Martes 20 de Enero de 2026, 01:10

La mujer fue hallada muerta dentro de un tanque de agua por un albañil.
El caso de Érika Álvarez se convirtió en uno de los episodios más oscuros y enigmáticos de la crónica policial reciente. Rodeado de versiones cruzadas, testimonios inquietantes y una investigación plagada de vacíos, el hecho permanece impune y sigue generando interrogantes entre los investigadores. Con el paso del tiempo, nuevas declaraciones y posibles conexiones con otros crímenes volvieron a poner el nombre de Érika en el centro de una trama marcada por la violencia, el consumo de drogas y un entramado de vínculos que aún no logró ser del todo esclarecido.“Es una persona muy pesada. Érika me contó que tenía al menos dos ‘boletas’”, habría declarado el joven ante los pesquisas. En la jerga delictiva, el término “boleta” suele utilizarse para aludir a una muerte. Al ser consultado sobre a qué casos se refería, el testigo agregó: “Uno es el de la mujer que encontraron en el interior de una cisterna…”, una referencia que encendió de inmediato las alarmas.Ese relato remite directamente a uno de los crímenes más resonantes de los últimos años, ocurrido en una vivienda de Chacabuco 59, que aún no logró ser esclarecido de manera definitiva. Si bien el declarante sostuvo que el episodio al que aludía se habría originado en la calle San Juan, los investigadores no descartan que se trate de una confusión o incluso de un dato falso aportado con la intención de desviar la pesquisa.
El caso al que hace referencia el testimonio se remonta al 12 de mayo de 2023, cuando un obrero que realizaba tareas de refacción en una casa ubicada en calle Chacabuco halló el cuerpo sin vida de Ana Gabriela Picciuto en la base de una cisterna. Las pericias posteriores determinaron que la mujer había sido asesinada entre el 9 y el 11 de marzo de ese año.Al analizar este expediente en paralelo con otras investigaciones en curso, los investigadores detectaron una serie de coincidencias que no pasaron inadvertidas. Entre ellas, que las víctimas habrían sido asesinadas a golpes en la cabeza; en el caso de Picciuto, no se pudo establecer si presentaba otras lesiones. Además, en ambas causas aparece el consumo problemático de estupefacientes como un factor común, así como vínculos estrechos con personas que atravesaban graves problemas de adicción.
La denominada hipótesis narco también estuvo presente desde el inicio de las dos investigaciones. En el expediente de Chacabuco 59 no se reunieron pruebas concluyentes, aunque sí surgieron indicios de que en el lugar podría haberse comercializado droga. Otro elemento que llamó la atención de los pesquisas es que los cuerpos de ambas víctimas habrían sido colocados en bolsas de consorcio.
Por el crimen de Ana Gabriela Picciuto fueron procesadas cinco personas, aunque solo una llegó a ser juzgada. En mayo del año pasado, Leonardo Salomón fue condenado a 15 años de prisión por el homicidio. Sin embargo, cinco meses después, un Tribunal de Impugnación resolvió absolverlo por el beneficio de la duda.
Con esa decisión judicial, la causa volvió a quedar atrapada en un escenario de impunidad. Los demás imputados, al haber sido sobreseídos, no podrán ser nuevamente juzgados por el hecho, a menos que aparezcan nuevas pruebas que permitan reabrir el expediente y dar un giro en una investigación que sigue dejando más preguntas que respuestas.
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