
Sábado 17 de Enero de 2026, 00:05
El asesinato de Joaquín Ibarra, de 21 años, ejecutado a sangre fría en el barrio Julio Abraham, provocó una conmoción nacional que se vio agravada por la difusión de mensajes de apoyo a los acusados del homicidio. Mientras la familia de la víctima exige justicia, allegados a Thiaguito y El Chuequito —detenidos e imputados por homicidio con alevosía y alojados en el Instituto de Menores Roca— publicaron posteos que relativizan el crimen y banalizan la muerte.
Entre las publicaciones que encendieron la indignación social, una joven identificada como Pau M. escribió en Instagram: “Y el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Lo cometiste y si tenés que pagar lo harás hasta el final, mi vida. Te amo”. El mensaje, lejos de empatizar con la víctima, apela a la comprensión del acto y desplaza el foco del daño irreparable causado.
Otro posteo, de Jazmín M., reforzó esa lógica: “Te moquiaste nomás, ura. Me dijiste que ibas a hacer las cosas bien. Ahora quién me gritará de la esquina”, una frase que naturaliza la violencia como un error menor. En la misma línea, un amigo de los detenidos prometió un pronto regreso “de este lado” y musicalizó el mensaje con Libertad para ti, de Cachumba, mientras Agustina C. aseguró: “Las rejas no son para siempre. Te esperaré”.
Las reacciones no tardaron en llegar. En redes sociales, el repudio fue inmediato y transversal: “Un pibe bueno asesinado no merece que estas mierdas humanas se burlen con sus publicaciones”, sintetizó uno de los comentarios más compartidos. El enojo no apunta solo a los mensajes, sino al trasfondo que los sostiene: la romantización de la violencia, la minimización del homicidio y la ausencia de toda consideración por la vida truncada y el dolor de una familia.
En un contexto de duelo y reclamo de justicia, estos posteos no solo resultan ofensivos: erosionan el pacto social básico que condena el asesinato y banalizan una muerte que exige verdad, responsabilidad y consecuencias.