Qué es una virazón, el fenómeno que provocó la ola gigante que mató a un joven en Santa Clara

Martes 13 de Enero de 2026, 01:32

La ola gigante arrastró a los turistas y a uno lo mató contra una roca.



Lo que muchos testigos describieron como una escena “de tsunami” en la costa bonaerense no fue un evento sísmico ni una anomalía oceánica extraordinaria, sino un fenómeno meteorológico conocido como virazón, que en cuestión de minutos transformó un mar completamente calmo en una trampa mortal. El episodio ocurrió durante la tarde del domingo en Santa Clara del Mar, dejó una víctima fatal y al menos 34 personas heridas, y también tuvo impacto en Mar Chiquita, Camet Norte y distintos sectores de Mar del Plata.

Según explicó el geólogo y doctor en Ciencias Naturales Federico Isla, la virazón se produce cuando hay un cambio brusco en la dirección del viento, lo que genera una llamada marea meteorológica: el nivel del mar sube de golpe y el oleaje aumenta de manera repentina. En este caso, los vientos pamperos que soplaban desde el oeste —y que empujan el agua mar adentro— rotaron de forma abrupta hacia el sudeste, provocando una crecida súbita del mar que no dio margen de reacción a los bañistas.

Minutos antes del incidente, alrededor de las 15, el mar estaba planchado, con olas que no superaban el medio metro. El día, además, era el más caluroso del verano, con temperaturas cercanas a los 40 grados, lo que había llevado a cientos de personas a instalarse muy cerca de la orilla, con reposeras y sombrillas. De un momento a otro, el nivel del agua comenzó a subir con una velocidad inusual y una fuerza inesperada. Testigos hablaron de una ola gigante, que en algunos puntos alcanzó hasta cinco metros de altura y avanzó más de 15 metros sobre la playa.

En las zonas donde el acantilado está muy próximo al mar, como ocurre en sectores de Santa Clara del Mar y Camet Norte, el agua no encontró una vía de escape. Se acumuló contra la costa y, en el retroceso, arrastró todo lo que tenía a su paso: personas, pertenencias y estructuras livianas. Guardavidas y personal de los balnearios realizaron numerosos rescates en medio del caos.

Isla fue contundente al descartar que se haya tratado de un tsunami. Para que eso ocurra, explicó, debería haberse registrado un episodio geológico, como un terremoto en regiones como las islas Sandwich o Georgias del Sur, capaz de generar una onda que impacte en la costa argentina. Nada de eso sucedió. El origen fue exclusivamente atmosférico y estaba incluso anticipado por algunos pronósticos, que marcaban la rotación del viento como un escenario posible.

El impacto psicológico del fenómeno quedó reflejado en los relatos de quienes lo vivieron en carne propia. Federico Fernández estaba dentro del mar junto a su hijo Bautista, de seis años, cuando todo cambió. “Parecía una tromba marina. Fue desesperante, terrible. Nunca vi algo así”, relató. Dijo que por segundos pensó en la película Lo imposible y que su única preocupación era que el mar no se llevara a su hijo. Contó que la ola los elevó varios metros y que lograron salir nadando juntos, agarrados de la mano, en una escena que todavía lo conmueve.

Así como llegó, la virazón se fue. Cuando el viento volvió a estabilizarse, el nivel del mar comenzó a bajar y la costa recuperó su fisonomía habitual. Pero el saldo fue trágico. El episodio dejó al descubierto la peligrosidad de estos fenómenos repentinos, conocidos por los especialistas pero poco comprendidos por el público, y reabrió el debate sobre la necesidad de advertencias más visibles y protocolos preventivos en playas con características geográficas vulnerables.