Avanza la pesquisa por el crimen de Érika Álvarez y crecen las sospechas de un trasfondo narco

Lunes 19 de Enero de 2026, 05:41

VICTIMA Y VICTIMARIO. Para la justicia El MIlitar Sosa es el autor del crimen de Erika, aunque al avanzar sobre las causas aparece una firme pista que apunta al narcotráfico.



Con el avance de la investigación judicial, el asesinato de Érika Álvarez, la joven de 25 años hallada sin vida en un descampado de Manantial Sur, comienza a perfilarse como un hecho atravesado por vínculos con el narcotráfico. La víctima habría sido asesinada a golpes el martes 6 en un lugar que aún no fue determinado, y su cuerpo fue encontrado dos días después, lo que abrió una causa compleja que, con el correr de las horas, suma indicios inquietantes y nuevas líneas de análisis.

En el centro de la pesquisa aparece Felipe “El Militar” Sosa, el único detenido hasta el momento, mientras los investigadores intentan dilucidar qué relación mantenía con un presunto narcotraficante extranjero identificado como “Carlos”, señalado por el entorno de la joven como una figura de peso en el ambiente delictivo. Familiares, amigos y testigos coincidieron en describir a este hombre como alguien peligroso y con antecedentes vinculados al tráfico de drogas en distintos países.

La fiscal María del Carmen Reuter dispuso una batería de allanamientos y medidas investigativas para reconstruir el entramado de relaciones de la víctima. En ese marco, se identificaron distintas personas que formaron parte de la vida de Érika: un primer novio que la habría introducido en el consumo de drogas, una ex pareja con antecedentes de violencia, un hombre adinerado con quien mantenía contacto frecuente y, finalmente, este ciudadano extranjero que se habría refugiado en Tucumán para evadir pedidos de captura.

Los testimonios recogidos por personal de Homicidios coincidieron en un punto clave: Érika habría recibido grandes cantidades de marihuana de parte de este sujeto, tanto para consumo como para su eventual comercialización. Según los datos incorporados a la causa, se trataría de entregas superiores al medio kilo, una cantidad que, en el mercado ilegal local, representa una suma millonaria. Además, los testigos relataron que el sospechoso se movía con extrema cautela, alquilando viviendas y utilizando vehículos a nombre de terceros para no dejar rastros.

La familia de la joven aportó información que reforzó estas sospechas. Indicaron que el presunto narco le habría prestado una vivienda en El Cadillal para festejar su último cumpleaños, un dato que, para los investigadores, confirma un vínculo estrecho y sostenido en el tiempo. A esto se sumó la declaración de un amigo de la víctima, quien aseguró que Érika se mostraba cada vez más paranoica en los meses previos al crimen, al punto de fotografiar patentes de autos y motos que utilizaba a través de aplicaciones de transporte.

En uno de los allanamientos ordenados por la fiscal, surgieron elementos que permitieron vincular a Sosa con la causa. Al intentar localizarlo, los investigadores descubrieron que había abandonado Tucumán de manera repentina, lo que incrementó las sospechas sobre su rol en el hecho. A partir de allí, se profundizó el análisis de su perfil: ex integrante del Ejército y de la Legión Extranjera francesa, propietario de una empresa de seguridad privada y con antecedentes judiciales tanto en el fuero ordinario como en el federal.

En la Justicia provincial, Sosa enfrentó causas por violencia de género, con denuncias de su ex pareja por lesiones y amenazas, además de una restricción de contacto con sus hijos. En el ámbito federal, fue investigado por el cultivo de marihuana, causa en la que finalmente resultó sobreseído, aunque su nombre volvió a aparecer más tarde en una investigación vinculada a la provisión de drogas sintéticas para fiestas clandestinas.

Mientras se aguarda una audiencia clave en la que el fiscal Carlos Picón definirá la imputación provisoria contra Sosa, la causa avanza sobre tres hipótesis principales: un homicidio ocurrido durante una fiesta privada con personas de alto poder adquisitivo; una represalia ligada a la decisión de Érika de abandonar el consumo y el ambiente narco; o un ajuste vinculado a una deuda o a la apropiación de estupefacientes ajenos.

Por ahora, el rol exacto de Sosa sigue bajo análisis. Si fue el autor material, si actuó por encargo o si colaboró en el crimen son interrogantes que la Justicia busca responder en los próximos días, en una investigación que promete revelar un trasfondo tan oscuro como complejo.