Martes 06 de Enero de 2026, 08:03
La historia de Maia conmovió en redes tras un gesto solidario del influencer Jorgito Díaz y derivó en una colecta masiva que sumó ayuda privada y estatal.La semana pasada se viralizó en redes sociales el caso de Maia, una joven madre tucumana que vendía distintos artículos en la calle para poder mantener a sus hijos. El video, que rápidamente recorrió miles de pantallas, mostraba su dura realidad cotidiana y generó una fuerte reacción de empatía entre los usuarios.
En las imágenes aparecía el influencer Jorgito Díaz, quien sorprendió a la joven al regalarle 500 mil pesos en efectivo. La reacción de Maia fue inmediata: se largó a llorar de emoción ante un gesto que, según contó, significaba un enorme alivio para ella y su familia. El momento conmovió a miles de personas y el video se volvió viral en pocas horas.
A partir de esa repercusión, cientos de usuarios manifestaron su intención de ayudar. Frente a ese impulso solidario, Díaz decidió organizar una colecta aún más grande, con la que logró comprar electrodomésticos, juguetes para los chicos, una cocina y alimentos para joven madre. En las últimas horas, el influencer aseguró además que está intentando conseguir una casilla para que Maia y sus hijos puedan mejorar sus condiciones de vivienda.
Por otro lado, este lunes Maia también mantuvo una reunión con Federico Masso, ministro de Desarrollo Social, quien se comprometió a brindarle asistencia desde el Estado provincial y a acompañar su situación a través de los programas sociales vigentes.
El caso de Maia, que despertó una ola de solidaridad genuina, también invita a una reflexión más profunda. ¿Qué dice de nuestra sociedad que la ayuda llegue recién cuando la pobreza se vuelve viral? La asistencia puntual, aunque necesaria y valiosa en situaciones urgentes, no reemplaza la falta de políticas que generen oportunidades reales y sostenidas.
En Tucumán, como en muchas otras provincias, miles de personas atraviesan situaciones similares sin cámaras, sin videos virales y sin influencers que amplifiquen sus historias. Para ellas, la ayuda no llega. El riesgo es que el asistencialismo funcione como un paliativo momentáneo que calma conciencias, pero no transforma realidades. Sin acceso al trabajo, a la vivienda digna y a condiciones que permitan salir de la precariedad, la pobreza deja de ser una emergencia para convertirse en una condena silenciosa.