Con la ayuda de amigos y clientes, una diseñadora tucumana hoy revelará sus creaciones en la Fashion Week de Milán

Lunes 19 de Febrero de 2024, 11:15

Cristina Cabana llegó a lo más alto en la industria de la moda, no sin antes superar cientos de obstáculos.



Esta tarde será un momento especial para la industria de la moda de nuestra provincia. La diseñadora tucumana Cristina Cabana mostrará sus creaciones en nada menos que una de las capitales de la vanguardia y de la moda y en un evento que convoca a una multitud de aficionados por este arte, la Fashion Week de Milán. En una pasarela de la Piazza de Duomo, la tucumana podrá revelar ante el exclusivo mundo del diseño, sus creaciones, luego de haber atravesado un derrotero complicado para llegar allí.

Seguir los sueños a veces requiere de osadía, así como por momentos estos se hacen esperar. Quizás sea un artificio de la expectativa y así el conquistar lo deseado tiene más sabor a victoria. Quienes se atreven a pesar de las circunstancias, a pesar de lo lejano en el tiempo, lo ulterior, lo cansador que pueda ser aguardar, son los que pueden laurearse del triunfo más disfrutable: el alcanzar lo que alguna vez parecía irrealizable.

Así Cristina se animó a patear tableros, a ser descabellada y desatender a las voces de “no se puede vivir de esto” que muchas veces se le infiltraron en la cabeza. No fue fácil empezar de cero, con una máquina de coser y en una provincia donde no había muchos registros de casos que hayan triunfado en su plan a futuro. Sin embargo tenía la certeza de un sueño claro: quería ser diseñadora de moda.

Siete años de esfuerzos llevaron a la joven tucumana a una oportunidad especial

Cristina supo desde un comienzo cuáles eran sus virtudes. “Desde chiquita yo era muy creativa, hacía los souvenirs para los cumpleaños, pintaba, dibujaba”. Hasta que un día, una adolescente Cristina decidió qué es lo que quería para su vida y eso era dedicarse a la moda. “Yo sabía que de esto quería vivir, yo quería vivir de lo que amo”, sentenció la diseñadora.

“Yo empecé sola, a los 18 años. Salí de la escuela y sabía que quería armar mi empresa”. Así y con la certeza de una convicción, Cristina trabajó en bares, abrió su propio drugstore mientras estudiaba e inauguraba su taller, lo que “fueron fácil siete años”. “Está en uno el emprender, el sentir que queres vivir de eso, que te hace juntar las fuerzas y no bajar los brazos”, reflexionó con alegría.

Pero un particular deseo fue el punto de inflexión de su carrera, lo que la propulsó al otro lado del Atlántico. Cristina anhelaba que las personas pudieran ver sus trabajos: “no queda otra que mostrar, si no lo mostramos la gente no lo va a consumir”, pensó la joven.  Y así se las ingenió para lograrlo. “En la vereda de mi barrio empecé a hacer ‘cierres de año’ y mostraba mini colecciones de lo que hacía.”

Y así, esta celebración anual se convirtió en rutina, pero lo rutinario desapareció cuando Cristina recibió una llamada sobre una de sus últimas colecciones. Una organización encargada de representar a la Fashion Week de Milán en Sudamérica había quedado fascinada con los trabajos de la diseñadora tucumana.


 Así y por sus trabajos, creatividad e iniciativas, Cristina fue seleccionada para viajar a la capital de Lombardía y de la moda para compartir en la pasarela más prestigiosa sus diseños que tenían como bandera uno de los símbolos naturales que nos identifican a los tucumanos: el lapacho.

Angustias y preocupaciones: Cristina debía encontrar la manera de viajar

Aunque no sería tan fácil llegar a la lujosa y prestigiosa ciudad. “La organización me cubría todo, y eso yo sí lo sabía. Yo no pago nada extra, en cuanto a la elaboración y preparación del evento. Entonces eso de por sí ya es increíble”, comenzó relatando la diseñadora.

Con tan poca anticipación, ya que Cristina había recibido el llamado dos semanas antes del gran evento, esta tenía que resolver un detalle no menor. Un aspecto bastante costoso de la travesía no estaba en manos de la organización, si no de la diseñadora. “Yo sabía que la parte del traslado y el hospedaje, eso lo tenía que ver yo”.

