Jueves 29 de Enero de 2026, 00:23
Lo que debía ser una simple visita al terreno que una pareja había comprado en mayo de 2022 terminó convirtiéndose en una verdadera pesadilla. Al acercarse al lote que comparte con su novio dentro de un barrio privado, la dueña se encontró con una escena tan inesperada como impactante: una casa completamente construida en su propio terreno.La sorpresa fue absoluta. “Me iba acercando y pensaba: ‘No puede ser, me construyeron al lado’. Pero cuando llegué, me di cuenta de que era mi terreno. Me quedé sin palabras”, relató la mujer, quien había ido al lugar acompañada por su hija.
En ese sector del barrio no había otras viviendas levantadas. Todos los lotes estaban claramente identificados con carteles, incluido el suyo, el C23. Aun así, eso no impidió que alguien avanzara con la construcción de una casa en ese espacio.
Desconcertada, la mujer llamó de inmediato a su novio para preguntarle si sabía algo sobre una supuesta “sorpresa” de obra. La respuesta fue negativa. Minutos después, ambos se comunicaron con la administración del barrio, que en un primer momento se mostró tan sorprendida como ellos y hasta llegó a cortar el teléfono ante la consulta.
La incertidumbre creció con el paso de las horas. “No sabíamos si nos habían usurpado el terreno, si lo habían vendido dos veces o qué estaba pasando”, explicó la dueña. Recién el lunes siguiente llegó la confirmación de lo impensado: la vecina del lote lindero se había equivocado y construyó su casa en el terreno incorrecto.
Desde entonces, comenzaron una serie de reuniones con la administración del barrio. En un primer contacto, reconocieron que se trató de un error de control, pero en el encuentro formal se desligaron de toda responsabilidad y apuntaron directamente contra la vecina. “Dijeron que la culpa era toda de ella, pero nadie controló nada”, aseguró la damnificada.
Según detalló, la obra avanzó durante meses sin que nadie advirtiera la equivocación: se realizó la platea, la perforación para la bomba de agua y finalmente se levantó la casa. Incluso, la administración enviaba mensajes reclamando por el “pasto alto” del lote, pero lo hacía identificándolo como C22 —el de la vecina—, aunque la construcción estaba en el C23.
Cuando finalmente se reunieron con la mujer que edificó la vivienda, ella sostuvo que al momento de la compra le habían señalado ese terreno y que nunca vio los carteles de identificación. “Ella estaba convencida de que estaba construyendo en el lugar correcto y nadie le avisó nada”, contó la propietaria original. Además, la vecina mostró mensajes de la administración que reforzaban la confusión.
La situación escaló al punto de que la pareja debió realizar una exposición policial para dejar constancia del insólito episodio. Una historia que promete seguir sumando capítulos y que dejó al descubierto graves fallas de control y organización dentro de la administración del barrio privado.