Sobreviven muchas dudas a un año del brutal crimen de Chacabuco 59

Domingo 12 de Mayo de 2024, 09:20

DE TERROR. La vivienda, con locales comerciales en la parte frontal, se convirtió en el epicentro de toda clase de versiones, tras el macabro hallazgo del cuerpo de su propietaria escondido en una cisterna.



Este domingo se cumple un año de un crimen que, tras conmocionar a todos los tucumanos por el lugar en que se produjo y la forma en que fue descubierto, se convirtió en un gran misterio que se mantuvo durante meses, hasta que de a poco, la justicia fue intentando desenredar la madeja de lo que desde un comienzo se conoció como "el crimen de Chacabuco 59".

Eso mismo, la raíz de su denominación, fue uno de los puntos salientes. La primera escena relacionada con el caso la protagonizó un albañil, que había sido contratado para restaurar el inmueble ubicado en el microcentro tucumano. El obrero se puso a buscar el origen de un pestilente olor que lo acompañaba hace varios días y, cuando lo descubrió, corrió despavorido a la calle, pidiendo auxilio.

En una cisterna ubicada en el interior de la vivienda, que además tenía en el frente dos locales comerciales, el hombre se dio con un cadáver que presentaba un avanzado estado de descomposición, tanto que tardaron días en determinar que se trataba de una mujer, y mucho más para confirmar su identidad, aunque las circunstancias que rodearon el hallazgo apuntaban a un sólo nombre: Laura Gabriela Picciuto.

La mujer de 48 años era la propietaria de ese inmueble en el que, se supo después, se movían toda una serie de personajes que se fueron mezclando en una confusa trama, lo que no hizo más que avivar el misterio. La prolongada ausencia y la falta de datos sobre el paradero de la dueña de casa se convirtió en el principal indicio, que luego las pericias genéticas confirmaron: había sido brutalmente asesinada y su cuerpo, escondido en la cisterna.

Pero aún antes de esa confirmación, el fiscal Carlos Sale, a cargo de la investigación, fijó su interés en el entorno de la propietaria ausente, compuesto por un lado, por quien arrendaba un local comercial y varias de las habitaciones de la espaciosa casa céntrica. Así entraron en escena una peluquera que mantuvo un altercado con la víctima por un robo en el espacio comercial que alquilaba; Alfredo Socci, cantante; su pareja Natalia Liberman, una empleada legislativa y del Conservatorio Provincial de Música; Sofía Alejandra di Gianni, amiga de ambos y presunta amante de Socci y Facundo Salomón, un cordobés buscavida sin ocupación fija quien tuvo una relación sentimental con Laura.

A los residentes los unía un estilo de vida disipado, la fuerte adicción a las drogas y la falta total de recursos, que los llevaba a mendigar en las inmediaciones cada vez que no tenían recursos ni siquiera para comer, lo que según los vecinos, en especial de los negocios cercanos que visitaban, sucedía con mucha asiduidad.

Pero había más actores en la confusa trama de la investigación. No vivían en la propiedad, pero estaban fuertemente relacionados con ella y con su propietaria, sobre todo José Luis Fumero, el ex esposo de Picciuto, su abogada Luciana Martín y Walter Marchese, presunto comprador de la vivienda, ofrecida por Fumero a pesar de la fuerte oposición de Laura, a quien le habría entregado $ 3 millones y una motocicleta para quedarse con una parte del edificio.

En un primer momento la pesquisa se centró en los residentes, primero en Di Gianni, que tenía en su poder una tarjeta de débito a nombre e la víctima. Ella dijo que estaba entre las ropas que le había entregado Liberman dentro de una bolsa, con lo cual las sospechas se extendieron a él y a su pareja, y más tarde a Salomón, cuando ellos contaron acerca de su relación con Laura y la pelea que precedió a la desaparición de ambos.

También dijeron que Fumero primero y Marchese después, trataron de obligarlos a irse de la propiedad que estaba siendo vendida y que, cuando ellos les insistieron que su acuerdo era con Picciuto, el ex marido les respondió que ella no podía decidir porque estaba enferma, sometiéndose a un tratamiento fuera de la provincia.

Esto hizo que todos quedaran en la mira y la mayoría pasara algún tiempo en prisión preventiva, mientras sus versiones eran confirmadas y, sobre todo, se buscaba despejar algunos de los muchos puntos oscuros que presentaba la enmarañada trama del caso, siendo el principal el paradero de Salomón, el más misterioso de los personajes que habitaron la casa del crimen.

Durante meses la investigación acumuló y desechó pruebas, indicios y versiones; se hicieron numerosas pericias, se cruzaron informes y se fueron descartando teorías sobre el móvil del crimen, hasta que la detención del único ausente comenzó a encaminar el trabajo de los encargados de dilucidar el suceso.

Luego de pasar meses prófugo, Facundo Salomón fue rastreado hasta Rio Tercero, la localidad cordobesa donde había nacido. Después de haber recorrido el país durante años, volvía a su pago justo unos días después del crimen de Laura, ocurrido a principios de marzo. A ese primer indició se sumó que sus vecinos y conocidos lo tenían como un albañil especializado en la limpieza y reparación de cisternas, condición que el mismo exhibía en sus redes sociales.

Así, aunque en principio los cinco actores principales fueron imputados por homicidio, hoy, a un año del hallazgo del cuerpo de Laura Picciuto, sólo uno de ellos, su última pareja, va camino a ser enjuiciado. Se cree que fue el autor del robo a la peluquería y que ese habría sido el motivo de la discusión con la víctima, previa a su muerte y al ocultamiento del cuerpo en la cisterna.

A Laura la sobrevive un entorno familiar que prefirió desde el principio resguardarse en el silencio, y un círculo de conocidos en su Monteros natal, que la recuerda como una de las mujeres más bellas que hayan visto, condición que la hizo sobresalir siempre en todos los ámbitos que frecuentaba y que parecía augurarle un gran futuro, muy alejado de la forma en que transcurrió sus últimos años hasta su violenta muerte.