Jueves 08 de Enero de 2026, 18:53
Fue durante la Cumbre del MERCOSUR de 2008, cuando Tucumán recibió a Hugo Chávez y a un poco conocido Nicolás Maduro, entonces canciller venezolano, en medio de una fuerte puesta en escena política.En 2008, Tucumán fue sede de la XXXV Cumbre del MERCOSUR, un evento internacional que reunió a los principales líderes de la región y que tuvo como anfitrión al entonces gobernador José Alperovich. Entre los invitados estuvieron Hugo Chávez, ya consolidado como figura central del eje bolivariano, y un Nicolás Maduro que por entonces pasaba casi desapercibido para la opinión pública, pero que ya manejaba los hilos de la diplomacia venezolana como canciller. Además de la entonces presidenta Cristina Kirchner, Lula Da Silva, Michelle Bachelet y Evo Morales.
Alperovich no solo facilitó la realización de la cumbre en la provincia, sino que agasajó personalmente a Chávez y Maduro, participando de reuniones y cenas oficiales en la Casa de Gobierno. El encuentro fue presentado como un hito histórico para Tucumán, una postal de integración regional y protagonismo internacional. Sin embargo, detrás del protocolo y los discursos, la realidad provincial era muy distinta.
Ya en ese momento, Tucumán mostraba signos claros de deterioro social, con una pobreza estructural persistente, altos niveles de informalidad laboral y un modelo sostenido en el asistencialismo estatal como mecanismo de contención, más que en políticas de desarrollo genuino. Mientras el poder político local celebraba la llegada de líderes extranjeros, vastos sectores de la población sobrevivían gracias a subsidios y planes, sin perspectivas reales de progreso.
Con el paso del tiempo, la escena adquiere un tono aún más oscuro. Maduro terminó convirtiéndose en dictador y símbolo de una de las peores crisis humanitarias del continente, y Alperovich hoy cumple prisión, condenado por haber abusado sexualmente de su sobrina. La foto de aquel Tucumán que recibía y homenajeaba a líderes autoritarios quedó así asociada a un modelo de poder concentrado, impune y profundamente desconectado de las necesidades reales de la sociedad.
La cumbre de 2008 fue presentada como una fiesta diplomática. Vista en retrospectiva, también fue el reflejo de una dirigencia que priorizó el brillo internacional y las relaciones políticas antes que el bienestar de una provincia que ya entonces comenzaba a hundirse en la pobreza crónica.
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