Domingo 04 de Enero de 2026, 12:41
Al lado de la captura de Maduro, con final aún pendiente, cualquier noticia parece un poroto. Pero acá también pasan cosas. En otro fin de año muy nuestro, de cortes de luz y corrupción caliente, algunos que no son de la política se lanzaron como candidatos a presidente. El más conocido aunque no sea muy conocido es Dante Gebel, una mezcla de Milei y Claudio María Domínguez que vive en Estados Unidos, da charlas, junta gente y la bendice y con eso se gana bien la vida. Casi en simultáneo, se anotó en la misma carrera Federico González, psicólogo que hace encuestas y se autodefine como “un francotirador de ideas” y “un aprendiz de poeta”. Era lo que nos faltaba en medio del escándalo de AFA, algo nunca visto y eso que en materia de corrupción con el kirchnerismo vimos todo.
Lo que asombra no es la cantidad de plata que hicieron sino la forma en que la manejaron, como si la impunidad durara para siempre. Un espejo de lo que hicieron en el fútbol con seis cambios en los torneos jugándose, arbitrajes manipulados y un título inventado para premiar al club de un dirigente amigo. Con la plata, usaron como propia una financiera que lavaba dinero, evadieron el cepo, montaron una mansión de jefe narco en Pilar, no registraron en los balances los ingresos en el exterior, retuvieron aportes y mudaron la sede a Provincia sin permiso de la IGJ, de la que buscaban escapar. ¿Nadie, con un poco de cabeza, dijo paremos, que esto termina mal?
Hay algo nuevo todos los días, como el papel de Javier Faroni, que vivía del cholulismo del mundo del espectáculo y ahora vive de los negociados del fútbol. Faroni nació en un pueblito de Córdoba y se crió en Mar del Plata. El mismo cuenta que arrancó fascinado con Carlín Calvo. Iba a verlo todos los días al teatro hasta que Calvo lo contrató como che pibe. Igual que Kirchner con Roberto Baratta, al que conoció vendiendo billetes de lotería y lo metió de subsecretario y mano derecha de De Vido.
Faroni era prensero. En Gente se dedicaba a llevar personajes de la farándula a la revista y decía cosas como: “soy ignífugo a los egos”. Trabajó para Los Midachi y con Massa pegó el salto de su vida, a la política y al poder. Massa lo hizo diputado provincial y director de Aerolíneas. Ser legislador en Provincia y director de una empresa estatal no se le niega a nadie. En Aerolíneas se lo recuerda por un escándalo en plena pandemia: hizo traer de Nueva York, violando las normas, el cadáver del millonario Elías Masri, que había muerto por Covid.
Faroni es como los brokers que Fernández puso entre organismos oficiales y Nación Seguros: no se sabe qué hace. Sí lo que embolsa: el 30% de lo que AFA factura por publicidades que él no trae y partidos amistosos que no organiza. Hace caja. También con la ticketera. Da para una historia larga, pero vamos a lo esencial: en Estados Unidos abrieron sus cuentas y vieron que pagaba 50.000 dólares por equitación y 160.000 para karting, deportes que practican los hijos de Toviggino. También, recibía otra montaña de plata el hijo del guía espiritual de Tapia. Datos de La Nación.
Ninguno de esos pagos ni los ingresos quedaron registrados en los balances de la AFA, que fue advertida por la gestión kirchnerista pero nunca penalizada. Nissen, el jefe de entonces de la IGJ, ahora trabaja con Kicillof. La semana próxima, Dubois, Carraro, Mucelli y Bisurgi, contadores y auditores de AFA, deberán explicar las irregularidades. Ultima de Faroni: en 2024 compró el Peruggia, de Italia. Pagó 9 millones de dólares con fondos desviados de una cuenta de AFA. ¿Para qué? Tapia y Toviggino defienden a muerte que los clubes sean de los hinchas. Eso acá. En el exterior defienden lo contrario.
Cascoteados por todos lados, están mudos como estatuas. La AFA sacó, sin firma, un comunicado para defenderlos que tituló con una frase de Perón: la única verdad es la realidad. Dice algo así como que en la presidencia de Grondona se robaba más. Ningún comentario. Para colmo, les cayó otra imputación grave: retener $19.000 millones de aportes, que cayó en un fiscal y un juez bravos: Navas Rial y Diego Amarante.
A la defensiva, tratan ahora de cambiar jueces complicados por otros amigos y zafar o demorar las causas. Pidieron ayuda a Kicillof por la financiera ligada a Tapia y se juegan a fondo para correr a Aguinsky de la súper mansión de Pilar y poner a González Charvay, de Zárate-Campana. El denunciante de la mansión atribuida a Toviggino fue apretado por un fiscal de Pilar, donde manda César Mansilla, operador de medios y asesor del intendente Achával, de la cámara de bingueros y de Martín Insaurralde, el del yate El Bandido. Mansilla preside el Real Pilar y gestionó para que frente a su club esté hoy la sede legal de AFA. Aguinsky avanzó con nuevas pruebas sobre el monotributista y supuesto propietario de la casa de 20 millones de dólares y citó a los pilotos del helicóptero que llevaba visitas a la casa. Habrá más sorpresas.
Normalmente los jueces se pelean por sacarse causas de encima. Aquí pasa al revés. Hay 8 jueces y 7 fiscales investigando. Se despertaron denuncias dormidas y eso es bueno, pero hay caos: el miércoles un par de financieras fueron allanadas dos veces. Una por la gendarmería con la jueza Capuchetti y la otra por policías federales con el fiscal Stornelli. Con otros dos jueces (Straccia y Casanello) comparten el mismo objetivo: descubrir las estafas con los dólares oficiales durante el cepo del kirchnerismo. Hablan de una estafa colosal de 1.000 millones de dólares.
Capuchetti apunta a la casa de cambios Marvic que operaba con otras treinta agencias, entre ellas Sur Finanzas del amigo de Tapia. Con la jueza Servini y la ayuda de Dajudeco, un organismo de la Corte, Stornelli va detrás de unas 2000 operaciones donde están encontrando de todo, desde órdenes de compra anuladas sin devolver los dólares a facturas apócrifas. Todo fue posible por la complicidad de funcionarios del Central. Por un arrepentido, el juez Casanello y el fiscal Picardi consiguieron audios de esas maniobras. Las balas del escándalo comienzan a picar cerca de Massa.En la AFA rica de clubes pobres, los presidentes no hacen nada, por cálculo o por temor. Borges decía que el antídoto del miedo es la esperanza. Pero a la esperanza, como a la suerte, hay que ayudarla. /
Por Ricardo Roa - Clarín