Sufrió un ACV y perdió a su beba por aspirar excremento de paloma

Domingo, 09 de Agosto de 2020 06:39

ILUSIONES FRUSTRADAS. Florencia Acosta dio a luz a su hija Juliana Milagros, pero la bebé no pudo superar una infección contraída durante el embarazo.



Todo fue culpa de una paloma. Bueno, de una paloma y de la mala suerte. Así, Florencia Acosta arranca un relato por momentos imposible de creer. Una historia que podría haber tenido un final peor. Pero no por ello fue menos dolorosa. Porque el año pasado ella era una joven como cualquiera, que trabajaba, disfrutaba de su embarazo y vivía cada día con mucha felicidad. Y hoy es una mujer que llora por el bebé que no pudo sobrevivir, mientras se esfuerza para volver a caminar.

¿Y todo por una paloma? Sí. “Un ave que parece tan tierna, el símbolo de la paz… pero que puede convertirse en tu peor desgracia”, apunta Flor. Ella ni siquiera vio la paloma. Bastó con que aspirara restos de la materia fecal de este animal, que suelen quedar suspendidos en el aire, para que comenzara su pesadilla.

Acosta, que tiene 26 años, se enteró de que estaba embarazada en agosto de 2019. Todo marchaba bien, hasta que en octubre comenzó a sentir fuertes dolores de espalda, en la parte baja de la columna. Le costaba caminar y realizar las actividades cotidianas en su trabajo como empleada de comercio, detalla la joven que entonces vivía junto a su pareja en un departamento en Balcarce al 100.

Visitó varios médicos. Todos coincidían en que se trataba de un cálculo en los riñones. “Hasta que un día me sentí muy, muy mal. Mi pareja llamó a mi papá y me llevaron a un sanatorio, donde quedé internada. Me hicieron varios estudios. El cálculo ya no estaba. Me vio un especialista en columna; creían que podía ser una hernia. Mientras seguían buscando un diagnóstico sufrí un ACV (accidente cerebrovascular)”, recuerda.

Le dieron varios medicamentos. “Pensaban que podía ser VIH o toxoplasmosis. Mi cuadro era un enigma. Pasé 15 días internada, hasta que me hicieron una punción en la columna”, relata. Ese estudio iba a revelar el tamaño de su infortunio: sufría histoplasmosis, una enfermedad causada por un hongo que se desencadena por la inhalación de sus esporas, que se encuentran a menudo en los excrementos de las palomas. Por lo general, la patología afecta los pulmones. Pero en algunos casos puede propagarse a otros órganos como fue en el caso de Florencia, que le llegó al cerebro.

Con el diagnóstico certero y una buena medicación, Acosta empezó a recuperarse. Le hicieron una ecografía y el embarazo estaba bien. “Ahí me enteré de que era una nena”, cuenta emocionada. Pasó la noche de Navidad y el Año Nuevo en el sanatorio y luego le dieron el alta. Volvió a su casa en silla de ruedas. “La pierna izquierda había quedado totalmente paralizada por el ACV. Pero yo y mi bebé estábamos vivas y eso era lo más importante”, evalúa.

El hongo le había causado no sólo el ACV y la lesión en la médula espinal, sino también mielitis, hidrocefalia y vasculitis. Cada 15 días volvía a internarse por dos semanas. En total pasó cuatro meses hospitalizada.

El 25 de marzo se produjo el parto. “Tenía fecha para el 13 de abril, pero se adelantó. Según los médicos, ya no se estaba alimentando bien. Nació prematura, pesando 1.240 gramos. Estuvo 51 días internada en Neonatología, luchando por su vida, contra un virus que adquirió mientras estaba en la panza”, revela.

Un día antes de despedir para siempre a su pequeña Juliana Milagros, a Florencia la llamaron para decirle que la situación era grave porque la pequeña tenía una infección generalizada. Sin mucha fuerza para caminar ni para sostenerse, la mamá le prometió a su bebé que lucharía hasta el cansancio para curarse y volver a caminar.

De a poco se está cumpliendo el milagro, dice Acosta. Trata de ser optimista. Ahora que comenzó a usar un andarín y siente algo de fuerza en la pierna izquierda, Flor sigue esforzándose día a día en fisioterapia. Su anhelo es recuperarse y cerrar la profunda herida que se abrió en su vida para poder cumplir un gran sueño: ser mamá de nuevo.

Al final, su entrecortada voz, que de a ratos es un susurro empañado por las emociones, pide más conciencia: “¿cómo puede ser que estas aves, que son un grave riesgo para la salud pública, estén así libremente sin ningún tipo de control? Hoy me pasó a mí. Mañana puede ser un niño, o una persona de edad avanzada, sin medios para defenderse… pueden perder su vida. Y todo por una paloma”. /La Gaceta