Jueves 29 de Enero de 2026, 22:43
El crimen de Érika Antonella Álvarez no solo conmocionó a Tucumán por su brutalidad, sino que abrió una trama mucho más amplia y compleja, con ramificaciones que exceden largamente las fronteras provinciales y nacionales. En el centro de ese entramado aparece un nombre que inquieta a fiscales e investigadores: C. F. B., de nacionalidad paraguaya, conocido en el mundo del hampa como “El Mayor”.Se trata de un hombre señalado como el líder de una organización criminal de escala internacional, con antecedentes en el tráfico de grandes volúmenes de droga y conexiones que, según los expedientes judiciales, se extienden entre Paraguay y Argentina. Su presunto vínculo sentimental y económico con la víctima agrega una dimensión transnacional a una causa que ya se perfila como una de las más sensibles de los últimos años en Tucumán.
Un peso pesado del tráfico aéreo
“El Mayor” no es un nombre desconocido para los investigadores especializados en narcotráfico. De acuerdo a distintas causas judiciales, habría encabezado una estructura dedicada al traslado de marihuana desde Paraguay hacia territorio argentino, utilizando rutas aéreas clandestinas como principal método de transporte. Ese modus operandi —costoso, complejo y altamente riesgoso— lo ubica en un escalón superior dentro del crimen organizado.
Su figura ganó notoriedad pública en Paraguay tras un polémico fallo judicial que absolvió a un piloto de avión que habría operado bajo sus órdenes. Ese antecedente alimentó sospechas sobre el alcance de su poder y su capacidad para moverse en los márgenes del sistema judicial.
El paso por Tucumán y una captura clave
En junio de 2021, su rastro apareció en el sur tucumano durante un operativo que inicialmente tenía otro objetivo. Interpol buscaba a un sicario conocido como “El Carnicero”, pero el procedimiento realizado en la ciudad de Alberdi derivó en la detención de C. F. B., quien se identificó como “Carlos”.
La sorpresa llegó cuando se confirmó que sobre él pesaba un pedido de captura vigente de la Justicia Federal de Chaco, vinculado al envío de aproximadamente 1.200 kilos de marihuana en el año 2010. Tras su arresto, fue extraditado bajo un fuerte operativo de seguridad. Dos años después, en 2023, regresó a Tucumán, período en el que —según surge de la investigación— habría iniciado su relación con Érika Antonella Álvarez.
El sostén económico y el entorno de la víctima
Familiares y personas del entorno de la joven de 25 años declararon que “El Mayor” mantenía una relación sentimental con ella y que, aunque no convivían de manera estable debido a los problemas de adicción que atravesaba Érika, era quien la sostenía económicamente.
En ese contexto, se estableció que C. F. B. alquilaba una propiedad en la zona de El Cadillal, que habría sido utilizada para reuniones y fiestas privadas. Según los testimonios incorporados al expediente, Érika participaba con frecuencia de esos encuentros, un dato que refuerza la hipótesis de un entorno marcado por el consumo de drogas y la presencia de personajes vinculados al delito.
El interrogante que desvela a los investigadores
Para los especialistas en crimen organizado, la aparición de un líder narco de este calibre en el expediente plantea una pregunta inevitable y perturbadora: ¿es posible asesinar a la pareja de un hombre con semejante poder sin que él lo sepa o lo consienta?
Esa duda atraviesa hoy el corazón de la investigación. La hermana de la víctima, Marianella Álvarez, aportó además un dato que amplía aún más el escenario: el detenido también estaría vinculado a la distribución de éxtasis en fiestas electrónicas, lo que refuerza la idea de un circuito de drogas sintéticas y reuniones privadas de alto riesgo.
La principal hipótesis de la fiscalía apunta a que “El Mayor” pudo haber sido el nexo entre Érika y Felipe “El Militar” Sosa, el exmilitar acusado del crimen. Mientras la instrucción avanza, la Justicia intenta determinar si el narco paraguayo fue apenas un testigo silencioso de los hechos o un actor necesario dentro de una trama oscura que terminó con el cuerpo de Érika Antonella Álvarez abandonado en un basural.
El caso sigue abierto, y cada nuevo dato profundiza una investigación que ya no solo interpela a Tucumán, sino que expone el cruce entre narcotráfico, violencia y vulnerabilidad en una historia que aún tiene demasiadas preguntas sin respuesta.
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