Para el criminal Gorriarán Merlo el asesinato de la hijita del capitán Viola se trató de "un hecho desgraciado"

Lunes 25 de Marzo de 2024, 16:54

Gorriarán Merlo



“No hay cómo explicarle a su familia ni a la sociedad ni a nadie la pérdida irreparable de la niña del capitán Viola en 1975 en Tucumán. Fue la consecuencia más grave de nuestro accionar y no hay consuelo posible. Sólo puedo reiterar el reconocimiento de nuestra responsabilidad y recordar que suspendimos enseguida las acciones que estaba llevando a cabo el ERP y que causaron el drama. Pero sé que nada alcanza para reparar ni para justificar semejante inequidad. Esa es la realidad”.

"No estamos arrepentidos de haber combatido a los militares. De lo que podemos estar arrepentidos es de que hayan sucedido algunos hechos desgraciados como es la muerte de la niña del capitán Viola en Tucumán."

En 1995, en sus últimos días como prófugo de la Justicia, Enrique Gorriarán Merlo hizo oír su voz en el programa Hora Clave, por Canal 9. Fue a través de un mensaje grabado en un cassette que sus abogados hicieron llegar a Mariano Grondona. La producción dividió su mensaje en dos partes: en la primera hablaba del intento de copamiento del regimiento de La Tablada, su última acción armada en el país. 

En la segunda parte advertía que no se debía dejar pasar la posibilidad de “reconstruir la historia para llegar a un verdad sin tapujos”. Habló de “quienes sin haber intervenido fueron víctimas de ellos y de los familiares que hoy sufren las dolorosas ausencias de sus seres queridos”. Allí es cuando refirió directamente, sin vueltas, al asesinato del capitán Viola y su hija María Cristina, de apenas 3 años. Es, justamente, el mismo caso que destaca el gobierno en su spot “Memoria Completa”, que publicó en sus redes oficiales ayer, 24 de marzo.

Ocurrió el 1° de diciembre de 1974, hace 49 años, en la ciudad de Tucumán. A continuación, el recuerdo de María Fernanda Viola, sobreviviente del atentado, hija del militar. Así lo contó a La Nación:

“Ya estábamos en Ayacucho al 200, entrando a lo de mis abuelos. Mi papá paró el auto y mi mamá se bajó para abrir el portón. Ahí empezaron las estampidas hacia el auto. Fuimos rodeados por 3 coches con hombres del ERP que comenzaron a ametrallarnos. Mi papá, para resguardarnos, se bajó del auto y se alejó, para atraer los disparos hacia él. Empezó a correr hacia una esquina, ya con una herida de bala, y ahí lo remataron con un tiro por la espalda. También mataron a mi hermanita, María Cristina, que tenía tres años. Yo recibí un tiro en la cabeza, una bala que se había colado por la ventanilla. Las esquirlas me dieron en el nervio óptico. Quedé inconsciente. La única persona que salió ilesa fue mi mamá. Yo sobreviví gracias a ella: mi mamá me levantó, yo estaba llena de sangre, pero ella no sabía de dónde me salía... Me palpaba, pero no encontraba el origen de la hemorragia. Un vecino nos llevó al hospital de niños. Ahí, mi madre le movió el pelo a mi hermana bebé y vio que los disparos le habían sacado la mitad de la cara. A mí me hicieron unos estudios preliminares, pero los médicos se dieron cuenta de que necesitaban a un neurólogo, por la gravedad de mis heridas. Y como ahí no había ninguno, me pusieron un suero y un amigo de mi tío me llevó en un Fiat 600, con el suero colgando por la ventanilla, al hospital Padilla, donde me internaron y me pusieron en coma”.

Luis Mattini (nacido con el nombre de Juan Arnol Kremer Balugano) fue el último jefe del ERP. El 22 de marzo de 2017 asistió al programa A fuego lento, que conducían Clara Mariño y Ceferino Reato, por Canal 26. Compartió la mesa con Roberto Perdía, el recientemente fallecido jefe de Montoneros, y la actual vicepresidenta Victoria Villarruel, que bregaba por el reconocimiento y el derecho a Justicia de las víctimas de las organizaciones guerrilleras.

El debate nunca prosperó, aunque dejó algunas definiciones interesantes. Ninguno de los dos jefes guerrilleros mostraron arrepentimiento. “La palabra arrepentido no me cabe a mí. Por supuesto que cometimos errores...”, empezó Mattini.

Reato: -De todos modos hubo algunos crímenes o atentados... Por ejemplo, el capitán Viola en Tucumán.

Mattini: -Bueno, sí, yo le dije que cometimos errores. No nos alcanza la vida para arrepentirnos de lo que pasó con el capitán Viola.

Reato: -Y la hija.

Mattini: -Sí, sí, claro, esa situación... Ese fue un error incalificable y así lo hemos dicho. Cuando pasó eso lo dijimos públicamente: “Cometimos un error que no tiene perdón”. Un error, me explico. Y eso siempre lo hemos reconocido, cuando hemos cometido un error lo hemos reconocido públicamente. Tenemos documentos por todos lados para demostrar que en su momento lo dijimos.

