Martes 27 de Enero de 2026, 10:02

La verdad sobre el agua gasificada y sus efectos en la presión, los huesos, el esmalte dental y la digestión.
El agua con gas despierta debate: algunos la prefieren por lo refrescante, otros la evitan por supuestos perjuicios.
Voces expertas, como la divulgadora farmacéutica Boticaria García, han pedido poner las cosas en perspectiva y separar rumores de datos. Revisar su composición y efectos ayuda a decidir si conviene incorporarla a la rutina diaria.
Qué es y qué aporta
El agua con gas no es otra cosa que agua a la que se le añade dióxido de carbono (CO2), ya sea de forma natural o industrial.
Esa efervescencia le da acidez leve y un sabor particular.
Nutricionalmente, se parece mucho al agua sin burbujas, aunque algunas marcas aportan sodio, calcio o magnesio; conviene leer la etiqueta.
Efectos en la presión, los huesos y el esmalte dental
Un mito frecuente es que el agua con gas sube la presión arterial por el sodio. En Europa, un agua se considera baja en sodio cuando tiene menos de 20 mg por litro, y la mayoría de las opciones comerciales cumplen ese criterio.
Según entidades científicas, esa cantidad no suele alterar la presión en personas sanas.
La confusión con los refrescos llevó a creer que las burbujas dañan los huesos.
El problema óseo al que aluden algunos estudios está ligado al ácido fosfórico presente en ciertos gaseosos, no al CO2.
Organismos de nutrición españoles no encuentran evidencia de que el agua con gas reduzca la densidad ósea o aumente la osteoporosis.
En cuanto al esmalte dental, el agua con gas es apenas ácida, pero mucho menos que los refrescos azucarados.
Al carecer de azúcares o fermentables, no abastece el caldo necesario para las caries.
Estudios dentales concluyen que, con una higiene oral correcta, su consumo moderado no provoca desgaste significativo del esmalte.
Consecuencias en el sistema digestivo y la hidratación
Además, especialistas señalan efectos digestivos: en ciertas personas estimula la secreción gástrica y facilita el vaciado del estómago.
“Beber agua con gas puede hacer que experimentes un aumento inmediato y a corto plazo de la sensación de saciedad o plenitud”, afirma Sullivan.
Quienes tienen reflujo o aerofagia pueden notar más hinchazón.
En términos de hidratación, la evidencia indica que el agua con gas hidrata igual que la sin gas, por lo que es una alternativa válida si ayuda a beber más.
La recomendación general es moderar según tolerancia individual, leer el contenido de sodio en la etiqueta y prestar atención a las señales del cuerpo ante molestias.
/La 100
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