
Lunes 19 de Enero de 2026, 00:13
El conflicto, que continúa enfrentando a las fuerzas de la coalición "Ta’asis" (Fundación) contra el Ejército en Puerto Sudán, ha provocado una de las mayores crisis humanitarias del mundo, según datos de las Naciones Unidas.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informó este 12 de enero de 2026 que más de 2.200 personas fueron desplazadas la semana pasada desde la localidad de Al-Abbasiya y Kadugli, en el estado de Kordofán del Sur, dirigiéndose hacia el estado del Nilo Blanco.
Por su parte, la coordinadora residente y de asuntos humanitarios de la ONU en Sudán, Denise Brown, encabezó una misión de evaluación al campo de refugiados de Al-Affad, en el Estado Norte, donde las autoridades informaron que el lugar alcanzó su capacidad máxima de 3.000 familias.
Desde la oficina señalaron: "Entre 60 y 80 familias nuevas llegan diariamente al campo desde las regiones de Darfur y Kordofán. Solo hay 100 baños utilizables, una cifra muy por debajo de los 800 estimados como necesarios".
En este contexto, la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) hizo un llamado urgente para "conseguir fondos adicionales que permitan a los socios humanitarios ampliar la asistencia vital y contribuir a evitar una catástrofe humanitaria aún mayor en todo Sudán".
Explicaron que el objetivo es asistir a 20 millones de personas a través del plan de necesidades y respuesta humanitaria, valuado en 2.900 millones de dólares estadounidenses.
Colapso del sistema de salud
Paralelamente, la Red de Médicos de Sudán lanzó una advertencia sobre el inminente derrumbe del sector sanitario en los estados de Darfur y Kordofán, detallando que el conflicto continuo "ha destruido el 90% de las instalaciones médicas".
En un informe reciente, alertaron sobre un colapso casi total del sistema de salud en estas regiones: "Si no se actúa ahora, lo que queda del sistema en las zonas de conflicto podría desmoronarse por completo en semanas, poniendo en riesgo a millones de civiles, especialmente a niños, mujeres y personas con enfermedades crónicas".
El reporte indicó que se registraron "136 ataques contra centros de salud desde el estallido del conflicto el 15 de abril de 2023 hasta finales de ese año, dejando un saldo de 238 muertos y 214 heridos; mientras que en la primera mitad del año anterior hubo 13 ataques a instalaciones médicas, con 16 fallecidos y 148 heridos".
La OCHA ya había advertido que "la creciente inseguridad en toda la región de Kordofán está paralizando los servicios de salud y provocando nuevas olas de desplazamiento, haciendo que los civiles paguen un precio altísimo".
El organismo reiteró su pedido a todas las partes para el cese inmediato de los ataques contra civiles e infraestructura civil, el respeto al Derecho Internacional Humanitario y la garantía de un acceso rápido, seguro y sin trabas para la ayuda humanitaria.
Una crisis compleja
Mientras tanto, El Cairo recibe este miércoles 14 de enero de 2026 la quinta reunión del Mecanismo Consultivo para fortalecer y coordinar los esfuerzos de paz en Sudán, buscando impulsar las vías para detener una guerra interna que lleva más de dos años y medio.
El «Mecanismo Consultivo», formado tras el estallido de la guerra a mediados de abril de 2023, integra a cinco organizaciones multilaterales clave: la Unión Africana, la Unión Europea, la IGAD, la Liga Árabe y la ONU. Previamente, se celebraron reuniones en Egipto, Yibuti, Mauritania y Bruselas para coordinar las iniciativas de paz.
En sintonía con estos esfuerzos, los países del "Cuarteto" —Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos— trabajan para lograr un alto el fuego.
La iniciativa de la Cuarteta enfatiza la necesidad de agotar todas las instancias para resolver el conflicto armado, presionando a las partes para proteger a los civiles y la infraestructura, garantizar el acceso humanitario y asegurar la zona del Mar Rojo, además de excluir a los grupos armados que han avivado el conflicto.
Sin embargo, el bando de Puerto Sudán, liderado por Abdel Fattah al-Burhan, rechazó la iniciativa del Cuarteto, mientras que el gobierno de "Ta’asis" dio su visto bueno a la propuesta y anunció una tregua humanitaria de tres meses.
La postura de rechazo a poner fin a la guerra por parte de Puerto Sudán fue ratificada ayer, 13 de enero, por Mustafa Tambour, líder del Movimiento de Liberación de Sudán y aliado de las fuerzas de Burhan.
Tambour confirmó que el Ejército "sigue adelante con sus operaciones militares hasta recuperar el control total e imponer la soberanía del Estado", asegurando que la situación operativa es, según sus palabras, tranquilizadora.
Una patria secuestrada
Observadores internacionales atribuyen el rechazo de Burhan a las iniciativas humanitarias al control que ejerce la ???mandad de los Hermanos Musulmanes sobre Puerto Sudán, buscando reposicionarse en el poder a cualquier costo.
Cabe recordar que Estados Unidos impuso sanciones al Secretario General del Movimiento Islámico en Sudán, Ali Karti, por su rol en avivar la guerra y obstaculizar la paz. Asimismo, sancionó al batallón islamista "Al-Baraa bin Malik" por su estrecha participación en la continuidad del conflicto y sus vínculos con Irán, medida que también alcanzó al ministro de Finanzas en Puerto Sudán, Gibril Ibrahim.
Según Al-Tom Hajj Al-Safi Zain Al-Abidin, experto en relaciones internacionales, lo más grave de lo que ocurre en Sudán no es solo la multiplicidad de milicias, sino la falsificación del propio concepto de patria.
"Se ha forzado la adhesión del aparato de seguridad del Movimiento Islámico, el Cuerpo de Operaciones y la brigada Al-Baraa al Estado, presentándolos ante la opinión pública como los ’protectores de la patria’, cuando la verdad es que son milicias orgánicas directas, creadas para proteger un proyecto ideológico y no al pueblo", explicó.
El experto agregó: "Estas formaciones no surgieron de un pacto nacional, ni se sometieron jamás a un mandato popular o control constitucional. Nacieron como brazos del partido; su lealtad es a la idea, no al Estado; al liderazgo partidario, no a la institución, y usaron la violencia como herramienta política. Sin embargo, lograron instalar la ecuación más peligrosa en la historia moderna de Sudán: quien se opone a estas milicias es tachado de enemigo de la patria. Esto no es propaganda pasajera, es una insolencia política total que busca asfixiar cualquier voz crítica y criminalizar cualquier intento de rendición de cuentas".
Y concluyó: "La guerra fue el mayor regalo para la organización. Bajo el lema de la ’necesidad’ volvieron las viejas redes, se reciclaron los cuadros y las milicias dieron un paso adelante mientras el Estado retrocedía dos. Cada postergación de la vida civil fue una inversión, cada caos fue aprovechado, y cada lágrima y gota de sangre se convirtieron en la excusa para recuperar el poder. El resultado es claro: una sociedad agotada, un Estado más débil y una organización mucho más adherida a los resortes del poder".