El museo de Volver al futuro está en un pueblito de la Patagonia Argentina: el fan que maravilla a Hollywood

Miércoles 15 de Mayo de 2024, 16:08

German Schmidl, el argentino ¿más fanático de "Volver al futuro"? Lo que no lo compra, lo construye a modo de réplica. Desde su casa en La Patagonia, maravilla a miles



En un valle argentino, sobre el margen izquierdo del Río Neuquén, está escondido el museo más asombroso de Volver al futuro. Un fanático rosarino mudado a La Patagonia fue moldeando con sus manos réplicas del universo de fantasía de Michael J. Fox y ocurrió lo imposible: convirtió su living en una sala alegórica de la que habla hasta Hollywood.

En Andacollo, localidad neuquina de poco más de 3.000 habitantes desde donde se aprecia la Cordillera del Viento, Germán Schmidl maravilla con su colección de más de 1.000 objetos. Si no existe en el mercado, lo fabrica. Lo que no puede comprar, ya sea porque no se vende, o por los altos costos que implica importar, lo replica artesanalmente.

Madera, plástico, hierro, acero, aluminio, ladrillo. No hay material al que el santafesino de 44 años se resista en su misión por recrear los objetos del fenómeno dirigido por Robert Zemeckis.

Fox está anoticiado de este templo y agradece: ya dio Like a las publicaciones de Schmidl en Instagram y parte del elenco expresó su admiración. Más que un museo patagónico, la habitación es una excusa para un movimiento más grande, una suerte de club nacional de Back to the Future, una embajada del Team Fox mundial en el que se arman movidas solidarias a beneficio de la Fundación Michael J. Fox por la cura del Parkinson.

Schmidl es un maestro de educación especial que llegó a la localidad de Andacollo (a 500 Km de Neuquén Capital) hace 20 años, postulado como docente para la región. Buscaba un ritmo de vida menos frenético, una crianza amable para sus hijos, un barrio en el que poder olvidarse de cerrar con llave la puerta de casa. Se mudó en compañía de Vanesa y de otro amor irrenunciable, la película sobre viajes en el tiempo.

Calcula que tenía entre 10 y 12 años cuando vio por primera vez esa genialidad de la ciencia ficción. No había videocasetera en casa, pero un vecino que acababa de pasar por el videoclub lo invitó a saltar el tapial para descubrir el tesoro alquilado en VHS. A los días, el pequeño Schmidl ya intentaba emular a Marty McFly y colgarse del camión recolector de residuos a bordo de su patineta.

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German Schmidl, en su casa de Neuquén.

Ahora, ver la película fotograma por fotograma, se volvió su segundo trabajo. Cuando no dicta clases, usa su tiempo para observar en detenimiento los objetos de la película y confeccionar aparatos como el televisor rojo de Back to the future 2. "Usé uno viejo de tubo, de 20 pulgadas, que era de mi padre, lo desarmé por completo, y logré una réplica del exterior tal cual figura en la escena", se enorgullece. "Al no existir planos, puse la película en cámara lenta, estimé las medidas en comparación con otros objetos y lo logré. Funciona y muchas veces veo Volver al futuro en ese televisor".

Prefiere no calcular la inversión que demanda su obsesión. Además de resignar un cuarto de su vivienda para que funcione como salón anfitrión de su pasión, compró a distancia fotos autografiadas, guitarras y prendas como la campera del protagonista -que mandó a confeccionar a una modista especializada en Cosplay-. A eso sumó excentricidades hechas con sus manos, como "el condensador de flujos con válvulas y la pechera antibala que usa McFly en la tercera entrega de la saga", una tapa de estufa que él reprodujo con madera.

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Un rincón de la sala de Schmidl, que cuenta con más de mil objetos.

Entre las demás delicadezas que clonó, sobresalen "el horno hidratador de pizzas Black & Decker, de Volver a futuro II", un armatoste que emuló con caños de PVC de desagüe, y el Fax que en el viaje del protagonista al futuro lanza una hoja impresa con el aviso de "estás despedido". El catálogo incluye, además, "la reproducción del alimentador automático del perro Einstein y el cesto de basura robótico Litter Bug", enumera con pecho inflado.

