Lejos de entender la gravedad de la situación, el hombre retrocedió apenas unos pasos y volvió a acercarse, minimizando el peligro y desoyendo los pedidos. Esa actitud encendió los ánimos:
comenzaron los insultos, los reproches y una fuerte discusión que terminó en una pelea verbal frente a decenas de veraneantes.
Mientras el conflicto crecía, el lobo marino permanecía inmóvil en la arena, sin poder regresar al mar, lo que reforzó la sospecha de que estaba debilitado o herido.
Especialistas advierten que, si bien estos animales pueden salir a descansar a la costa, el contacto humano los estresa y puede volverlos agresivos, sobre todo cuando están lesionados.
Desde la Fundación Mundo Marino reiteraron las recomendaciones habituales: no tocar, no rodear, mantener distancia, evitar ruidos, no acercar mascotas y dar aviso inmediato a guardavidas o centros de rescate ante cualquier signo de heridas.
Una postal veraniega que terminó en escándalo y volvió a poner en debate la irresponsabilidad humana frente a la fauna silvestre.