del tenis recordarán la histórica raqueta T2000 de Wilson, la primera hecha a base de aluminio y que fue popularizada por el estadounidense Jimmy Connors. A principios de los 80, dado a los avances tecnológicos del deporte, la marca dejó de fabricarla, pero Connors se negó a abandonar su uso.

Sin embargo, el problema para el norteamericano llegó en una de las finales que disputó en el US Open durante esa década. Alcanzó la final y se quedó sin raquetas para jugar, por lo que debió acudir al público para pedir una prestada. "Tomó el micrófono y pidió que toda aquella persona que tuviera en su casa una T2000 se la prestara para jugar la final. Le llegaron miles. Jugó y ganó la final con una de las raquetas prestadas. Fue inolvidable", explicó el periodista Guillermo Salatino en su libro “El séptimo game”.

Los botines mágicos de Maradona

El 23 de mayo de 1988 se disputó el partido de despedida de Michel Platini, en  Nancy-Lorraine, Francia. Entre la multitud de estrellas que protagonizaron el encuentro, se destacaron dos en particular, por la cálida relación que habían generado: Lothar Mattahus y Diego Maradona. Las figuras se habían conocido hace apenas algunas horas, pero fue tiempo suficiente para que vivieran una historia especial.
"Era la primera vez que Maradona y yo realmente pasábamos tiempo juntos, durante dos días enteros, coincidimos mucho. En el almuerzo, antes del partido, me contó que se había olvidado los botines; y yo no dudé en prestarle los míos”, recordó el alemán años después.

Sin embargo, cuando el “10” devolvió los botines, Matthaus notó que los había atado de una manera diferente. “No los ató en diagonal, sino en diagonal saltando un agujero y luego de nuevo en diagonal, saltándose otro agujero. Yo pensé: ’si Maradona puede jugar con un cordón así, yo también puedo hacerlo’. Y los dejé atados así, pero solo los usé en la selección y nunca en los entrenamientos, ni en ningún partido de la Bundesliga ni en ningún partido de la Champions League, así que duraron más", agregó sobre la historia.

Finalmente, los botines llegaron hasta la final de la Copa del Mundo de 1990, donde justamente se enfrentaron Argentina y Alemania. Faltando algunos minutos para el cierre del partido, el árbitro cobró un polémico penal a favor de los europeos, aunque sorpresivamente no fue ejecutado por Matthaus. “En aquella final los botines ya estaban un poco rotos. A menudo jugaba con agujeros, algo así es difícil de imaginar hoy. Pero en el minuto 35, la suela se rompe, cede. Me puse un modelo que no conocía; por eso no marqué el penal en la final, sino Brehme", concluyó el capitán de aquel equipo campeón del mundo.

La hazaña “decana” en Quito

“Y como olvidarme esa noche; que en Quito fui la Selección”, recuerdan a menudo los hinchas de Atlético Tucumán a modo de cántico, respecto a ese histórico día en que el “decano” venció a El Nacional por Copa Libertadores. En aquel encuentro, el vuelo de los tucumanos se retrasó varias horas más de lo esperado, por lo que el equipo debió entrar al juego sin hacer el calentamiento precompetitivo; y sin la mayoría de sus elementos de utilería.
Por ello, el seleccionado Sub-20 argentino se ofreció a prestarle ropa y botines a la delegación, dado a que se encontraban cerca de la zona. De esa manera, los jugadores debieron afrontar el encuentro decisivo con camisetas más chicas y botines justos o grandes, pero aún así lograron imponerse ante la adversidad y conseguir un triunfo histórico en Ecuador, que los depositó en la próxima ronda de la Copa.

“Suele pasar que a veces te demoran, te llevan por otro camino. Pero estar en un avión que no sale, cambiar a una línea comercial, que te espere el embajador en el aeropuerto, que te diga ’si quieren jugar hay que salir a las chapas’, usar botines apretados, nunca. Nos cambiamos en el micro y no sabía si el partido se jugaba, no había señal. Teníamos hambre y apenas comimos unas barritas de cereal”, recuerda al respecto Leandro González, quien utilizó la “10” de Ezequiel Barco aquella noche. /La Gaceta