Viernes 30 de Enero de 2026, 18:03
El virus Nipah volvió a quedar bajo la lupa de los organismos sanitarios internacionales tras la detección de nuevos brotes aislados en Asia durante enero de 2026. Aunque se trata de una enfermedad poco frecuente,
su elevada tasa de letalidad y la falta de tratamientos específicos lo convierten en uno de los patógenos más vigilados del mundo.
El Nipah (NiV) es un virus zoonótico, es decir,
puede transmitirse de animales a humanos y, en determinadas circunstancias, también entre personas. Fue identificado por primera vez en 1999, durante un brote ocurrido en Malasia y Singapur, vinculado a criadores de cerdos.
Desde entonces, los sistemas de vigilancia epidemiológica siguen su evolución de manera constante, especialmente tras la reciente aparición de casos en la India, que reactivó controles sanitarios y monitoreos en aeropuertos de la región.
El virus circula principalmente en el sur y sudeste asiático. Sus reservorios naturales son los murciélagos frugívoros del género Pteropus, conocidos como zorros voladores, que pueden transmitirlo a otros animales y, en ciertas condiciones, a los humanos.
Hasta ahora,
los brotes en personas se registraron únicamente en Bangladesh, India, Malasia, Filipinas y Singapur. Si bien se detectaron anticuerpos en murciélagos de otras regiones del mundo, no se confirmaron contagios humanos fuera de Asia.
A diferencia de otros virus respiratorios, el Nipah no se propaga con facilidad.
El contagio entre personas requiere contacto estrecho con fluidos corporales, lo que reduce el riesgo de una expansión masiva cuando existen controles adecuados.
El período de incubación suele ser de entre 4 y 14 días, aunque en casos excepcionales puede extenderse.
Los primeros síntomas son generales y pueden confundirse con otras infecciones: fiebre alta, dolor de cabeza, dolores musculares, fatiga, náuseas y vómitos.
En algunos pacientes aparecen síntomas respiratorios, pero el mayor peligro se presenta cuando el virus afecta el sistema nervioso central y provoca encefalitis aguda. En esa etapa pueden registrarse confusión, desorientación, convulsiones, somnolencia extrema y pérdida de conciencia.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud,
la tasa de mortalidad del virus Nipah oscila entre el 40% y el 75%, una de las más altas entre los virus emergentes. En quienes sobreviven, pueden quedar secuelas neurológicas, e incluso se han documentado recaídas tiempo después de la infección inicial.
Actualmente no existe una vacuna aprobada ni un tratamiento antiviral específico. El abordaje médico se limita a cuidados intensivos de soporte, lo que refuerza la importancia de la prevención.
Entre las principales recomendaciones se encuentran evitar el contacto con murciélagos y animales enfermos, no consumir savia de palma datilera cruda o fermentada, lavar y pelar frutas antes de ingerirlas, no comer alimentos caídos al suelo, extremar la higiene de manos y evitar el contacto estrecho con personas con síntomas compatibles.
Los organismos internacionales consideran al virus Nipah una amenaza epidémica prioritaria y continúan investigando vacunas y terapias experimentales, incluidos anticuerpos monoclonales y antivirales.
En cuanto a la situación en Argentina y América Latina, hasta el momento no se registraron casos. Los especialistas coinciden en que el riesgo para la población general es extremadamente bajo y destacan que la vigilancia temprana y la información clara son claves para evitar alarmas innecesarias.