Jueves 15 de Enero de 2026, 20:22

El sadfishing afecta especialmente a adolescentes e influencers, quienes comparten su fragilidad en busca de empatÃa digital.
Las redes sociales han modificado de manera profunda la forma en que las personas expresan sus vivencias y emociones. La exposición de la intimidad, antes reservada a cÃrculos cercanos, se ha convertido en parte del dÃa a dÃa digital.
En este contexto, la búsqueda de empatÃa y reconocimiento público ha cobrado relevancia, dando lugar a dinámicas donde la vulnerabilidad se transforma en contenido compartido y valorado por miles de usuarios.El sadfishing, emergente entre adolescentes, celebridades e influencers, refleja las nuevas fronteras borrosas entre lo privado y lo público, y plantea interrogantes sobre las consecuencias de convertir el sufrimiento en un fenómeno viral.Compartir experiencias personales de dolor en busca de apoyo o reconocimiento se ha consolidado como una tendencia en plataformas digitales, según un análisis reciente de The Conversation junto a la Universidad Europea.
El sadfishing se ha hecho visible especialmente en redes como TikTok e Instagram, donde la exposición de la fragilidad se integra al relato colectivo y alimenta la dinámica social digital.De acuerdo con The Conversation, el término combina las palabras “triste†y “pescarâ€, aludiendo a quienes utilizan la tristeza como anzuelo para obtener atención emocional en el entorno virtual.
El sadfishing implica una estrategia consciente:
no solo se comparten emociones, sino que se busca una respuesta directa del público. Las interacciones —como los “me gusta†y comentarios de apoyo— refuerzan este ciclo de exposición.
Abundan los ejemplos de jóvenes mostrando lágrimas en TikTok, confesiones tras rupturas en Instagram y relatos de influencers sobre su salud mental, en una dinámica cada vez más frecuente en la vida digital, según The Conversation.
Perspectiva psicológica: validación y pertenencia
Cuando la autoestima depende de las reacciones de otros, mostrar la propia fragilidad se convierte en una vÃa para sentirse aceptado y visible. El reconocimiento de la vulnerabilidad genera una sensación de pertenencia, tanto por el contacto como por la validación pública.
Este tipo de exposición puede ofrecer un sostén emocional a quienes lo practican.
Sin embargo, también se relaciona con mecanismos de regulación emocional y estilos de apego ansioso. The Conversation advierte que el uso emocional de las redes está vinculado a procesos que requieren atención clÃnica y educativa.
Para muchos, mostrar emociones —incluso las más difÃciles— es una extensión de su interacción social online. AsÃ, la distinción entre autenticidad y puesta en escena se vuelve cada vez menos clara.
Autenticidad, riesgos y debates
El sadfishing plantea dudas sobre la autenticidad y los motivos de quienes comparten su dolor en redes.
Distinguir entre una reacción genuina y la dramatización resulta complejo, ya que lo que para algunos es exageración, para otros es una forma de catarsis.
Los psicólogos citados por The Conversation explican que
el contexto y la frecuencia ayudan a identificar si se trata de un desahogo saludable o de una búsqueda constante de atención.
Esta exposición conlleva riesgos
: junto al apoyo, puede aparecer burla, rechazo o acoso digital. Además, depender de la validación social debilita la autogestión emocional y puede generar un ciclo adictivo de búsqueda de respuestas, sostenido por la llamada “recompensa intermitenteâ€.
El sadfishing no se limita a los adultos; en adolescentes, puede trivializar problemas de salud mental y convertir la vulnerabilidad en espectáculo.
The Conversation sugiere fortalecer la alfabetización emocional y crear espacios de apoyo, para que la expresión del malestar sea una decisión consciente y no un acto impulsivo. Compartir emociones en redes puede ser un intento de hallar comprensión, pues detrás de cada pantalla hay quienes buscan ser reconocidos en su fragilidad. /
Infobae
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