Domingo 11 de Enero de 2026, 08:39

ARRUINADO. Pese a que logró evitar que la creciente se lleve su auto, el humilde albañil aseguró que el vehículo quedó inutilizado por la cantidad de agua que se introdujo en el compartimento del motor.
Aunque el temporal del miércoles por la tarde ya quedó atrás, en la localidad salteña de Rosario de Lerma siguen apareciendo historias que exponen la fragilidad con la que muchos vecinos enfrentan cada lluvia intensa. Una de las situaciones más dramáticas se vivió en el barrio San Rafael, en la zona oeste de la ciudad, donde el agua alcanzó casi 80 centímetros dentro de una vivienda y dejó a una familia prácticamente sin nada.
La casa pertenece a la familia Laureano y está ubicada sobre calle Catamarca. Allí vive
Daniel Laureano, albañil y padre de familia, quien relató que, si bien la calle solía inundarse, nunca antes el agua había ingresado al interior de su hogar. Esta vez, la correntada se acumuló sin salida, avanzó con rapidez y en cuestión de minutos cubrió muebles, electrodomésticos y pertenencias personales.
La situación se tornó aún más desesperante cuando el agua alcanzó el automóvil familiar, un Chevrolet Astra adquirido hace apenas un año y fundamental para el trabajo diario. Según contó Daniel, el vehículo fue arrastrado unos 50 metros por la fuerza de la correntada y solo lograron evitar que se lo llevara por completo atándolo con alambre. El auto terminó totalmente inundado y con el motor inutilizado. “¿Quién me va a compensar esto? Nadie”, resumió, con resignación.
El problema, asegura, no es nuevo. Vive en esa cuadra desde niño y sostiene que nunca se realizó una obra de fondo para solucionar el escurrimiento. Denuncia que el pavimento, los escombros y hasta la parquización de otros sectores terminaron desviando el agua hacia su calle, que quedó convertida en un punto de descarga natural cada vez que llueve fuerte. Para los vecinos, los arreglos realizados a lo largo de los años no pasan de ser parches que no evitan que cada tormenta se transforme en una amenaza.
El golpe de esta inundación se suma a una herida mucho más profunda que arrastra la familia. En noviembre de 2023, Daniel y los suyos perdieron a Dante, su hijo de 20 años, quien murió tras un violento siniestro vial en el centro de la ciudad. El joven circulaba en motocicleta cuando fue embestido por una camioneta que, según relataron, era conducida a alta velocidad por personas que salían de un boliche. Dante sufrió un traumatismo de cráneo gravísimo y falleció pocos días después.
El conductor se dio a la fuga y recién se presentó días más tarde. A más de dos años y medio del hecho, la causa judicial aún no llegó a juicio, lo que profundiza en la familia la sensación de impunidad y abandono. Pese al dolor, Daniel decidió alzar la voz y reclamar públicamente mayor control, justicia y medidas preventivas, incluso impulsando iniciativas para limitar la venta nocturna de alcohol, convencido de que muchas tragedias podrían evitarse.
Hoy, los Laureano vuelven a empezar desde cero. Primero fue la pérdida irreparable de un hijo. Ahora, la fuerza del agua y la falta de obras los golpean otra vez, llevándose herramientas de trabajo, bienes materiales y la tranquilidad. Una historia que, después de cada tormenta, se repite en distintos barrios y vuelve a dejar al descubierto la vulnerabilidad de muchas familias frente a la ausencia de respuestas concretas.
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