"Cómo vivir bien hasta los 100 años, según Dick Van Dyke"

Sábado 29 de Noviembre de 2025, 12:41





A un mes de cumplir un siglo de vida, Dick Van Dyke —la leyenda de Mary Poppins y Chitty Chitty Bang Bang— sigue yendo al gimnasio, tocándose los pies y defendiendo una vitalidad que desconcierta incluso a sus médicos. El actor, cantante y bailarín que marcó generaciones creció viendo al “hombre del hielo” hacer entregas en carreta y nació durante la presidencia de Calvin Coolidge. “Soy un súper viejo”, dice entre risas, consciente de que su longevidad provoca tanta curiosidad como admiración.

Cuando la periodista Jancee Dunn supo que Van Dyke estaba a punto de llegar a los 100, lo llamó para preguntarle cómo vive este hito, qué siente al borde de las tres cifras y cuáles son sus secretos para llegar tan lejos. El artista detalla buena parte de esa filosofía en su nuevo libro 100 Rules for Living to 100: An Optimist’s Guide to a Happy Life, una suerte de manual sobre cómo envejecer con alegría, movimiento y sentido del humor.

Desde su habitación en Los Ángeles, con un café cargado con cinco terrones de azúcar —“sí, escuchaste bien”—, Van Dyke admite que no todo ha sido fácil. Usa audífonos, su vista se debilita y reconoce que, llegada cierta edad, “muchas cosas dejan de funcionar tan bien”. Aun así, asegura que a veces vuelve a sentirse de 15 años. Esa mezcla de lucidez y vitalidad atraviesa toda su rutina.

Su primer mandamiento es mantenerse activo. Va al gimnasio tres veces por semana a hacer entrenamiento en circuito y, entre máquina y máquina, a veces improvisa algún paso de soft-shoe. En los días intermedios, practica yoga y estiramientos, lo que sorprende a los médicos cuando lo ven tocarse los pies sin dificultad. Cuando la motivación flaquea, se promete una siesta como premio. El movimiento, dice, es una de las claves más claras de su longevidad.

El segundo pilar es la actitud lúdica. Van Dyke evita convertirse en el clásico anciano cascarrabias y, en cambio, cultiva el sentido del juego. Esa conexión con su “niño interior” lo mantiene liviano incluso cuando el cuerpo no acompaña del todo. La ciencia le da la razón: la capacidad de jugar reduce el estrés y mejora el bienestar. Él lo aplica diariamente, ya sea haciendo chistes, buscando la risa de un niño en el supermercado o dejándose acompañar por sus tres gatos y su perro. También canta todos los días —“tarareo mucho”— porque siente que le ordena la mente y le alivia el ánimo.

Otra regla es decir que sí. Abrirse a nuevas experiencias en la vejez mejora la salud cerebral y emocional, y Van Dyke lo practica sin dudar. Cuando un teatro local le pidió dirigir a un grupo de niños, aceptó de inmediato. También dijo que sí cuando lo convocaron para bailar —descalzo y ágil— en un video de Coldplay dirigido por Spike Jonze y Mary Wigmore. Asume que puede ser tentador vivir del pasado, pero la curiosidad lo mantiene en el presente y lo empuja hacia el futuro. Incluso ha abierto su mente a cambios culturales que no le resultaban naturales al principio: su asistente usa pronombres “they/them”, algo que inicialmente le costó, pero que terminó adoptando. “Tenés que mantener la mente abierta a las nuevas ideas, sobre todo a medida que envejecés”, afirma.

La otra clave es mantener los vínculos. La conexión social es uno de los factores más determinantes en la longevidad, y Van Dyke la cultiva con dedicación. Está siempre “maquinando” cómo atraer a sus nietos y bisnietos a su casa y sueña con convertir su jardín en un pequeño parque temático: planea instalar un columpio de cuerda y una tirolesa. Dice que escuchar sus risas en el patio le produce una felicidad inmensa.

Desde hace 25 años integra un grupo a cappella, los Vantastix, cuyos integrantes son varias décadas más jóvenes, algo que, asegura, lo rejuvenece. Mantiene sus amistades con esmero, aunque admite que ya no le quedan amigos de su edad. “Estoy buscando amigos de 100 años”, bromea. Por suerte, Mel Brooks cumplirá esa cifra el año próximo. Y en mayo, el naturalista David Attenborough también soplará 100 velas. Quizás, sugiere Dunn, sea momento de que Van Dyke le haga una llamada.

A sus casi 100 años, el actor que hizo bailar a generaciones continúa ejerciendo una forma luminosa de resistencia: moverse, jugar, cantar, abrir la mente, decir que sí, rodearse de afectos. Su receta para vivir un siglo no es mágica ni solemne: es optimista, activa y profundamente humana. Y, como él mismo demuestra, sigue funcionando. /NYT