Hace 13 años, el primer objeto del estante fue un De Lorean (el auto característico de la historia) de la línea Hot Wheels. De a poco las paredes fueron llenándose de chiches. El señor del apellido alemán mandó a confeccionar un reloj como el mítico de la torre donde cae el rayo en la historia y la suerte intervino también: en un sorteo impulsado entre Japón, España y Francia resultó ganador del libro de Fox con la firma del mismísimo actor.

"Coleccionar es tener paciencia, no desesperarse. Es buscar, comparar, seguir buscando, inventar en los momentos de soledad en que me quedo con mi alma y trato de reproducir algo"
, describe. "¿Lo más loco de mi colección? Sin dudas lo más raro soy yo".

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Schmidl compró varias guitarras idénticas a las del filme.

El mismo modelo de cámara con la que filma Michael en la primera parte (JVC GRC1), skates y maquetas a escala del tren de la trilogía inundan repisas y vitrinas de este "santuario" que sin funcionar voluntariamente como museo puertas "a todo aquel que quiera pasar a tomas unos mates y charlar sobre la película".

No es extraño que mientras matea en Andacollo y manipula voltímetros, baterías y placas de sonido, el rosarino se "whatsapee" con personalidades como Claudia Wells, la actriz que personificó a Jennifer Parker (novia de Marty McFly en la primera película), o con Jeffrey Weissman (George McFly, el padre de Marty en la secuela).

La misión más noble de esta aventura es la arista solidaria. Después de que Pedro Torromé, un embajador de la movida "Regreso al futuro España" lo entrevistara y lo animara a formar parte del grupo Team Fox (un círculo de fans), Schmidl empezó a colaborar con las campañas de concientización sobre la enfermedad que a Fox le diagnosticaron en 1991.

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Una reproducción hollywoodense en Andacollo, Neuquén.

Aparadores con ediciones especiales de Pepsi de los ochenta, detalles del interior de la máquina del tiempo, Walkie Talkie, calcos, naipes, fotogramas 35mm originales, envases de salsa. En la compulsión acumuladora, dice, está "el encuentro con uno mismo": "Cuando trabajo en esto, me conecto conmigo. Con el que fui y con este del presente, en el silencio somos mis pensamientos y yo".

Los mayores coleccionistas mundiales de la materia son los estadounidenses Bill y Patrick Shea, que hasta recrearon el laboratorio del Doc Brown, inspirados en la escena de apertura de la película. Su inversión millonaria en vehículos como el DeLorean, el Toyota Hilux y el Packard que aparecen en el tanque cinematográfico se ve plasmada en exposiciones que llevan en gira a beneficio.

En el granero de Massachusetts de la dupla Shea uno puede toparse con los maniquíes de los personajes de Fox y Lloyd. Están habituados a desembolsar grandes sumas, por eso quedaron pasmados por el ingenio argentino ante la falta de recursos. Hace dos años, desde su tierra, conversaron con este dueño de museo perdido entre cordilleras, cerros y volcanes. Los deslumbró que Schmidl haya construido hasta el control remoto de ese mítico DeLorean que como una flecha logra 88 millas por hora.

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Germán Schmidl, fan de "Volver al futuro".

Rodeado de martillos, bisturíes y todo tipo de herramientas con los que transforma elementos, Don Schmidl, enciclopedia viviente de la producción de Steven Spielberg, no descansa. Planea su obra descomunal, una réplica automotriz, la del DeLorean en tamaño real. "Puede ser en base a algún vehículo parecido y la idea es ir modificando el exterior y el interior", sueña. "La coupé Toyota Celica de los ’80 sería una buena base. Me da vueltas hace mucho en la cabeza. Así funciono yo, una vez que paso la idea al papel, no paro".

A 1.300 kilómetros de Buenos Aires, Germán se emociona con lo que cree estar enseñando a Alejo y Rodrigo, sus hijos adolescentes: "Aunque estés en el culo del mundo, podés hacer cosas increíbles si te lo proponés". /Clarín