Viernes 30 de Enero de 2026, 07:55

La regla 3-6-9 propone plazos para evaluar enamoramiento, conflictos y la decisión de avanzar o cortar.
La regla 3-6-9 propone mirar una relación por tramos de tiempo para decidir si avanzar o dar un paso atrás.
No es una ley inflexible, pero funciona como marco orientador para evitar compromisos apresurados o quedarse por inercia emocional.
La clave está en observar procesos, no en correr detrás del entusiasmo inicial.
Meses cero a tres: la etapa inicial
Durante los primeros tres meses suele dominar la euforia: atracción física, idealización y alta tolerancia a lo nuevo. Es una fase de descubrimiento, no de promesas a largo plazo.
La regla aconseja moderación, porque las primeras impresiones están atravesadas por emociones intensas y todavía no aparecen situaciones que muestren el carácter cotidiano de la otra persona.
Meses cuatro a seis: cuando aparecen los choques
Entre el cuarto y el sexto mes suelen surgir los primeros conflictos reales. Actitudes antes simpáticas empiezan a molestar y aparecen diferencias en hábitos, tiempos y expectativas.
Es una etapa clave: confrontar diferencias permite evaluar la capacidad de diálogo, la resolución conjunta y la compatibilidad en escenarios concretos. Evitar todo conflicto no es fortaleza, sino falta de sinceridad.
El séptimo mes, la fase decisoria
A partir del séptimo mes se entra en una fase decisoria. Ya hubo suficiente recorrido para entender límites, prioridades y proyectos.
En este punto se evalúa si la relación tiene proyección o si conviene cerrarla antes de invertir más tiempo y energía. Pesan factores prácticos: cómo enfrentaron crisis, qué expectativas comparten y cómo imaginan el mediano plazo.
La regla 3-6-9 no debe aplicarse como un calendario rígido.
Cada vínculo tiene su propio ritmo, atravesado por la edad, la historia personal y el contexto. Adaptarla implica comprender esas variaciones: para algunos, la luna de miel dura menos; para otros, el proceso de decisión necesita más tiempo.
El objetivo es evitar tanto la precipitación como el estancamiento por comodidad.
Una escena frecuente es el compromiso apresurado a las pocas semanas y la sorpresa posterior cuando la convivencia expone fallas estructurales. Los conflictos y las pruebas —viajes, tensiones familiares, emergencias— brindan información valiosa.
Si la pareja aprende junta, los choques fortalecen; si se repiten sin resolución, son una señal de alerta para replantear el vínculo.
/Radio Mitre
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