Sábado 17 de Enero de 2026, 06:36
Una mañana que transcurría con absoluta normalidad en el barrio 200 Viviendas de Famaillá terminó convertida en una escena de devastación. El incendio de gran magnitud, originado en un depósito de garrafas lindante, provocó explosiones en cadena y destruyó por completo dos viviendas contiguas, dejando a dos familias sin hogar y con al menos una mujer internada por las lesiones sufridas durante la huida desesperada.
El siniestro se desató pasadas las 10, cuando en una de las casas se encontraban varios integrantes de una misma familia.
Víctor Salinas relató que todos estaban despiertos y abocados a las tareas cotidianas. En la vivienda residían su abuela,
Gladys Villafañe —propietaria del inmueble—, junto a su madre, una tía y tres hermanos menores, mientras que en el fondo del terreno se encontraba su cuñada con sus tres hijos pequeños.
La tranquilidad se quebró de manera abrupta con una fuerte explosión. Erika Ibarra, vecina y una de las damnificadas, acababa de regresar del centro cuando comenzó a percibir que algo no estaba bien. Mientras lavaba los platos, las paredes de su casa comenzaron a ceder y, casi de inmediato, observó cómo las garrafas del depósito colindante salían despedidas por el aire y explotaban una tras otra.
Con sus tres hijos durmiendo en una habitación, no tuvo margen para dudar y escapó por el fondo hacia la casa de otros vecinos para salvar sus vidas.
El dramatismo de la escena se profundizó cuando, en medio de la confusión y el pánico, Gladys Villafañe logró salir junto a los menores. Su hija, Deolinda Salinas, contó que todo ocurrió en cuestión de segundos. En la desesperación, otra de sus hijas cayó al suelo durante la huida y sufrió la fractura de dos costillas, además de un golpe abdominal, por lo que debió ser trasladada a un centro de salud, donde permanece internada.
Más allá de las pérdidas materiales, los testimonios coinciden en un fuerte reclamo por lo que consideran una tragedia evitable. Los vecinos aseguraron que desde hacía tiempo advertían sobre el fuerte olor a gas y la supuesta irregularidad del depósito ubicado a escasos metros de las viviendas.
Según relataron, los reclamos fueron reiterados, pero desoídos. “No puede ser que haya un lugar donde se vende gas pegado a una casa”, lamentó Deolinda, visiblemente indignada.
El fuego no solo consumió las estructuras, sino también recuerdos, pertenencias y el patrimonio de toda una vida. Entre las pérdidas se encuentran los bienes que el esposo de Gladys había dejado antes de fallecer, además de animales que no lograron escapar de las llamas.
“Se quemó todo, quedamos destrozados”, expresó Deolinda, quien exigió que los responsables den explicaciones y se hagan cargo de las consecuencias.
Mientras tanto, las familias afectadas enfrentan la incertidumbre de no tener dónde vivir, en medio del dolor y la bronca por una tragedia que, aseguran, pudo haberse evitado.