Para desalentar la imparable ola de compra de dólares, el Gobierno piensa en aplicar nuevos impuestos

Jueves, 13 de Agosto de 2020 06:40

La capacidad disuasoria del impuesto PAIS quedó sobrepasada por efecto de la brecha con el blue. Los funcionarios creen que se precisan medidas tributarias.



Una idea está cobrando forma en el Gobierno: el impuesto PAIS se quedó corto y ya no es suficiente como para desestimular la compra de dólares.

La fuerte salida de capitales –que incluso en un marco de medidas restrictivas obligó al Banco Central a volver a vender divisas- encendió una alarma.

De manera que se analiza la forma de impedir que la situación empeore, y todo apunta a que la contención a la salida de dólares vendrá de la mano de novedades en el área impositiva.

El tema formaba parte de las preocupaciones de los funcionarios ya desde la campaña electoral, cuando se formularon las propuestas programáticas para revertir la crisis económica. Y tomaron fuerza a la luz del comportamiento del mercado en los últimos días.

El arranque de agosto implicó días récord de compra de dólares al tipo de cambio oficial, lo cual incluyó el colapso de páginas web de los bancos.

Ya se da por descontado que la demanda de julio –más de cuatro millones de compradores, por una cifra que podría ubicarse en u$s 750 millones- será superada en agosto.

Si se lo mira en perspectiva, implica una tendencia creciente que a esta altura luce imparable y que no hace descabellado suponer que, incluso con las medidas restrictivas para perseguir "coleros digitales", se podría llegar a un nivel de fuga de u$s1.000 millones por mes.

En ese marco, el Central tuvo que volverá vender, con jornadas en las que se desprendió de reservas por más de u$s100 millones.

Hubo un momento en el que se especuló que el fenómeno de la alta demanda de divisas podía estar ligado a la incertidumbre por la negociación con los acreedores de la deuda.

Pero el anuncio del acuerdo sobre el canje pasó, y a pesar del triunfalismo y las señales de optimismo que transmitió el Gobierno, no hubo muestras de retracción por parte de los ahorristas.

Lo cual terminó de convencer –tanto a funcionarios como al sistema financiero- que la demanda no obedece a una cuestión coyuntural sino que se trata de una tendencia firme.

Y el impuesto PAIS, que en su inicio parecía un disuasivo eficaz, ya no es lo que era. Ocurre que el peso de este impuesto tiene una relación directa con el dólar del mercado paralelo.

Cuando recién se había instaurado, el "dólar solidario" era más caro que el blue, lo cual hacía muy onerosa la compra al tipo de cambio oficial.

Hoy, por el contrario, cada vez que un argentino compara su cuota de u$s 200, siente que le subsidiaron unos $ 7.000, por la diferencia de cotización.

Lo que pone una nota de urgencia es la perspectiva es que la cosa empeore, sobre todo si se tiene en cuenta que hay factores que hoy juegan a favor pero que se empezarán a revertir.

Por caso, que los dólares que hoy aporta la exportación agrícola empezarán su merma estacional, mientras que ciertos rubros de la demanda hoy reprimidos –como la compra de divisas para el turismo- irán gradualmente recomponiéndose.

Respecto del ingreso de dólares, hay quienes ponen en duda que el saldo de la balanza comercial sea tan voluminoso como se había proyectado.

Por caso, el consultor Salvador Di Stefano, especializado en temática agropecuaria, sostiene que ante la perspectiva de sequía, la producción será menor.

Su pronóstico es que, en el mejor de los casos habrá un superávit de u$s14.000 millones, bien por debajo de los u$s18.000 que espera el Gobierno.

Pero, más allá de cuál sea la cifra, lo que los analistas están viendo es la dificultad del Gobierno para hacer que ese superávit comercial vaya a engrosar las reservas del Central en vez de terminar debajo de los colchones.

"La divergencia entre la evolución de los pagos de importaciones y los embarques sigue siendo clara, mientras las compras de divisas de minoristas para atesoramiento escalan y alcanzaron u$s618 millones en junio", apuntó un reporte de la firma de gestión de activos SBS. Su conclusión es que "el alto superávit de cuenta corriente no alcanza para sostener la estrategia de acumulación de reservas que planteó el gobierno a fin del año pasado".

Y hay pronósticos de que la cosa empeore.

"La estacionalidad del agro y la apertura de Ezeiza empeorarán las cosas. Por eso creemos que el ajuste en el tipo de cambio tendrá que hacerse de una u otra manera. Nos inclinamos por la posibilidad de una aceleración del crawling-peg", indica un reporte de Consultatio, que descarta la posibilidad de un salto devaluatorio.

La demanda masiva de dólares para turismo es un peligro por ahora neutralizado, pero inevitablemente latente.

El año pasado, el déficit neto por ese concepto fue de u$s2.600 millones, y pese al marco de una devaluación fuerte por la incertidumbre política y el fracaso del plan estabilizador.

Ahora, la pandemia hizo que ese rubro quedara "invernando", pero aun así ya hay un pequeño rojo en esa cuenta: u$s657 millones en el primer semestre, que seguramente se verá acrecentada a futuro por eventos promocionales como el Hot Sale y las perspectivas de reapertura de vuelos.

