Un abuelo cordobés de 97 años abrió un grupo de TikTok para adultos mayores solos y la respuesta fue masiva

Martes 21 de Mayo de 2024, 06:34

SORPRESA. Mucha necesidad de socializar e historias dramáticas detrás del éxito de la convocatoria de Alberto Chab.



Las redes sociales son un puente que permiten a las personas conectarse entre sí. Y para los adultos mayores son herramientas útiles para comunicarse con sus familias, con sus pares, para entretenerse y socializar.

Eso es lo que hizo Alberto Chab, de 97 años, quién sorprendió a todo el país, por su vitalidad y longevidad, cuando subió un video en su cuenta de TikTok donde invitaba a personas de más de 90 años a comunicarse con él para formar un grupo de 10 integrantes que le permitiera intercambiar experiencias.

El video se difundió tanto que a diario recibe miles de mensajes de personas de todo el país que quieren participar. En menos de una semana obtuvo más de 800 mil reproducciones y recibió cientos de solicitudes. “Es impresionante. Los likes que recibí fueron más de 150 mil. Además, tengo casi 24 mil seguidores”, cuenta Alberto, quien ya maneja el lenguaje de las redes sociales.

Y relata que la idea de abrir una cuenta en la red social china y subir el video surgió de su nieta Zoe, de 18 años, en una cena familiar cuando él contó sobre su proyecto.

“Mi nieta me enseña y me ayuda a subir los videos. Es un medio fantástico para comunicarse simultáneamente. Soy del teléfono negro, el que hacía trac, trac y permitía hablar con una sola persona”, dice Alberto sonriendo. A pesar de ello utiliza el celular, “una tecnología nueva” que aprendió a usarla.

Hasta ahora, lleva grabados tres videos y pronto se viene el cuarto. Allí, agradece por los contactos, los mensajes y cuenta qué tipos de rutinas hace al comenzar el día. “Es imposible responderles a todos”, asegura.

Además, expresa que ese número de personas que pensaba reunir en un principio quedó atrás: “Ahora, no puedo hacer un grupo de ocho o diez personas, tengo que cambiar la modalidad”.

Ya piensa en hacer un evento que congregue por lo menos a 500 personas. “Voy a armar una reunión multitudinaria que tendrá que ser en un salón”, expresa. Y asegura que es muchísima la gente que le pide participar y que, si elige a algunos, otros se quedarán afuera. “Mi idea es invitar a la mayoría”, afirma.

Al grupo lo llamará “Por-venir”, como un aliciente a seguir mirando y proyectando hacia el futuro. Estará dirigido a personas de 95 a 100 años. Allí, pretende que los participantes compartan el por qué y cómo llegaron a esa edad avanzada.

También sus historias de vidas, inquietudes, proyectos, relaciones familiares, si tienen amigos o están solos, y las experiencias positivas o negativas. “Al menos entre 20 y 30 temas”, aporta Alberto.

Y reflexiona que en estos días aprendió muchas cosas de las redes sociales que le fue enseñando su nieta y continúa sorprendiéndose. “Esa es la prueba de que uno nunca termina de aprender”, manifiesta.

Alberto tiene una gran vitalidad y contagia su filosofía de vida. Vive en barrio Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires, pero nació el 26 de julio de 1927 en Camagüey, Cuba.

A los cinco años emigró con su familia a la Argentina, tras fallecer de disentería dos de sus hermanos. Las pérdidas fueron muy dolorosas y por eso decidieron irse del país caribeño. Tiene un hermano menor, el pintor Víctor Chab, de 94 años, que también vive en Buenos Aires.

Hace 67 que se dedica a su profesión de psicoanalista. Desde 1977 pasó a ser miembro titular del Instituto de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), donde se desenvolvió como profesor y supervisor de casos clínicos. Llegó a trabajar 12 horas por día y ahora lo hace durante unas 10 horas semanales.

Cuenta que no tiene un secreto para su longevidad. “Las personas piensan que hago esto o aquello y se te arregla la vida. No es así”, resalta. Cree que es por la forma en cómo vive y aconseja: un buen descanso, actividad física no optativa sino obligatoria, alimentarse bien, tomar mucha agua, no comer viendo tele, leer, tener una compañero/a de vida. “Es un conjunto de cosas”, resalta.

Su vitalidad también es compartida, Alberto está de novio con Mary, de 90, desde hace dos años. Revela que son muy compañeros y se llevan muy bien. “Los dos somos viudos”, aclara.

Con ella camina entre cuatro y cinco kilómetros diarios, comparten salidas y lecturas. Además, le gusta jugar al golf: antes lo hacía a 18 hoyos, hoy a 9.

También destaca la excelente relación que tiene con su familia, con sus tres hijos y seis nietos. Y no cree que la genética tenga que ver con su longevidad. De hecho, cuenta, su padre murió a los 56 años. En cambio, explica que cree en la epigenética: “Durante la vida, los genes se van modificando y creando nuevos instrumentos de adaptaciones. Por eso es importante tener una gimnasia de vida”, remarca.

Y asegura que la idea del encuentro en redes sociales se aleja de lo psicoanalítico, donde la relación es verticalista. “Acá la relación es entre iguales”, indica.

“Hay una gran necesidad socializar. Los que se contactaron conmigo me contaron historias dramáticas: que están solos, que necesitan amigos, que no saben cómo hacer. Por eso veo la necesidad de promover encuentros”, destaca Alberto. Y resalta que las tecnologías son puentes que permiten a las personas conectarse. Tal cómo le sucedió a él.

En ese sentido, la terapeuta ocupacional Soledad Giménez, de Centro Hirsch, sostiene que las redes sociales ayudan a los adultos mayores a comunicarse con sus familias, con personas queridas que hace mucho no veían, a hacer nuevos amigos. Además, les permite entretenerse escuchando música o viendo películas.

“Las redes sociales les brindan una accesibilidad a todo eso y se les abrió un abanico de posibilidades”, asegura. Pero no solo eso –destaca Giménez–: también estimulan las funciones cognitivas, la memoria, la atención y la resolución de problemas. “Los favorece en las rutinas diarias: usar el celular como herramienta de recordatorios para tomar la medicación, los turnos médicos y reuniones”, asevera.

La especialista opina que las redes sociales son una ayuda para generar encuentros que son beneficiosos para la salud mental y física. “Porque implica estar en movimiento y tener una motivación para salir de la casa. Es un deseo de encontrarse con sus pares, a los que también le están pasando cosas similares. Muchas de las personas se sienten solas, y con las redes sociales pueden relacionarse”, destaca.

A la vez, describe que les permita a los adultos mayores fortalecer el vínculo con sus nietos, quienes los ayudan a manejarlas. Incluso, hay adultos que “se convierten en influencers” y despiertan mucha ternura en el público al verlos en los videos. Eso les permite tener mas seguidores”, finaliza.
/La Voz