Tristeza por el fallecimiento de “Bartito”, el nene que luchaba contra el cáncer

Sábado, 10 de Abril de 2021 12:29

Bartolomé fue diagnosticado a finales de 2019 y se habían realizado diferentes campañas para ayudarlo. Ahora se conoció la noticia más triste.



Si preguntas en la calle por Bartolomé Mirande Cabello, es muy posible que nadie lo conozca. Es que ese era su nombre común, el del frágil universo de los humanos. En cambio al decir “Bartito“, aparece en el acto una sonrisa por parte de quienes lo conocieron.

A Bartolomé se le diagnosticó una grave enfermedad oncológica hacia fines de 2019. Luego de hacer lo que se pudo en Tucumán, fue derivado al prestigioso Hospital Italiano en Buenos Aires, en donde dio gran parte de la lucha. Bartolomé comenzaba a transformarse en “Bartito“, un héroe con una fortaleza única que lo hacía parecerse a su gran ídolo, Hulk “El Hombre Verde“.
 
Apenas decidido su viaje a Buenos Aires, Bartito comenzó a sacar a luz sus verdaderos poderes. El primer logro fue terminar con las rivalidades y mostrar el enorme caudal solidario del rugby tucumano. Fue así que en el club Cardenales, se congregó una inmensa cantidad de personas en un festival folclórico y benéfico. Allí se hicieron presentes,  representantes de una inmensa mayoría de los clubes de rugby de la provincia de Tucumán, en muchos casos, presidentes o expresidentes de instituciones varias. También músicos tucumanos que contribuyeron con su arte en una noche memorable.

La movilización silenciosa y siempre creciente de almas positivas, convocó a figuras de clubes de fútbol que dejaban mensajes en su cuenta de Instagram. Así se vieron camisetas de rivales históricos como la de San Martín de Tucumán y la de Atlético Tucumán, firmadas a por sus jugadores de ambas instituciones para juntar fondos para el tratamiento de Bartito. Su superpoderosa sonrisa fue capaz de unir a eternos rivales.


Los logros y los “poderes” de Bartito, le dieron a Bartolomé Mirande Cabello, la oportunidad de plantarse ante su enfermedad con una enorme sonrisa y su voz siempre “zezioza“, para enamorar a propios y extraños con su carita manchada con helado. No había nadie que pudiera resistirse al encanto de este “enano“, simpático y valiente que se llevaba por delante cualquier tratamiento. Una de sus bebidas secretas, que le concedían poderes inimaginables, era su vaso de “achilata“.

Hay momentos, situaciones, pequeños grandes milagros que se sucedieron a lo largo de este año y medio que duró la inmensa batalla de Bartolomé con su enfermedad. Puertas de desconocidos que se abrían, voces que llamaban para ayudar, que ofrecían todo a cambio de nada, que dibujaban esperanzas cuando las noticias  o la lectura de los resultados de algún análisis no daban motivos para festejo. Cada día en la vida de Bartito y su familia estaba lleno de emociones, de pequeñas y grandes batallas ganadas; de milagros concedidos. Siempre hubo tras la opción de bajar los brazos, una esperanza nueva o una de esas “casualidades” que parecían mensajes directos y que empujaban a avanzar en una dirección determinada, que daban fuerzas extras para no claudicar.

La absoluta fe de los padres, hermanitos y la familia toda de Bartito en que se iba a conceder un milagro fue dando espacio para que ese milagro sucediera. Un día con Bartito, era en sí un milagro hecho justo para él y todos los que lo amaban y lo aman pudieron y tuvieron tiempo de expresarle su amor su cariño su contención. No quedó puerta por tocar ni un “sí” sin conseguir. Todos pusieron todo lo que había para dar.

La enorme fe y entereza de Matías y Huertito -los padres de Bartolomé– era tan contagiosa y tan fuerte, que los llevaba por nuevos horizontes en donde se conjugaban lo conocido con lo nuevo, en un espacio común en donde la oración fue un factor siempre presente y determinante. Quien se acercaba a Bartito, casi por casualidad, caía seducido por el torbellino lleno de vida que él fue o es…

Sin rendirse, Bartito luchó como había que luchar. La distancia entre Bartolomé y Bartito se fue acortando de repente. El héroe que todo lo podía comenzó a vincularse más con el niño pequeño que depende de sus padres y seres queridos. Los abrazos se hicieron más largos y duraderos buscando calmar los sinsabores. Sin dar paso al desconsuelo, la fe que mueve montañas regaló a Bartolomé una nube de algodón mullido en la cual cobijarse.


En un ámbito de serenidad, cantos, rezos y amor en estado puro, Bartito hizo un profundo respiro y salió volando alto, llevándose a Bartolomé de la mano y dejando un arcoíris en donde el verde pareciera ser el color predominante. /eldiarioentucuman