En 1995, algunos meses antes de su detención en México, Enrique Gorriarán Merlo concedió su primera entrevista para la televisión argentina. Llevaba 20 años en la clandestinidad. El locutor Rodolfo Barili, que apenas comenzaba su carrera y no aparecía aún en pantalla, lo presentó como “el hombre más buscado de la Argentina”. Y precisó: “Hace 25 años que se escapa de los servicios de seguridad y de las policías del continente”.

Antes de poner la entrevista en pantalla, el periodista Néstor Machiavelli dijo que la negociación con el jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo llevó 18 meses y contó cómo se concretó al encuentro. Fue un operativo de película, donde cambiaron tres veces de vehículos, hasta que llegaron a un lugar que no podrían reconocer. “La entrevista se hizo en la Argentina, a menos de 400 kilómetros de la capital federal”, dijo.

El reportaje fue grabado en un ambiente 4 x 4. Enrique Haroldo Gorriarán Merlo, entonces de 53 años, alias Ricardo, Pelado, Ramón, José Miguel Marín, se presentó de jeans y camisa azul.

Contó su historia, su infancia en San Nicolás y sus días de escuela. Fue, justamente, en la secundaria, cuando comenzó a profundizar sus inquietudes políticas. En 1958, cuando estaba en 4° año, se involucró activamente en la discusión entre la enseñanza laica y la enseñanza libre. Lo echaron de la escuela y se fue a Pergamino, donde conoció a Luis Pujals, “que fue quien hizo que me integrara a la lucha revolucionaria”.

Habló, sin remordimiento, con absoluta liviandad, de su primera acción violenta: “A raíz de una huelga que había John Deere, la fábrica de tractores, en Rosario, que consistió en quemarle el auto a un jefe de personal. Y unas bombas molotov que tiramos ahí sobre las casas de unos directivos”.

Y también contó el bautismo de fuego del ERP, que coincidió con su primera muerte. Fue durante el asalto a la comisaría 24 de Rosario, donde los guerrilleros mataron a dos policías. “Sacamos el armamento. Nosotros entramos... Ahí intervine yo. Nosotros entramos a la comisaría, teníamos estudiado el lugar, redujimos a los policías... y hubo dos de ellos que se resistieron, ¿no?”

-¿Qué se siente, Gorriarán, cuando en una acción así mueren dos personas?, preguntó Macchiaveli.

-Eso fue terrible para nosotros porque... Bueno, primero, porque al otro día salió lógicamente todo en los diarios. No era la intención nuestra esa. Ahí estuvimos muchos días como muy afectados.

Repasó luego algunos casos que conmovieron a la Argentina como el secuestro y asesinato de Oberdan Sallustro, el directivo de Fiat. También el secuestro del norteamericano Víctor Samuelson, directivo de Esso, que el ERP mantuvo cautivo 4 meses y por el que consiguió un rescate de 14 millones de dólares. Acto seguido, justificó los secuestros extorsivos como “parte de la obtención de recursos”.

Contó que dirigió el ataque a la guarnición militar de Azul. “Participaron unos 100 compañeros”. Y se refirió al intento de radicación de una célula en la selva tucumana: “Tuvimos errores de táctica guerrillera”. Dijo que en 1975 el ERP llegó a tener 3 mil militantes con actividad política y 600 con formación de combate.

Reveló detalles de la “Operación Reptil”, nombre clave del atentado contra Anastasio Somoza, en Paraguay. Contó que vació el cargador de su fusil M16, de 30 disparos, sobre el chofer del dictador nicaragüense. Y que luego su compañero “Santiago” (nombre clave de Hugo Irurzún) lo remató con un misil del lanzacohetes RPG2.

También reveló detalles del intento de copamiento del regimiento de La Tablada por parte del Movimiento Todos por la Patria. Dijo que estuvo hasta la noche merodeando el cuartel. Definió como “fracaso absoluto del plan” y lo achacó a sus compañeros: “En lugar de retirarse, compañeros decidieron permanecer dentro ayudando a otro grupo de compañeros”.

Recién al final de la entrevista, luego de desandar con liviandad un historial de muerte atroz, tuvo un breve acto de contrición. Al hombre que secuestró, asesinó a sangre fría y envió a propios compañeros a la muerte, había un caso que le pesaba. Sabía que jamás podría justificar la muerte de María Cristina Viola, de 3 años.

-¿Se arrepiente de algo de lo que ha hecho?

-Yo creo que... este... yo creo que los que deberían arrepentirse de lo que han hecho deberían ser este... los torturadores, los criminales, los asesinos, los... los corruptos. Este... yo de lo que me arrepiento, de lo que he hecho globalmente, no. Nosotros no nos podemos arrepentir. No estamos arrepentidos de haber combatido a los militares. De lo que podemos estar arrepentidos es de que hayan sucedido algunos hechos desgraciados como es la muerte de la niña del capitán Viola en Tucumán.

Nada más. /La Nación