Crece el consumo de sedantes y ansiolíticos por el deterioro del empleo y la crisis económica

Martes 13 de Enero de 2026, 07:17

La inestabilidad laboral, el endeudamiento y la falta de perspectivas, especialmente entre los jóvenes, impulsan un fuerte aumento en la venta de medicamentos para dormir y tratar la ansiedad, mientras el sistema de salud enfrenta recortes y mayor de



La crisis económica y social tiene un impacto directo en la salud mental de la población y se refleja en un marcado aumento del consumo de sedantes, hipnóticos y ansiolíticos. Según datos del Observatorio de Salud, la venta de este tipo de medicamentos creció de manera significativa, en un contexto atravesado por la incertidumbre financiera, la inestabilidad laboral, el aumento del costo de vida y el endeudamiento de los hogares.

Uno de los factores centrales es la precariedad del empleo. De acuerdo con los datos mencionados, el 43% de los ocupados se encuentra en situación de inestabilidad laboral, lo que genera un clima de preocupación constante y dificulta el descanso. A esto se suma que el 29% de la población, según cifras del Banco Central, destina gran parte de sus ingresos al pago de deudas, y muchas personas planean utilizar el aguinaldo exclusivamente para saldar compromisos financieros.

El fenómeno impacta con especial fuerza en los jóvenes, un grupo en el que antes no era tan habitual el consumo de este tipo de medicación. Actualmente, el 12,7% de los hombres menores de 29 años está desocupado, al igual que el 11,7% de las mujeres de la misma franja etaria, casi del doble del promedio general de desempleo, que ronda el 7%.

La falta de un horizonte claro, sumada a la presión económica y al uso intensivo de pantallas, aparece como un factor clave en los problemas de sueño y ansiedad en este segmento de la población.

Entre los medicamentos más consumidos se destaca la melatonina, que es de venta libre y no requiere receta médica. Su carácter “más natural” favorece un uso extendido, muchas veces sin control, y se la consume de manera cotidiana. Sin embargo, se advierte que su uso sostenido puede generar adaptación del organismo, lo que lleva a necesitar dosis cada vez mayores. A esto se suma el aumento del consumo de sedantes y ansiolíticos con prescripción.

Dormir mal o dormir poco tiene consecuencias directas en la vida cotidiana y en la salud. Entre los efectos más frecuentes se mencionan problemas laborales, accidentes, falta de concentración y enfermedades como hipertensión, diabetes y patologías coronarias, además de un aumento de los cuadros de depresión y ansiedad. Médicos coinciden en que el mal descanso es uno de los factores más perjudiciales para la salud física y mental.

En otros países, el abordaje del problema del sueño incluye estrategias de cuidado y educación, mientras que a nivel local suele predominar una respuesta farmacológica, centrada en la prescripción de medicamentos como solución inmediata. A esto se suman las secuelas emocionales del COVID, que siguen influyendo en los niveles de insomnio y pesimismo, especialmente entre los más jóvenes.

Las cifras muestran con claridad la magnitud del fenómeno. En 2024 se registraron 2.956.933 unidades vendidas de estos medicamentos, mientras que en 2025 la cifra ascendió a 3.150.736, lo que representa un aumento del 6,55%. Este crecimiento se da a pesar de que, por el encarecimiento de los medicamentos, la compra en unidades tiende a retraerse, ya que hoy se requieren más horas de trabajo para adquirirlos que un año atrás.

En paralelo, la facturación del sector aumentó un 35%, aunque no así las unidades vendidas, lo que refleja un fuerte incremento de precios. Todo esto ocurre en un sistema de salud cada vez más tensionado, con una caída de la ejecución presupuestaria en hospitales nacionales de entre el 30% y el 40%, y recortes del 24% y 28% en distintos institutos, mientras crece la cantidad de personas que pierden la cobertura de obras sociales y medicina prepaga y recurren al sistema público.  /Perfil