Jueves 01 de Enero de 2026, 22:03
Bajo el sol radiante de "La Feliz", con gafas oscuras, gorra y un enterito de jean que denota comodidad, una mujer sonríe. No es la sonrisa de compromiso ante una cámara de televisión; es la sonrisa de quien ha conquistado un territorio personal. Es tucumana y ha tomado una decisión que para muchos es audaz y para ella, simplemente necesaria: recibir el Año Nuevo sola en Mar del Plata.Mientras la multitud se mueve en grupos, familias y parejas, ella camina a su propio ritmo. Al ser interceptada por un micrófono, su respuesta sobre la soledad desarma cualquier prejuicio de tristeza o abandono.
"¿Sola? Sola en el mar. He venido de vacaciones sola", afirma con una tranquilidad pasmosa.
Lejos de la melancolía que a veces se asocia a las fiestas en solitario, ella describe su estado actual con palabras contundentes: "Una felicidad completa y total. Una libertad extraordinaria".
Su viaje no es una huida, sino un encuentro. Dejó atrás el "Jardín de la República", ese lugar cálido y rodeado de montañas que ama, para buscar el contraste del horizonte infinito del Atlántico. "Es un regalo de Dios esto", dice mirando el entorno, reconociendo en la costa un paisaje familiar que visita desde que tenía ocho años, pero que esta vez tiene un sabor diferente.
La tucumana revela el verdadero motivo de su travesía solitaria. No se trata solo de descansar, sino de una búsqueda ontológica. En sus palabras resuena una lección poderosa: "Descubriendo quién puedo ser cuando no estoy con otros".
Para ella, el océano Atlántico no es solo agua salada; es una batería inmensa. "El mar tiene un poder tan extraordinario que vengo a que me dé un poquito de ese poder para seguir andando", confiesa. Busca energía, frescura y esa claridad mental que solo el ruido de las olas puede otorgar.
Sin horarios, sin compromisos familiares y abierta a compartir el cambio de año con desconocidos que, como ella, estén "esperando el año en el mar", esta viajera nos recuerda algo esencial: a veces, la mejor compañía para cerrar un ciclo y abrir uno nuevo es uno mismo.
En tiempos de hiperconexión, su escapada es un recordatorio de que la soledad elegida no es aislamiento, sino una oportunidad de lujo para recargar el espíritu.