Domingo 30 de Noviembre de 2025, 10:38
El mercado inmobiliario argentino atraviesa una etapa de transición que, según coinciden desarrolladores, analistas y bancos, podría desembocar en un boom de créditos hipotecarios durante 2026. Tras la reactivación que trajo el regreso de los préstamos UVA y una pausa obligada por la incertidumbre electoral, las entidades financieras comenzaron a mostrar señales de mayor flexibilidad mientras la macroeconomía ofrece los primeros indicios de estabilización.Los últimos datos de escrituras en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad de Buenos Aires confirmaron que 2025 cerrará con más de 35.000 créditos hipotecarios otorgados, una cifra inédita en más de siete años y que evidenció el regreso sostenido del financiamiento como herramienta de acceso a la vivienda. El movimiento, aunque aún moderado, se consolidó a pesar de las subas de tasas de los meses anteriores, que en algunos casos treparon al 15%, sin desalentar la demanda, particularmente en la banca pública.
Germán Gómez Picasso, de Reporte Inmobiliario, destacó que el interés del público se mantuvo firme incluso en contextos menos favorables. Señaló que la banca oficial sostuvo tasas más competitivas y absorbió buena parte de la demanda en medio del proceso electoral. Para 2026, el especialista estimó un escenario de continuidad y crecimiento, apoyado en el récord de escrituras registrado en octubre en la provincia de Buenos Aires, el mejor mes desde 2005.
En paralelo, Federico Akerman, director de Terres, analizó que el sistema está atravesando un proceso de “normalización” en materia de tasas hipotecarias. Si bien remarcó que los valores locales aún distan de ser comparables con los estándares internacionales, sostuvo que comenzaron a alinearse con los ingresos reales y los valores de las propiedades, un elemento clave en un mercado donde las decisiones se proyectan a varios años. Akerman advirtió, sin embargo, que la Argentina nunca logró consolidar un crédito hipotecario como componente estructural y estable del mercado, por lo que el verdadero desafío será sostener la tendencia.
Desde uno de los bancos líderes del país confirmaron que la actividad hipotecaria repuntó en consultas, aunque el volumen de operaciones se mantiene estable desde hace dos meses. El dato más significativo pasó por los movimientos en el scoring crediticio: entidades como el Banco Nación comunicaron a sus clientes la reducción de su índice de riesgo, lo que habilitó a varios solicitantes a calificar para préstamos que estaban en trámite. La expectativa del sector apunta a una baja de tasas gradual, más probable en el mediano que en el corto plazo, sujeta al desempeño del clima financiero después de las elecciones.
El economista Federico González Rouco explicó que gran parte de las subas aplicadas por los bancos respondieron a problemas de liquidez y a la necesidad de mantener coherencia con el mercado de activos indexados. Tras la reducción del riesgo país y el nuevo marco de previsibilidad poscomicios, proyectó que las tasas hipotecarias deberían descender hacia niveles más acordes a la economía argentina actual. Indicó también que la tasa del 4,5% que ofrecía el Nación resultaba insosteniblemente baja en relación con la situación del país, por lo que el ajuste hacia el 6% representó un paso hacia un esquema más estable. De cara al mediano plazo, González Rouco estimó que el piso natural estará entre 7% y 8%, siempre y cuando se sostenga la actual estabilidad macrofinanciera.
Las desarrolladoras también anticipan un ciclo favorable. Juan Manuel Tapiola, CEO de Spazios, sostuvo que hay margen para que las tasas continúen descendiendo, aunque condicionadas por la consistencia de la macroeconomía. Señaló que la dependencia de la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) expone la lejanía respecto de un sistema completamente normalizado, pero consideró que el financiamiento volverá a ser una herramienta de acceso masivo a medida que repunte la liquidez bancaria.
Para 2026, Tapiola proyectó un año de mayor rentabilidad en el sector, impulsado por la combinación de crédito, aumento de precios de las propiedades y mejoras salariales, que ampliarían el universo de potenciales compradores. Gómez Picasso coincidió en el diagnóstico y remarcó que el cierre de 2025 dejó indicadores “únicos” en términos de dinamismo y demanda.
El consenso entre bancos, desarrolladores y especialistas apunta a un 2026 decisivo. Si la economía mantiene el sendero de estabilidad inaugurado tras el proceso electoral, la baja de tasas se consolidaría y el crédito dejaría de ser un fenómeno transitorio para convertirse nuevamente en un motor estructural del mercado inmobiliario argentino, capaz de sostener el crecimiento del sector y de ampliar el acceso a la vivienda en un país históricamente limitado en materia de financiamiento.
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