Sábado 10 de Enero de 2026, 16:30
Sin advertirlo, miles de hogares albergan pequeñas dosis de un metal precioso que suele asociarse a joyas o a grandes yacimientos mineros, pero que en realidad forma parte silenciosa de la vida cotidiana. Se trata de oro de alta pureza que está presente en electrodomésticos y dispositivos electrónicos de uso común, como los microondas, y que hoy vuelve a captar la atención por su valor económico y su potencial para el reciclaje tecnológico.
Especialistas señalan que muchos microondas tradicionales contienen oro de 22 quilates —equivalente a una pureza del 91,6%— en los circuitos internos de su panel de control. Aunque se trata de cantidades mínimas e imperceptibles a simple vista, este metal cumple un rol clave en el funcionamiento del aparato, ya que garantiza una conducción eléctrica eficiente y una alta resistencia al desgaste. Su presencia no responde a una cuestión estética, sino a necesidades técnicas propias de la industria electrónica.
El uso de oro en componentes electrónicos se explica por sus propiedades únicas: baja resistividad, excelente transmisión de corriente y una resistencia a la corrosión que lo vuelve ideal para equipos que operan en ambientes húmedos, como la cocina. Para lograr mayor durabilidad, el oro se combina con otros metales —como cobre o plata— sin perder su alto valor de mercado.
El microondas no es el único electrodoméstico que esconde este recurso. Teléfonos celulares y computadoras lo incorporan en tarjetas madre y chips; televisores y monitores lo utilizan en conectores internos; y equipos de mayor porte, como aires acondicionados y heladeras, también recurren a este metal en conexiones específicas. En todos los casos, las cantidades son pequeñas, pero su acumulación a gran escala resulta significativa.
La posibilidad de recuperar ese oro dejó de ser una hipótesis lejana. Investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich desarrollaron un método innovador que permite extraer metales preciosos de residuos electrónicos mediante un proceso químico sustentable. La técnica, publicada en la revista Advanced Materials, utiliza derivados del suero de leche para crear una especie de “esponjas” capaces de atraer y capturar el oro presente en los circuitos.
Los resultados sorprendieron incluso a la comunidad científica: a partir de solo 20 placas madre de computadoras en desuso, lograron obtener una pepita de oro de 450 miligramos. El hallazgo no solo evidencia el valor oculto en los aparatos electrónicos que suelen descartarse, sino que también impulsa el concepto de minería urbana, una alternativa que combina beneficio económico con cuidado ambiental.
Si bien la extracción doméstica de oro no es sencilla ni rentable a pequeña escala —requiere procedimientos técnicos complejos y conocimientos especializados—, el dato no deja de ser revelador. En tiempos de consumo acelerado y recambio constante de tecnología, los electrodomésticos en desuso aparecen como una reserva silenciosa de recursos valiosos y como una oportunidad para repensar el reciclaje electrónico bajo criterios de sustentabilidad y economía circular.