
Martes 20 de Enero de 2026, 11:30
El fuego avanza, arrasa y deja cenizas y un silencio tan espeso que cuesta respirar. En la Patagonia argentina, ese escenario se repite todos los veranos. Pero esta vez, en medio de los incendios que golpean a Chubut, una red distinta empezó a tejerse desde los márgenes: el de la comunidad organizada.
Inés de la Torre —conocida en redes como @paltavidavegana— no es brigadista, ni funcionaria, ni parte de ninguna estructura estatal. Es cocinera, activista y docente de cocina consciente. Vive hace dos años en Lago Puelo. Con la ayuda de su comunidad digital, recaudó más de 50 millones de pesos destinados a equipar brigadas autoconvocadas, bomberos voluntarios y asistir a personas damnificadas por los incendios.
“Estoy un poco más tranquila, pero es una sensación forzada”, explicó en diálogo con TN después de casi dos semanas de fuego activo. “Fueron muchos días de dormir cuatro horas y recibir mensajes a cualquier hora de gente que veía el fuego acercarse a su casa”, precisó.
Dormir con la mochila lista
La experiencia no es nueva. El año pasado, De la Torre vivía en Río Negro cuando el incendio de Mallín avanzó peligrosamente cerca de su casa.
“Recuerdo que me fui a dormir con la ventana abierta para que entre algo de viento y me desperté en mal estado por el humo que había entrado. Estuvimos cinco días con las mochilas al lado de la puerta, con miedo a tener que evacuar”, recordó. “Ahí fue automático: esto está muy cerca, hay que hacer algo”.
Ese “hacer algo” empezó de forma mínima: bananas, manzanas, papel higiénico. Compras hechas con su propio dinero. Un par de historias en Instagram. Una necesidad de ayudar tanto a los propios como a los ajenos, sin importar religión, ideología o forma de pensar. Después, algo que se repitió este año con una fuerza inesperada: la respuesta colectiva.
“Dos mil pesos, más otros dos mil y más dos mil, es un montón de plata. Con eso comprás unas gafas protectoras y evitás que alguien se queme los ojos”, afirmó.
Los 50 millones que no caen del cielo
La cifra impresiona, pero De la Torre insiste en correr el foco del número: “No somos salvadoras de nada. Somos un canal de una ayuda que es colectiva. Lo que hago es aprovechar una comunidad de 63 mil seguidores en redes y las ganas de ayudar de muchas personas“.
“La plata no aparece de golpe: llega de a poco, de gente que muchas veces te escribe pidiendo disculpas porque solo puede donar mil pesos”, agregó.
Con esos fondos, que recaudaron a través de un alias difundido en su perfil de Instagram, se compraron motobombas, mochilas forestales, generadores eléctricos, borcegos, cascos, guantes, mangas, lanzas, herramientas, ropa ignífuga, y hasta reservorios de agua de mil litros. También se destinó dinero a bomberos voluntarios que no tienen ni siquiera camión propio.
“Estamos llevando medias y cascos a muchísimos voluntarios”, sostuvo, con una mezcla de bronca y asombro.
Brigadistas en alpargatas
En la Patagonia, además de las fuerzas oficiales, hay más de 50 brigadas autoconvocadas. Es decir, unas 600 personas que salen a combatir incendios con lo que tienen.
“Hay gente yendo al fuego con un machete y en alpargatas. No porque no les importe su vida, sino porque saben que si no van, el fuego se lleva todo”, describió.
Ese contraste —la entrega absoluta frente a la falta total de recursos— fue uno de los motores de la colecta. “Vos ves esa voluntad y, desde un lugar de privilegio, no podés mirar para otro lado”, dijo.
La logística invisible
Nada de esto ocurre solo en Instagram. Detrás hay una red física, territorial, comunitaria. “Somos miles. Hay gente cocinando viandas, otras manejando camionetas, vecinos que prestan espacios, centros comunitarios que se vuelven nodos logísticos”, indicó De la Torre.
Las entregas se coordinan en tiempo real, con brigadas que levantan equipos en puntos estratégicos y salen directo a la línea de fuego.
“El incendio empezó un lunes. El miércoles ya estábamos comprando equipos en Buenos Aires, porque hay cosas que acá no se consiguen”, recordó. En su relato también aparece una constante: la falta de prevención y de inversión.
“Hace años que se incendia la Patagonia. ¿Por qué no hay prevención?”, se preguntó. “Hay fondos trabados, promesas incumplidas, pueblos enteros con postes quemados desde el incendio anterior”.
Mientras tanto, son los vecinos quienes reconectan el agua, cuidan escuelas, contienen a familias que lo perdieron todo. “Te queman la casa y después te dejan solo. Eso es desmoralizante”, sostuvo.
Cuando el alcance se vuelve acción: la donación de María Becerra
En medio de la vorágine, cuando el fuego todavía avanzaba y la logística se movía a contrarreloj, ocurrió algo que permitió acelerar compras, acortar tiempos y ampliar el alcance de la ayuda.
La nena de la Argentina, como se la conoce a la cantante, realizó una donación económica significativa para la colecta. El contacto no fue directo ni buscado estratégicamente. Llegó, como muchas otras cosas en esta red, por personas en común.
“Ella ya venía siguiendo lo que estaba pasando. Lo que nos dijeron varias personas de su equipo es que le dio confianza ver que compartíamos absolutamente todos los comprobantes, cada compra, cada movimiento”, explicó.
Becerra movió teléfonos para poder hacer llegar el dinero. Y así como si nada, apareció una inmensa y gratificante donación.
El monto fue determinante para acelerar la compra de equipamiento clave: motobombas, mochilas forestales, herramientas y elementos de protección que llegaron rápidamente a las brigadas que estaban en la primera línea del fuego.
Lejos de buscar visibilidad, la cantante pidió que su aporte fuera tratado con discreción. Sin embargo, De la Torre cree que es importante destacarlo: “Cuando alguien hace algo bien, está bueno decir gracias. Sobre todo en un contexto donde tantas veces vemos lo contrario”.
La ayuda que también reconstruye
Parte del dinero recaudado no se usará solo para el incendio actual. La idea es pensar a futuro. “Queremos que estas herramientas queden para que la gente pueda volver a levantar su casa”, explicó.
En la comarca hay personas que perdieron su vivienda el año pasado y este verano salieron igualmente a ayudar a otros. La experiencia sin dudas la atravesó.
“Esto te cambia o te cambia. Me dan ganas de capacitarme, de estar más involucrada todavía”, aseguró la mujer.
“Siento que nuestro paso por esta vida tiene que ver con cuánto nos involucramos con la realidad que nos rodea”, concluyó.
Mientras el humo todavía flota sobre los cerros, la red sigue activa porque el fuego no terminó. Como repite De la Torre, la Patagonia no es un problema local: es un tema de todos. /TN