“Caños más caros implican menor rentabilidad del proyecto, menores inversiones, menos empleo, menos exportaciones”, afirmó. Y agregó que, dado que el precio del gas está regulado, ese mayor costo “lo hubiéramos pagado quizás con un precio mayor de la energía para miles de empresas (incluyendo pymes) y consumidores”.
“Es el costo argentino que le dicen”, remató.
Sturzenegger también vinculó la decisión con los efectos macroeconómicos de la apertura comercial. “Recordemos que cada importación genera la necesidad de una exportación”, sostuvo, y señaló que importar insumos más baratos puede mejorar el tipo de cambio real y generar “rentabilidad en otras industrias de exportación con innumerables beneficios de eficiencia, empleo y riqueza”. En ese sentido, advirtió que
“no proveerse de insumos más baratos sería un mal negocio para las empresas y para el país”.
El funcionario aprovechó para enlazar el caso con la agenda de reformas estructurales.
“Si queremos ser competitivos no podemos imponer ineficiencias laborales (¡hola modernización laboral!), ni sobrecostos en los insumos”, escribió, y alertó que tolerar esos costos impide “quebrar nuestras décadas de estancamiento”.
La controversia se profundizó cuando, según el propio Sturzenegger, Techint habría señalado luego de conocer las ofertas que podía igualar el precio, reduciendo su propuesta en un 40%, y que además reclamó un derecho de “first refusal”, es decir, la posibilidad de mejorar cualquier oferta presentada por un competidor. “Epa!”, ironizó el ministro al mencionar ese giro.
Sin embargo, sostuvo que ni siquiera bajo esas nuevas condiciones debería cambiarse la adjudicación para favorecer a la empresa local. Por un lado, argumentó que otorgar un derecho de preferencia desalienta la competencia:
“Es probable que no se presenten muchos oferentes. Sabrían que muchas ofertas que hagan serían inútiles porque habrá una empresa que podrá ganarles luego”. El resultado, advirtió, sería “mucha menos competencia futura en el sector y, eventualmente, costos más altos”.
Por otro lado, alertó sobre el impacto en la credibilidad de las licitaciones. Si una empresa ganadora es desplazada luego de presentar su oferta, “el proveedor extranjero diría: ‘me presento en una licitación y luego me birlan mi oferta’”. “¿El resultado? A nadie le interesaría competir en el futuro para proveer insumos baratos a esta industria”, escribió.
Para Sturzenegger, el desarrollo de Vaca Muerta exige una mirada de largo plazo. “Va a representar oportunidades increíbles en los próximos años. Habrá negocios, empleo y riqueza para crear para todos”, señaló, pero subrayó que eso solo será posible si se respetan “los contratos y las reglas de juego”. /
Clarín