Es tucumano, quiso ser sacerdote, terminó como policía en Santiago del Estero y cayó como parte de una red de corrupción de menores

Martes 13 de Enero de 2026, 07:45

ARREPENTIDA. Una menor que vendió fotos íntimas en el grupo de WhatsApp se negó a tener un encuentro sexual con un participante y en represalia, viralizaron sus imágenes. Eso reveló la existencia de la red de corrupción en Santiago del Estero.



Un comerciante santiagueño, un efectivo de la Policía santiagueña oriundo de Tucumán, y la administradora de un grupo de WhatsApp, denominado "Encuentro y venta de contenidos", quedaron vinculados a una seria investigación, tras develarse la existencia de un book (videos y fotos) con adolescentes desnudas, antesala al sexo pago y/o prostitución.

Todo hizo eclosión el domingo a la tarde. Un ama de casa descubrió que su hija adolescente había cobrado $ 10.000 por enviar fotos y videos desnuda. Como no tenía una billetera virtual, se lo habría cedido su hermana, al parecer al tanto de todo.

Más allá de tratarse de una menor, de 16 años, la osadía de la joven fue más: se tomó fotos y filmó en total desnudez. Hizo un "trabajo" y después otro.

Del otro lado, la administradora del grupo (de nombre María, del Bº Alomo, en teoría) le habría informado que los financistas del grupo eran la mayoría de Quimilí, Moreno. Y que uno de ellos quedó encantado. En tal sentido, deseaba verla y pactar un encuentro sexual obviamente con otro precio mucho más alto.

La adolescente dijo que ese era su límite. Que no aceptaría y que le reintegraría los $ 10.000. Del otro lado, María se tornó más insistente. Ya en modo extorsionadora, le aclaró que al grupo ingresan, pero no salen cuando quieren. Es decir, la menor era cuasi cautiva.

Para probar que no hablaba en broma, la tal María propagó por Quimilí las fotos y videos de la adolescente en total desnudez. Es más, la madre de la joven fue informada por sus familiares que los videos habían sido diseminados por redes sociales y celulares.

Agobiada, la adolescente ensayó una mentira: "Me hackearon mi Instagram y sacaron fotos en que estoy desnuda", afirmó. Pero al toque confesó todo.

"Yo ya sabía en qué andabas", le dijo una hermana, sugiriendo que en el ambiente muchos jóvenes conocían sobre el trasfondo del sitio. Es más, al notar a su madre al borde de un ataque de nervios, le proveyó nombres de dos presuntos financistas.

Ellos serían el comerciante L.A.M. y el policía J.M.S.P, cuyas identidades han sido plasmadas en la denuncia de la progenitora ante las autoridades de la Comisaría Comunitaria N° 9 de la Mujer y Familia, dependiente del Departamento de Seguridad Ciudadana N° 12 de Quimilí.

Temerosos de ser escrachados socialmente, L.A.M. y J.M.S.P. intentaban ingresar anoche recursos de eximición de prisión. Con la Justicia en feria, todo lucía tedioso y cuesta arriba para los abogados.

Cual efecto dominó, el grupo de WhatsApp también había sido levantado y la tal María bloqueó a sus contactos. Sin embargo, éstos proveyeron a la Justicia celular, mensajes, precios e indicaciones: altura, lencería, poses, luces, entre otros datos.

Es decir, María obraba de puente y tenía a su cargo el control de calidad de las chicas. En el submundo de Quimilí y resto de la geografía, ello preludiaba cargos por "prostitución, o mínimamente "tenencia y distribución de material de pornografía infantil".

La Justicia trasladaría hoy a la jovencita de 16 años a la ciudad Capital. En principio, el objetivo sería brindarle contención y concertar una entrevista con el equipo de psicólogos.

También, declararía su hermana y ratificaría la denuncia su madre, de 35 años. Más allá de transitarse recién por el "espiral de un escándalo de imprevisibles secuelas y connotaciones", no es menos cierto que los investigadores no desean perder tiempo.

Es decir, los policías apuraban la marcha y alertaban sobre un hipotético cuadro nada antojadizo: un mayor número de adolescentes víctimas de los pervertidos; algunas forzadas a prostituirse; un negocio de venta de material de pornografía a gran escala.

El funcionario policial salpicado en el "afer" de las "adolescentes desnudas pagas" también anoche abría el paraguas. A sabiendas de las secuelas, un abogado buscaba el medio para despegarlo de los coletazos y dejar a la administradora con los costos emergentes.

De su historia trascendió que arribó de Tucumán, años atrás. Y que antes de calzarse las botas y el uniforme azul, habría incursionado en un seminario, resuelto en convertirse en sacerdote. Como sea, se habría transformado en policía y prestaría funciones hoy en Quimilí.

Más allá de los dos individualizados, los voceros sugirieron que el grupo financista cruzaba las fronteras de Quimilí. Trascendió que lo integraban de otras ciudades y que las identidades son conocidas por la administradora.

A contrapelo de la desesperación emergente, la Fiscalía citaría a la administradora del grupo y develaría la magnitud del escándalo: con viento a favor, nadie descarta allanamientos, secuestros de equipo tecnológico, entre celulares, tablet y todo tipo de dispositivos. /El Liberal