Es maestra, tiene cinco títulos y abrió un OnlyFans porque no llega a fin de mes: "un papá compró..."

Sábado 03 de Enero de 2026, 01:28

Miguelina Fredes Sarasola tiene 31 años y quedó en el centro de la polémica cuando los padres de una escuela de Campana pidieron que la apartaran de su cargo de docente por vender contenido erótico y postularse a Gran Hermano.



A los 31 años, con cinco títulos académicos, dos hijos y una vida atravesada por la docencia, la maternidad y la precarización laboral, Miguelina Fredes Sarasola quedó en el centro de una polémica que expuso, sin filtros, las contradicciones morales y económicas de la sociedad argentina.

Maestra de primaria, Licenciada en Educación, operadora socioterapéutica en adicciones, especialista en enfermedades psiquiátricas y actriz, Miguelina tomó una decisión que cambiaría su vida: abrir una cuenta en OnlyFans para poder llegar a fin de mes. Desde entonces, asegura que su nombre dejó de estar asociado a su formación profesional y quedó reducido a una etiqueta que la persigue y la excluye de nuevas oportunidades laborales: “La seño hot”.

La historia salió a la luz en julio de 2022, cuando un grupo de padres de la Escuela Normal N°30 de Campana exigió que fuera apartada de su cargo al enterarse de que vendía contenido erótico en redes sociales. La situación se tensó aún más cuando se conoció que había pedido licencia médica y que, durante ese período, continuaba subiendo fotos y videos a plataformas para adultos. Para muchos, esa actividad era “incompatible” con su rol docente. Para ella, fue la consecuencia directa de una asfixia económica sostenida en el tiempo.

Nacida en Basavilbaso, Entre Ríos, y madre de dos hijos —de 15 y 7 años—, Miguelina llegó a Campana en busca de estabilidad laboral. Sin embargo, el conflicto con los padres la dejó fuera del aula. Tras el escándalo mediático, la dirección de la escuela decidió aplicar un artículo del estatuto docente y reasignarla a tareas administrativas en secretaría. Formalmente, no fue despedida. En la práctica, dejó de estar frente a un curso.

“Quiero aclarar que nunca me echaron del colegio. Aún conservo mi cargo de titular de maestra de tercer grado, pero acordamos que lo mejor era que pasara a desempeñarme como secretaria”, explicó.

Según su versión, el detonante fue la filtración de material íntimo adquirido por un padre de la institución. “Un papá compró una foto y un video, los distribuyó y se enteró la mujer. Ahí se terminó de pudrir todo”, relató. A partir de ese momento, el malestar se transformó en presión colectiva para que no regresara al aula. “Investigaron mi vida privada, lo que hago fuera del ámbito institucional. Eso es lo que más me indigna”, sostuvo.


Miguelina comenzó a vender contenido erótico en 2021, empujada por una realidad económica insostenible. “Cobraba 50 mil pesos por la titularidad y pagaba 45 mil de alquiler”, recordó. Hoy, los números cambiaron, pero la desigualdad persiste: “Gano $700 mil en el colegio y pago $ 500 mil de alquiler. Por eso sigo en OnlyFans. En tres días gano lo mismo que en un mes, pero los años pasan y necesito otra cosa”.

Allí aparece la contradicción que más la angustia. “En este país factura más mi contenido erótico que los cinco títulos que tengo”, reflexionó. Y lanzó una pregunta que resume su malestar: “Si un culo factura más que un título universitario, ¿qué mensaje le estamos dando a los jóvenes?”.

Miguelina aclara que no cuestiona al contenido erótico como trabajo. El problema, dice, es que sea casi la única salida viable para alguien con una formación extensa y diversa. “Estoy en una lista negra. No puedo conseguir nada en los colegios privados”, lamentó. Y aseguró que el estigma se extiende a otros ámbitos: “Si voy a buscar trabajo a una panadería, tampoco me toman porque ya todos me conocen. Campana es pueblo chico, infierno grande. Tendría que irme a otra ciudad para empezar de cero”.

Mudarse, sin embargo, no es una opción simple. Sus hijos tienen a sus padres en Campana y una vida social armada. “Siento que acá mis capacidades intelectuales se diluyen por lo de OnlyFans. No se ve quién soy ni todo lo que estudié. Me capacité, me formé, toqué mil puertas y las mil puertas se cerraron”, expresó.

Según su testimonio, fue rechazada en instituciones educativas, en el ámbito municipal e incluso en áreas de salud mental, donde su perfil profesional sería especialmente necesario. “En Campana hubo muchísimos suicidios y me postulé para trabajar en salud. Me rechazaron. ¿El motivo? Ser la seño hot”, admitió.

La exposición mediática también coincidió con otro anhelo personal: desde 2022 se postula a todas las ediciones de Gran Hermano. La semana pasada volvió a presentarse para el casting de la edición 2026, con la esperanza de que el reality pueda abrirle puertas en el mundo artístico. Hizo cuatro cuadras de fila y esperó más de cuatro horas bajo el sol para tener su minuto frente a cámara. “Quiero ser yo, sin restricciones. Quizás sea momento de cambiar de rubro”, explicó.

Su presente es ambiguo. Por un lado, el dinero que gana con el contenido le permite sostener a su familia. Por otro, reconoce que la situación la afecta emocional y psicológicamente. “No es lo que quiero para mi vida. Es mi último recurso”, insistió. Sus hijos ya están más grandes y sabe que, con el tiempo, también ellos estarán expuestos a las miradas y prejuicios ajenos.

Miguelina no reniega de su cuerpo ni de su sexualidad. “No tengo vergüenza en mostrarme como soy”, afirma. Pero tampoco romantiza la experiencia. “Es mucha plata en poco tiempo, sí. Pero no es el mensaje que quiero transmitir. No quiero que los pibes crean que estudiar no sirve para nada”, planteó.

Su historia incomoda porque obliga a mirar de frente una realidad extendida: la desvalorización del trabajo profesional, la hipocresía frente a la sexualidad y la facilidad con la que se estigmatiza a quien se sale del molde. Miguelina no pide indulgencia ni aplausos. Pide, simplemente, que sus títulos valgan más que un prejuicio y que su vida no quede reducida a una foto hot en una pantalla.