Lunes 19 de Enero de 2026, 06:14
Mientras el Gobierno nacional ratifica su apuesta a una inflación anual del 10%, los datos duros y las proyecciones privadas dibujan un escenario más cauteloso. Con el foco inicial del año puesto en el cumplimiento de los vencimientos de deuda y un tipo de cambio que transita un período de relativa calma, el indicador que concentra la atención de los inversores es el Índice de Precios al Consumidor (IPC), cuya dinámica al cierre de 2025 dejó señales contradictorias.
Según el Indec, la inflación acumulada del año pasado fue del 31,5%, el registro más bajo desde 2017. Aun así, las consultoras privadas ponen en duda la efectividad de la meta oficial incluida en el Presupuesto vigente y respaldada públicamente por el presidente
Javier Milei, quien llegó a proyectar inflación cero hacia agosto. El consenso del mercado, en cambio, estima que el proceso de desaceleración será gradual y más lento de lo previsto por el Ministerio de Economía.
Las proyecciones para el corto plazo anticipan una moderación acotada. Para enero se espera una variación levemente inferior a la de diciembre, mientras que el IPC de Invecq se mueve en torno al 2,9% mensual, con chances de cerrar el mes cerca del 2,6%. De cara a 2026, el escenario base de esa consultora contempla un promedio mensual del 1,8% y una inflación anual cercana al 25%, en línea con otras estimaciones privadas. El último Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del Banco Central proyecta un 20%, aunque con antecedentes recientes de subestimación.
Los analistas coinciden en que reducir la inflación de niveles altos a dos dígitos suele ser relativamente rápido, pero converger hacia tasas de un dígito es un proceso complejo y prolongado. Experiencias internacionales como las de Chile, Israel, Polonia y Perú muestran que ese tránsito demandó entre seis y veinte años. En ese marco, diciembre cerró por encima de lo esperado, empujado por un aumento del 7,9% en la carne y el mayor ajuste anual de precios regulados (3,3% mensual), aunque sin alterar de fondo una dinámica que continúa orbitando el 2% mensual, con oscilaciones estacionales.
Los mínimos inflacionarios de 2025 respondieron, en gran medida, a la postergación de actualizaciones en servicios públicos y al aporte de los precios estacionales, que cayeron en promedio 1,5% durante mayo y junio. En sentido inverso, el último tramo del año revirtió ese efecto. Para Invecq, el proceso de desinflación seguirá siendo no lineal y exigirá paciencia.
Desde GMA Capital advierten que las métricas recientes evidencian una “pausa en la desinflación”, explicada por ajustes pendientes en precios regulados, una inflación de servicios aún elevada y el reacomodamiento de precios relativos. En ese contexto, la consistencia del ancla macroeconómica —bandas cambiarias, superávit fiscal y continuidad del programa— ayudó a moderar expectativas y el pass-through cambiario, pese a que el tipo de cambio cerró 2025 con una suba real del 7%.
Del lado de la demanda, el cuadro sigue siendo frágil: el consumo permanece lejos de sus máximos, los salarios reales del sector privado registrado cayeron 1% en el año y el empleo privado acumuló, hasta septiembre, una pérdida de casi 43.000 puestos.
Con este telón de fondo, el mercado ajusta sus previsiones. La inflación breakeven se movió al alza y hoy los precios de los activos descuentan un promedio mensual del 2,1% hasta mayo, para luego descender hacia el 1,5% hasta octubre. El REM, en contraste, mantiene una visión más optimista y proyecta variaciones mensuales entre 1,8% y 2% en los próximos meses, con una desaceleración más marcada a partir de abril.
La disputa entre expectativas y realidad vuelve a poner a la inflación en el centro del debate económico argentino.