La “Pantera” Saldaño, el mayor ídolo del box tucumano: el único que peleó por un título mundial

Sábado 29 de Noviembre de 2025, 20:01

Saldaño (derecha) tenía carisma y atraía multitudes.



La historia del boxeo tucumano tiene un nombre que trasciende generaciones, anécdotas y estadios: Horacio Agustín “Pantera” Saldaño. Ningún otro pugilista nacido en la provincia alcanzó su nivel de convocatoria, magnetismo popular ni, sobre todo, su logro más extraordinario: haber sido el único tucumano en llegar a disputar un título mundial.

En un deporte que en Tucumán produjo figuras memorables, Saldaño es el único que llegó al pináculo: una pelea por el cinturón mundial welter frente a una leyenda absoluta. Su carrera, cargada de brillo, contrastes y sacrificio, explica por qué muchos lo consideran el máximo boxeador tucumano de la historia, incluso sin haber conquistado un título argentino.

Saldaño nació el 17 de octubre de 1947 en el barrio Sarmiento de San Miguel de Tucumán. En el club Defensores de Villa Luján encontró el refugio deportivo que lo moldeó, y allí comenzó a construir una de las carreras más impactantes del boxeo nacional. A mediados de los años 60, cuando Tucumán vivía una era dorada en materia pugilística, la aparición de Saldaño llenó el vacío que habían dejado las batallas legendarias entre Juan Carlos Velárdez y Emilio Ale Alí.

Su estilo ofensivo, su talento natural —él mismo admitía que casi no entrenaba, que peleaba “por necesidad económica”— y su capacidad para conectar emocionalmente con el público lo convirtieron rápidamente en un fenómeno local. En Villa Luján, escenario considerado por entonces la segunda plaza boxística más importante del país después del Luna Park, su sola presencia garantizaba tribunas repletas.

La racha de 33 peleas invicto llamó la atención del promotor más poderoso del país, Juan Carlos “Tito” Lectoure, dueño del Luna Park. Ese llamado cambiaría su vida.

El salto al Luna Park: nacimiento de una estrella nacional

El 15 de mayo de 1968, Saldaño debutó en el Luna Park frente al brasileño Joao Merencio. El combate duró apenas 20 segundos: un nocaut fulminante que dejó al estadio electrizado. No volvería a bajar la temperatura en ninguna de sus presentaciones siguientes.

Durante años, Saldaño fue uno de los mayores imanes de público del Luna Park, con más de 10.000 personas promedio en cada velada. Las peleas ante Abel Cachazú y Eduardo “Tito” Yanni pasaron a la historia como algunas de las más intensas de la década.

Su convocatoria fue tan extraordinaria que la prensa porteña lo comenzó a comparar con José María Gatica, otro ídolo sin corona que llenaba estadios por carisma y visceralidad antes que por títulos.

La noche del 14 de diciembre de 1974 en la Ciudad de México, Saldaño enfrentó al campeón mundial welter José “Mantequilla” Nápoles.

Nápoles era una leyenda viva, boxeador cubano-mexicano y uno de los más brillantes estilistas de la historia.

Saldaño llegó como retador tras una serie de victorias resonantes en el Luna Park, incluida una definición por nocaut frente a Ramón La Cruz, que lo puso en la órbita internacional.

La pelea fue desigual desde el inicio. Nápoles dominó con claridad y definió por nocaut técnico en el tercer round. Años después, Saldaño confesó la razón de su bajo rendimiento: “Una semana antes me saqué el hombro. No podía levantar el brazo. Lectoure me dijo que la postergara, pero si lo hacía perdía la oportunidad. Y yo necesitaba el dinero.”

Pese a la derrota, su presentación quedó registrada como el máximo hito internacional de un boxeador tucumano.

Tras su intento mundialista, su carrera comenzó un lento declive. En 1982 cayó en Tucumán ante Juan Orlando Barboza por el título provincial. Y en 1983, frente a Ubaldo “Uby” Sacco —quien años después sería campeón mundial— sufrió la derrota más dura de su trayectoria. La paliza fue tal que el propio Sacco pidió detener la pelea, y su entrenador y amigo Ramón La Cruz arrojó la toalla para evitar un daño mayor.

Sería su última gran presentación.

Los números finales de una carrera enorme:

87 peleas profesionales

61 victorias

35 por nocaut

13 derrotas

13 empates

Pero sus estadísticas no explican su mito. Lo que hizo único a Saldaño fue su capacidad de llenar estadios, de convertirse en un fenómeno popular, de representar al boxeador del pueblo en su versión más pura.