Volvió a funcionar la famosa feria de La Salada, la más grande de Sudamérica, después de 217 días

Jueves, 22 de Octubre de 2020 06:18

Los comercios podrán abrir según su numeración, en los accesos se toma la temperatura y se permitirá un número reducido de compradores.



Pasaron 217 días, más de siete meses del calendario, para que la feria La Salada, autoproclamada la más grande en Sudamérica para ventas mayoristas o revendedores, reabriera sus puertas.

El miércoles 18 de marzo había sido su última vez: un día antes de que el presidente Alberto Fernández anunciara que desde las cero horas del siguiente día quedaría restringida la circulación para trabajadores esenciales por el comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio por el coronavirus. Otro miércoles, esta vez de octubre, volvió a operar, aunque en el marco de una nueva normalidad.

Durante el tiempo de su inactividad, La Salada tomó forma del desamparo.

El predio se convirtió en un pueblo fantasma con sus calles desiertas, sus galpones envejecidos y su dinámica detenida. La escena habitual y más difundida de la feria se había transformado: la falta de gente descubrió el asfalto y el cemento de las construcciones. Las imágenes de locales y pasillos abarrotados de clientes y comerciantes dejaron de ser actuales.

Varias avionetas que se paseaban por el sur del conurbano bonaerense informaban por altoparlantes el regreso del centro comercial para el sábado 10 de octubre.

Finalmente la reapertura se postergó once días, tras las nuevas habilitaciones decretadas por el gobierno provincial.

En Ingeniero Budge, en el partido de Lomas de Zamora, la feria volvió a abrir. De a poco. Los predios Ocean, Urkupiña y Punta Mogote que conforman La Salada, entre las calles Euskadi, Tilcara, Rivera Sur y Virgilio, empezaron a recibir gente. De a poco.

Instalaron los protocolos sanitarios ya consagrados: menos afluencia de gente y menos puestos abiertos para ganar distancia social.

En las puertas de acceso dos empleados toman la temperatura y sirven alcohol en gel para restregarse en las manos. Otros aspersores sanitizantes terminan con las tareas de prevención a quienes entran al galpón principal.

Al interior del mercado se ingresa por una puerta y se egresa por la otra a fin de evitar el cruce y la mezcla de personas: el barbijo es obligatorio, se pintaron marcas en el piso para respetar el distanciamiento, se colocaron paneles trasparentes en las entradas de los comercios y los vendedores deben acreditar un permiso de trabajo.

En el primer día de su reapertura, los puestos en uso dentro del galpón son menos de la mitad y la circulación de clientes es sensiblemente menor.

En los comercios, tanto los perimetrales como los internos, se acordó abrir un día los pares y otro día los impares: la secuencia sugerida es abierto-cerrado-abierto. Mentras que los locales abiertos no deben superar el 50%, la ocupación de predio deberá ser menor al 30% de la capacidad total.

Se estima que por día podrán abrir unos 10 mil locales.

La feria funcionará con la misma frecuencia que en época pre pandemia: desde las ocho de la mañana hasta después del mediodía los lunes, miércoles y sábados.

Según la propia descripción del sitio web, la feria nació en 1991 en terrenos abandonados que habían sido acondicionados como balnearios a la vera del Riachuelo.

Ciudadanos bolivianos devotos de la Virgen de Urkupiña se instalaron en la antigua laguna Salada para vender ropa: formaron Urkupiña S.A. que por su propia expansión terminó dividiéndose en Cooperativa Ocean y Punta Mogotes S.A. La expansión fue galopante y las sucesivas devaluaciones y picos inflacionarios de la economía argentina impulsaron su desarrollo.

La Salada ya dejó de parecer el espacio fantasmal que había sido en la pandemia. La actividad, los más de cinco mil stands, las galerías comerciales y el negocio millonario de los puestos ilegales permite, ahora, centímetros libres. /Infobae