Seis especies animales fueron declaradas extintas en 2025

Sábado 17 de Enero de 2026, 15:01

EVIDENCIA. La extinción del Conus lugubris, caracol marino muy común entre la fauna de Cabo Verde, fue declarado oficialmente extinto.



Sin ceremonias ni despedidas visibles, el planeta cerró 2025 con una noticia inquietante: seis especies animales fueron declaradas oficialmente extintas, poniendo fin a historias evolutivas que se apagaron sin ruido. La confirmación científica llegó después de años —y en algunos casos décadas— de búsquedas infructuosas, cuando ya no quedó margen para la duda ni esperanza de reencuentro en la naturaleza.

La magnitud del dato cobra mayor peso al contextualizarlo. De acuerdo con los registros científicos, cerca del 28% de las especies evaluadas a nivel global se encuentra actualmente bajo alguna categoría de amenaza. En ese escenario de fragilidad creciente, la desaparición definitiva de seis grupos en un solo año no es una anécdota estadística, sino la evidencia concreta de un proceso que avanza más rápido de lo que la humanidad logra revertir. 

La Lista Roja de Especies Amenazadas, elaborada con criterios estrictos y sin apresuramientos, solo declara una extinción tras extensos períodos sin registros confirmados y luego de exploraciones exhaustivas en los hábitats históricos de cada especie.

Entre las ausencias más simbólicas figura el zarapito fino, un ave migratoria que durante siglos conectó Eurasia con el norte de África en travesías estacionales hoy imposibles de repetir. La última observación confirmada data de mediados de la década de 1990 y su desaparición se asocia a la degradación acelerada de humedales y zonas costeras, espacios clave que fueron transformados o directamente eliminados por la expansión humana.

El océano también sumó una pérdida silenciosa. El Conus lugubris, un caracol marino endémico de Cabo Verde, dejó de ser registrado en los años 80. Su extinción, ahora confirmada, expone una realidad poco visible: la de invertebrados que desaparecen sin atención mediática, arrastrados por la destrucción de ecosistemas costeros frágiles y por presiones antrópicas persistentes.

Australia concentró el mayor número de extinciones recientes. Tres especies de bandicoots —pequeños marsupiales nocturnos— no lograron resistir el impacto combinado de depredadores introducidos y la fragmentación extrema de sus ambientes naturales. A ese listado se suma la musaraña de la Isla Christmas, un mamífero discreto del que no se tienen registros desde hace cuatro décadas y cuya caída se atribuye a enfermedades invasoras y a la alteración irreversible de su ecosistema insular.

Las confirmaciones fueron realizadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que advirtió que estos casos no deben interpretarse como episodios aislados. Por el contrario, reflejan una tasa de extinción que ya supera ampliamente el ritmo natural del planeta. La destrucción de hábitats, la contaminación y el cambio climático están empujando incluso a especies pequeñas y poco visibles —muchas de ellas fundamentales para equilibrios ecológicos complejos— a desaparecer sin dejar rastros.

Pensar la extinción en tiempo presente resulta incómodo porque rompe una creencia arraigada: la de que siempre habrá una oportunidad más para actuar. Los datos de 2025 sugieren lo contrario y dejan al descubierto una urgencia que ya no admite demoras.