Pero, sobre todo, lo que genera perspectivas de estrangulamiento en el frente cambiario es la reactivación económica.

Una típica paradoja argentina: la buena noticia de que la industria está retomando sus niveles de producción pre-crisis implica una mayor necesidad de dólares para la importación de insumos.

Es algo que hizo que las duras restricciones del Banco Central –que en su inicio afectaron a casi 80% de los importadores- luego haya tenido una marcha atrás. Eso hace que sea difícil de repetir la situación de junio, cuando por las restricciones Miguel Pesce pudo comprar unos u$s 670 millones y pudo recomponer las reservas.

Un castigo tributario a la "timba"

En definitiva, nadie cree que la situación actual pueda extenderse sin que haya algún tipo de medidas.

La gravedad de la situación es tal que en la City porteña una de las actividades favoritas por parte de los analistas es adivinar qué nuevas restricciones pueden venir para desahogar la situación del Banco Central.

Casi nadie cree que haya un cierre en el cupo de u$s200 que hoy está abierto al público, porque sería una señal muy negativa desde el punto de vista político. Tampoco hay señales de que se quiera aceptar la sugerencia de un desdoblamiento cambiario.

Sin embargo, hay otras posibilidades que son vistas como factibles. Por caso, desde Consultatio señalan: "Creemos que no pasará demasiado tiempo hasta que deban endurecerse nuevamente los controles cambiarios". Y enumeran como posibilidades un "parking extendido" –para restringir las operatorias de "contado con liqui y dólar bolsa-, un mayor control a las importaciones y más cargos para el turismo emisivo.

Desde ámbitos afines al Gobierno, como los medios de comunicación donde escriben ex funcionarios se ha planteado la necesidad de cambiar la forma de gestión de las importaciones. Por caso, una columna de Guillermo Moreno reclamó que se cortara la libre disponibilidad de divisas para los importadores de bienes de lujo, como autos de alta gama.

Lo cierto es que los funcionarios están analizando estos temas, que ya forman parte oficialmente de la agenda en el nuevo gabinete de temas económicos y de comercio exterior. Saben que en la medida en que no se actúe rápido hay un riesgo de una mayor brecha entre el dólar paralelo y el oficial.

Las señales más concretas sobre por dónde pueden venir las nuevas medidas fueron aportadas por Cecilia Todesca, la vicejefa de gabinete que se ha transformado en una de las personas más importantes a la hora de definir la política económica durante esta cuarentena.

En diversas entrevistas realizadas durante los últimos días, Todesca trazó un diagnóstico claro y contundente: el cepo llegó para quedarse mucho tiempo. Según su visión, apresurarse a un afloje en los controles cambiarios sería un error que se pagaría con saltos devaluatorios, inflación y recesión.

"En la Argentina, los procesos de aceleración inflacionaria se produjeron por saltos del tipo de cambio. Nosotros llevamos una política monetaria y cambiara completamente distinta a la del gobierno anterior, con modificaciones muy importantes en regulación cambiaria, tasa de interés y en la curva de ahorro en pesos", afirma la funcionaria, que atribuye muchos de los problemas al carácter bimonetario de la economía argentina.

Un objetivo central es que las actividades identificadas como motores de la reactivación post pandemia –principalmente la obra pública y la construcción de viviendas en el marco de programas como el Procrear- puedan atraer parte del ahorro que hoy se canaliza a la compra de dólares.

Todesca dijo que para ello se trabaja con los incentivos financieros –es decir, una serie de nuevos instrumentos de inversión en pesos, a tasa atractiva-. Pero con eso no alcanza. Todesca plantea que para que ese esquema realmente funcione, hay que involucrar al sistema tributario. En otras palabras, que los impuestos tienen que ser parte de la política cambiaria.

En ese sentido, adelantó un castigo impositivo a la compra de moneda extranjera y "la timba".

"Los incentivos tienen que estar muy claros", afirmó la funcionaria.

Aclaró que los dos pilares para recomponer el problema cambiario son el mantenimiento de las regulaciones –"una condición sine qua non"- pero que, además, "el factor tributario también tendrá que tener sus implicaciones".

Y de inmediato se generó la especulación sobre cuáles podrán ser los tributos específicos en carpeta. Las primeras hipótesis apuntan a un mayor castigo para la compra con fin de atesoramiento y las operaciones comerciales en dólares, incluyendo el turismo emisivo.

Suena conocido, claro.

El tema ya había sido parte central de las propuestas programáticas hechas durante la campaña electoral, en la cual Mercedes Marcó del Pont –la creadora del cepo original en 2011- tuvo su revancha al ver cómo el gobierno macrista imponía restricciones.

De allí surgió el impuesto PAIS, pero las declaraciones de los funcionarios son interpretadas en el mercado como una admisión tácita de que ese gravamen –uno de los pocos cuya recaudación crece en plena recesión- ya no resulta suficiente.

Mientras se empiezan a tomar recaudos para las posibles nuevas medidas, en el mercado también se hacen estimaciones sobre el impacto en el mercado del dólar paralelo. Y no hay dudas respecto de lo que viene: la mayoría de las consultoras afirman que la brecha entre el blue y el tipo de cambio oficial tenderá a crecer con el paso de las semanas, y que la tendencia se acentuará en la medida en que se incrementen las restricciones. /iProfesional