Sábado 24 de Enero de 2026, 23:30

EN BUSCA DE AYUDA. Probaron suerte en Tucumán, pero no les fue bien y ya grandes y enfermos, a Pablo Martearena no le quedó otra que volver a su Salta natal en busca de solidaridad.
En plena avenida Belgrano, frente al Museo de la Catedral de Salta, Pablo Martearena, permanece desde hace varios días con un cartel en la mano. No es una protesta ni una manifestación política: es el último recurso de un hombre que, tras haber trabajado más de tres décadas, hoy se encuentra sin ingresos suficientes y separado de su familia por la falta de recursos.“Jamás pensé que íbamos a estar pasando por algo así”, relató Pablo. Oriundo de Salta, explicó que junto a su esposa y sus tres hijos se mudaron a Tucumán tiempo atrás por una propuesta laboral, luego de atravesar dificultades económicas. “Al principio las cosas andaban medianamente bien, incluso pensábamos en comprar un terrenito para quedarnos”, recordó.
Sin embargo, la situación se agravó rápidamente. Perdieron el trabajo y los problemas de salud de su esposa se multiplicaron. “Ella tiene diabetes, problemas de tiroides, de columna, de la vista… una serie de enfermedades. Según los estudios tiene más del 70% de discapacidad, pero igual le negaron la pensión”, explicó.
Martearena contó que, pese a haber trabajado “treinta y pico de años”, solo percibe una pensión mínima para adultos mayores. “Es una miseria, con eso no se puede vivir”, afirmó.
A la falta de ingresos se sumó el conflicto habitacional: el dueño del inmueble que alquilaban comenzó a aumentar el alquiler de manera constante. “Hoy nos estaba cobrando casi 380 mil pesos, más la luz y las expensas. Es imposible”, sostuvo.
Aunque aseguró que nunca se atrasaron con el pago, la situación se volvió insostenible. “Hace varios días estamos prácticamente en la calle. El dueño no nos quiere entregar nuestras cosas hasta que se le pague lo que falta, que son unos 350 mil pesos”, detalló. De los cuales algo ya logró juntar por la colaboración de salteños solidarios y ahora le falta menos. Ante este escenario, Pablo tomó una decisión extrema: regresar solo a Salta para pedir ayuda. “Es lo único que me quedaba. Acá la gente me conoce, no podía ir a otro lado”, explicó. Su familia quedó en Tucumán, contenida por conocidos, mientras él intenta reunir el dinero necesario para el pasaje y para regularizar la deuda.
El costo del pasaje es otro obstáculo. “El más barato está 30 mil pesos. Antes había una promoción, pero ya no está”, señaló. Mientras tanto, pasa sus días ubicado con su cartel en el centro de la ciudad y, por las noches, busca refugio en la terminal de ómnibus.
“No soy un delincuente ni un adicto. Vine por necesidad. A veces me dejan quedarme en la terminal y por lo menos descanso un poco”, contó. En muchos casos, asegura, pasa el día sin comer. “Me mantengo con agua y alguna medialuna que me acercan. Ni para un mate alcanza”, dijo.
Agradeció especialmente a
Carmencita Cruz, una maestra jubilada que se acercó a ayudarlo, y a empleados del Banco Macro que también colaboraron. “El apoyo moral también suma”, reconoció.
Pablo permanece todos los días, hasta entrada la noche, en la esquina de avenida Belgrano y Mitre, frente al Museo de la Catedral. Allí recibe a quienes se acercan solidariamente. También dejó un número de contacto (381 5766914) y un alias bancario a nombre de su esposa, Miriam, que figura en el cartel que sostiene.
“Apelo a la solidaridad de los salteños. Siempre Salta fue mi casa y siempre hubo gente buena”, expresó con emoción. Y cerró con una reflexión cargada de tristeza: “Después de haber trabajado toda la vida, nunca imaginé pasar por esto. Pero sigo de pie, esperando poder volver con mi familia”. /
El Tribuno
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