La restauración del templo de San Francisco reveló una inscripción oculta que data de hace más de un siglo

Domingo 26 de Mayo de 2024, 11:48

HALLAZGO. La inscripción develada por los restauradores remonta al 50° aniversario de la imposición del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, establecida por el papa Pío IX en 1854.



El grupo de especialistas que trabaja en la recuperación edilicia del histórico Templo de San Francisco, halló un invaluable ejemplo del valor histórico del edificio ubicado en 25 de Mayo y San Martin, frente a la plaza Independencia.

Se trata de una inscripción que fue plasmada en la fachada del varias veces centenario solar en los albores del siglo XX, para conmemorar los cincuenta años de la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, fijado por el papa Pío IX, en el año 1854.

En 1904 la feligresía tucumana celebró el aniversario de esa fecha y se dejó constancia de tal evento con una inscripción en la parte frontal del templo, que luego en alguna de las tantas refacciones que se le hicieron, terminó tapada con una gruesa capa de pintura.

“En cierto modo nos convertimos en detectives del edificio”, sostiene el arquitecto Andrés Nicolini, miembro de la comisión avocada a concretar la trabajosa recuperación desde sus muy discutidos inicios demandó mucho tiempo y esfuerzo.

Ana Lozano y Laura Cuezzo, integrantes del Instituto de Historia y Patrimonio de la Facultad de Arquitectura (UNT), también componen el equipo y se encargan, día a día, de supervisar lo que se hace desde los altos andamios que rodean la imponente estructura.

Es una obra que debe seguirse de cerca palmo a palmo, ejecutada ya en gran parte sobre un muro que en unas semanas más semanas, estiman, podrá contemplarse restaurado en su totalidad.

Ya durante el primer tramo del trabajo Josefina Elli había observado una tonalidad que no coincidía con los otros colores en el sector del entablamiento, debajo de la imagen de la Virgen.

Una vez completado el decapado total, apareció esta leyenda en color azul, escrita en latín, idioma que dominaba todos los actos sacros de la época, incluída la celebración de la misa, cuya traducción se lee:

“8 De Dic -1854- Quincuagésimo Aniversario Definición Dogmática Inmaculada Concepción María- 1904-8 de Dic”.

Al mensaje plasmado sobre la fachada del templo hace casi ciento veinte años lo cubrirá a manera de protección un acrílico, para que a la vez sea claramente visible.

Es uno de los detalles finales que se suman a una obra ya en la última etapa de ejecución, dado que las cuestiones estructurales están resueltas y los plazos corren, tanto que por estos días se trabaja sobre los ornamentos y quedará para el final la pintura con la restauración de los colores originales, mientras la Municipalidad capitalina define cómo se implementará la iluminación de la fachada.

La pasión de los arquitectos se evidencia cuando repasan los desafíos que debieron superar, desde la detallada investigación histórica previa y la elaboración del proyecto hasta los problemas que iban surgiendo.

Todo comenzó con la revisión detallada de viejas fotos, primeras imágenes de San Francisco, desde los vestigios de la antigua construcción jesuítica a la evolución del actual templo que empezó a edificarse en 1875. Del estudio de esos documentos antiquísimos surgieron explicaciones y respuestas para los problemas actuales.

Entre estos, por ejemplo, aparecía la necesidad de dar con los tonos exactos para la nueva coloración que tendrá la fachada. Para eso acudieron a un laboratorio especializado en Buenos Aires, al tiempo que se analizaban soluciones prácticas para que las intervenciones no afectaran los materiales originales, algo que se tornó especialmente difícil a la hora de la recuperación de los pináculos, que hoy lucen impecables en la zona del campanario.

“Hay que saber de historia, conocer las técnicas, ser metódicos y rigurosos, y también es importante la curiosidad -enumera Nicolini-. Hay que preguntarse cómo hicieron esta fachada, por qué tomaron esas decisiones, de qué manera construyeron en altura. El trabajo en equipo es fundamental, también la mentalidad de la empresa encargada de la obra, que no debe centrarse sólo en lo económico. Es un desafío coordinar varias cosas, desde los criterios patrimoniales a los de seguridad. Cuando se da todo esto es factible llevarlo adelante”.

Lozano y Cuezzo remarcan el valor de este trabajo en el templo. “El patrimonio hace a la identidad de los ciudadanos, nos identificamos con eso -sostienen-. Por eso es importante que el Estado invierta, también tiene que ver con nuestra calidad de vida y va más allá de la religión. San Francisco forma parte de la memoria colectiva”.

“Es la historia hecha en ladrillo”, redondea Nicolini.

Lo que resta es la pintura, con la paleta de colores característica del neoclásico italiano, para completar sólo la fachada. Queda pendiente para otra etapa todo el muro que da a la calle San Martín.

Los encargados de la obra calculan que el 24 de septiembre sería una buena fecha para sumar ese sector, antes de abordar una cuestión mucho más delicada: el interior de la iglesia.

“La sacristía y el presbiterio tienen serios problemas estructurales. Lo que podría hacerse es habilitar el sector central de la nave, adelantando un poco el altar, pero para eso hace falta elaborar un proyecto de trabajo. Veremos cómo siguen esas etapas”, sentencia Nicolini.

Lo cierto a estas alturas es que desde el 9 de julio la fachada de San Francisco lucirá nueva; pero sólo se podrá admirar desde el umbral de una obra que debe segur con el mismo minucioso cuidado, abrigando siempre la esperanza de que su avance siga revelando secretos de un edificio que condensa gran parte de la historia misma de la ciudad cuna de la Independencia.