Con este factor en mente, Cristina revolvió muchas veces en sus pensamientos si era factible viajar o no, debido a lo costoso que podía resultar. “Ahí está que cuando me dicen ‘has ganado’, yo digo ’¡guau!’. A ver, yo estaba super feliz por tremendo reconocimiento y el estar allá, pero también sabía que para la situación económica en la que está el país, digo, ‘¿Qué hago? ¿Cómo lo resuelvo ahora?’”.

Un camino difícil: poco tiempo y una situación económica complicada

Allí es que comenzó una travesía extenuante. Con solo unos acotados siete días, Cristina debía resolver con qué dinero conseguiría el pasaje al país del mediterráneo y una cama donde dormir estando allá. “Pero digo, como sea tengo que llegar, porque es una forma de valorizar mi actividad, porque es una oportunidad que no se da siempre” reflexionó Cristina, que además tenía el peso de un reloj de arena que le indicaba que se acababa el tiempo: “De la organización me pedían confirmar, porque si no iban a buscar alguien más”.

Y así, Cristina encontró en sus allegados la calma y la seguridad que necesitaba. “Tuve mucho apoyo de amigos, familia y clientes”, detalló la diseñadora. “A ver,  yo les pedí prestado no es que me lo daban o me lo regalaban, los grandes gastos que he tenido, eso yo lo tengo que devolver”, expresó con un poco de aflicción la diseñadora. “Entonces, vuelvo y tengo que seguir trabajando porque tengo que devolver, pero valoro esa confianza, ese empuje”, meditó la profesional que no pudo conseguir ayuda desde instituciones públicas, pero que nunca dejó de ser optimista al respecto: “Una plata se recupera, un mes o dos y ya las tenés”.


Con un poco de dinero prestado y una ilusión, Cristina llegó a la pasarela más famosa del mundo

Cristina logró viajar y de esta manera ya no tenía que ocuparse de cortar el tránsito de las calle de su barrio para hacer sus desfiles. Tenía a su disposición la Piazza del Duomo de Milán, el lugar de reunión de los más grandes referentes de la moda. Y no necesitaría preocuparse por conseguir maquilladores, peluqueros ni fotógrafos: “Ellos ya tienen todo organizado, ya tienen percheros con el nombre con el vestido que le corresponde a cada modelo, las pruebas de maquillaje ya se hicieron”, pronunció maravillada.

Degustación de comida regional, conferencias de prensa, pruebas de vestuario o “fitting”, opening parties, esa fue la rutina del primer día de Fashion Week de Cristina Cabana en Milán. Esta comenzó ayer a las cuatro de la tarde, sin embargo la joven ya había cumplido con sesiones con fotógrafos profesionales, hablado con diseñadores de todo el mundo y se relacionado con creativos de todas las nacionalidades.

Entre Giorgio Armani y Dolce & Gabbana, los diseños de la joven tucumana serán vistos por todo el mundo

Cristina no deja de asombrarse con todo lo que la rodea: “Me parece increíble que se den estas cosas, es una manera de mantener este oficio bien en alto”. Así, la joven busca absorber todo, impregnarse de lo bueno, captar todo lo que está viviendo y expresa cómo son sus sentimientos en la previa del desfile: “Un poquito de nervios, muy feliz porque voy a aprender, de algo ya más profesional”. “Uno tiene la emoción de saber qué trae el otro, de qué es lo que hace”. Por último, cierra con un deseo que le mueve por dentro: “A mí me encantaría llegar a hacer algo así en Tucumán.”


Con el sueño cambiado, muchas incertidumbres, extenuantes esfuerzos y emociones a flor de piel, así es como la diseñadora tucumana, que comenzó con una “máquina chiquita familiar en su cuarto” y cortando el tránsito de su barrio para mostrar sus trabajos, el día de hoy mostrará sus vestidos al mundo entero, que se mezclarán entre los diseños de un tal Tom Ford, un Giorgio Armani y unos que otros Fendi y Versace. /La Gaceta