La escalofriante premonición de Rodrigo con la letra de “La Mano de Dios”

Viernes 24 de Mayo de 2024, 12:11

El hit fue compuesto por Alejandro Romero, el ex cuñado del artista, quien recibió el visto bueno del cuartetero cordobés con una estremecedora frase.



Rodrigo Bueno es uno de los máximos exponentes del cuarteto en la Argentina y una de sus canciones más recordadas tenía una escalofriante premonición. Se trata de “La Mano de Dios”, la canción escrita por el ex cuñado del artista y que representó el homenaje musical más icónico de los dedicados a Diego Armando Maradona.

El cantante, que nació el 24 de mayo de 1973, comenzó su carrera con el impulso de su familia, que tenía un rol fundamental dentro de la industria y que lo apuntalaría en el género. Su primera aparición, cuando apenas tenía 2 años, fue junto a Juan Carlos “La Mona” Jiménez en un programa televisivo. Aún así, ganó cierto reconocimiento al presentar el primero de sus álbumes en la discoteca Fantástico Bailable, en 1987.

En 1995, el vocalista firmó contrato con el sello Sony Music para el lanzamiento del LP “Sabroso”, pero un año después se mudó de discográfica y confió en Magenta, a la que le brindó el 1% de sus ingresos por las ventas acumuladas. “Lo mejor del amor” alcanzó un éxito sin precedentes a nivel radial que le permitió ganar un premio ACE, mientras que “La leyenda continúa” lo llevó a realizar una gira por distintos puntos del territorio nacional.

El Potro Rodrigo: cuál era el nombre original de la canción y la broma que presagió el final del cordobés

El 29 de febrero de 2000, mientras analizaba sus próximos pasos, recibió un regalo inesperado. Su ex cuñado Alejandro Romero, que recibió la encomienda del Potro para colaborar con la creación de una nueva composición, pidió al cielo “Dios, dame una mano” y comenzaron a surgir las primeras estrofas del hit. “En una villa nació, fue deseo de Dios”, rezaba el fragmento inicial de un sencillo que prometía hacer historia.

“Recién a la altura de ‘en un potrero forjó una zurda inmortal’ entendí que era para Diego, pero yo estaba concentrado en un dictado interno. No comprendía bien lo que estaba escribiendo”, exclamó el familiar del cordobés. Tras un encuentro en el departamento del cuartetero, Bueno se sorprendió gratamente: “Salió del baño llorando y me dijo ‘¡Vos no sabés lo que acabás de hacer! Este va a ser mi último éxito’”.

Aquella frase del autor de “Ocho cuarenta” y “Qué ironía” resonó en la cabeza de Romero al punto de recordarla casi todos los días: “Ahora lo pienso y él, desde la palabra, como que lo estaba decretando. A los seis meses se murió”.
La grafía del artista también se puede apreciar en aquel manuscrito original, al que le añadió el término religioso “INRI” vinculado a Jesús de Nazaret.

La primera vez que Rodrigo interpretó la canción en el boliche La Mónica requirió de un machete para no olvidar el texto completo. “Había un ataúd y él hizo una broma: se metió y lo cerró. Nunca pude borrarme esa imagen jugando con la muerte”, afirmó el pariente del artista. El tema se registró en SADAIC en marzo y el intérprete prefirió no aparecer como couator de la obra.

La escalofriante premonición del Potro Rodrigo al descubrir la letra de “La  Mano de Dios” | TN

Un manuscrito inédito que alcanzó cifras millonarias

Poco antes de fallecer, el vocalista viajó a Cuba, donde Pelusa se encontraba en rehabilitación, y le cantó al astro oriundo de Villa Fiorito. Allí, el mejor jugador de todos los tiempos advirtió que se trataba del sencillo que más le gustaba de todos los que le dedicaron. Sin embargo, Bueno no llegó a apreciar la trascendencia de “La mano de Dios”: el 24 de junio de aquel año, se estrelló con su camioneta en la Autopista Buenos Aires-La Plata cuando acababa de cumplir los 27.

Romero tenía previsto subirse al vehículo tras el show que había brindado el artista en City Bell, pero solo acompañaron al Potro su hijo Ramiro, su exmujer Patricia Pacheco y el hijo del Negro Olmedo, Fernando. El papel que tenía anotada la letra pasó por hasta cuatro mudanzas y, más allá de su valor sentimental incalculable, fue subastado por un millón de dólares. /TN