La doble vida del narco detenido: padre y esposo en Yerba Buena, con amante y laboratorio de drogas en Manantial Sur

Martes, 16 de Julio de 2019 08:15

LOS RESULTADOS. Dos federales custodian la droga y el material que utilizaba la banda para estirar la droga que compraban en el norte del país.



“Flequillo” tenía un solo objetivo en mente: quedarse con el mercado que había manejado durante años Luis “Gordo Vaca” Vega, detenido en octubre de 2017 y condenado hace menos de un mes por comercialización de drogas.

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“Flequillo” contó con la ayuda incondicional de una persona cercana al narco penado. Nunca se imaginó que caería con la misma velocidad con la que creció con el negocio. “Flequillo” quedó tras las rejas acusado de dirigir una organización que se dedicaba a traficar, procesar, acopiar, estirar y comercializar cocaína en toda la provincia.

El sospechoso fue detenido el domingo por la noche junto a otras personas en Metán por personal de la Agencia Antidrogas Tucumán de la Policía Federal. En esa localidad salteña se habría intentado ocultar porque habría presentido que lo estaban persiguiendo. En dos automóviles trasladaban poco más de cuatro kilos de cocaína que, supuestamente, habían adquirido en Orán de un proveedor que conseguía la droga de Bolivia.

Su arresto fue mantenido en secreto. El fiscal federal Gustavo Gómez, con la autorización del juez Daniel Bejas, realizó nuevas medidas. Sabían que estaban ante una organización grande, pero no tan importante.

En la siesta del lunes, los investigadores se presentaron en tres viviendas del barrio Manantial Sur. En una de las casas encontraron precursores químicos, elementos de corte, objetos que son utilizados para estirar la droga y otros 14 kilos de cocaína. Con esos elementos confirmaron que la banda no sólo tenía poder de traficar importantes cantidades de droga, sino que además tenía una especie de laboratorio (también llamado cocina) para estirar la mercadería.


Según fuentes judiciales, el grupo desarticulado podría haber trasladado entre cinco y diez kilos de cocaína por semana.

En el sur de la ciudad, la habría estirado hasta siete veces, es decir que de un kilo, preparaban hasta siete. Luego, siempre de acuerdo a la versión aportada desde la Justicia Federal, la distribuían a los dueños de “quioscos” de Yerba Buena, Lules, Famaillá, Monteros, Concepción y Aguilares, entre otras ciudades del interior de la provincia.

“La investigación y los resultados que se consiguieron fueron muy importantes. Por el momento no se puedan dar a conocer mayores detalles, pero creemos que se trataría de una organización grande”, aclaró el juez Bejas, que prefirió mantener un prudencial silencio.

No es la primera vez que “Flequillo” aparece en causa por drogas. En abril pasado, personal de la Dirección General de Drogas Peligrosas (Digedrop) había allanado su vivienda en el marco de un megaoperativo donde se realizaron 22 medidas de estas características. No le encontraron nada. Al parecer, se habría mantenido fuera de acción durante varias semanas y, cuando creyó que las aguas ya se habían aquietado, siguió adelante con el negocio. Pero los federales nunca dejaron de investigarlo.

El acusado, al parecer, tenía una doble vida. Su domicilio real aparece en un barrio común de clase media de Yerba Buena. Allí vive junto a su esposa, empleada de la Municipalidad de esa ciudad y muy conocida y respetada por sus compañeros de trabajo.

Pero al mismo tiempo, según confirmaron fuentes policiales y judiciales, en Manantial Sur había convivido con otra mujer, en un domicilio muy cercano a donde se encontraba el laboratorio de la droga y a otro donde supuestamente se la guardaba. En el sur de la ciudad también fueron detenidas otras dos personas.

“Flequillo” rompió el molde de los narcos detenidos y condenados en los últimos tiempos. No tiene redes sociales y tampoco llevaba una vida cargada de lujos. El perfil bajo era lo suyo. Pero al parecer, su ambición de crecimiento, la codicia y el no haber cumplido con algunos pactos, le jugaron en contra en el ambiente.

Los números del negocio que llevaba adelante son muy fuertes y se maneja en dólares. Por semana compraba en promedio siete kilos de cocaína con una inversión de U$S 24.000. En su centro de estiramiento, habría multiplicado esa cantidad hasta obtener unos 49 kilos que comercializaba a unos U$S 245.000. El minorista, que normalmente le realiza un estiramiento más (los últimos secuestros indican que la droga que se consume tiene una pureza del 5% como máximo), transformaba los U$S 5.000 por kilo que compraba en al menos 13.000 dosis.


Fuente: https://www.lagaceta.com.ar/nota/812491/actualidad/cae-banda-tenia-hasta-laboratorio-para-estirar-cocaina-distribuia-interior.html